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miércoles, 26 de febrero de 2014

¿A qué saben las emociones?

      ¡Buenos días! ¿A qué sabe la ilusión? ¿Y la amargura? ¿Y el amor? ¿Y el odio? ¿Y el deseo?... A veces me pregunto cómo darle una dimensión de sentidos a las emociones para expresar con claridad las sensaciones que me recorren cuando me encuentro en una situación concreta. Edificar las novelas con palabras y vestir a los personajes con frases requiere una solidez de ideas acerca de cómo se sienten y cómo piensan.
     Para mí la ilusión es como si comiera un plato de chocolate y lo fuera degustando lentamente, con el sabor dulzón y un poco amargo llenándome la boca. Mmmmm, sonrío solo con pensar en un coluant o unas trufas llenándome el paladar, la ancha sonrisa en mis labios y los ojos refulgiendo chispas de emoción son la prueba viviente de mi ensueño.
      La amargura me recuerda a un limón exprimido, a una tónica (no me gusta nada…), a un zumo de naranja natural hecho hace unas horas… Levanto el labio superior hacia arriba y hago una mueca incómoda, como dando a entender que me disgusta.  
     El amor es una explosión de sabores de distintas tonalidades, con matices dulces, otros amargos y algunos potentes y especiados. El corazón se acelera y las papilas gustativas salivan más que de costumbre, envolviendo cada pedacito de comida con su pasionalidad. Si las cosas salen bien nos tomamos un vaso de buen vino y acabamos embriagados… Si sale mal pasamos al apartado del odio o de la amagura…
     Cuando odiamos nuestra boca se llena de especias picantes, como un buen pellizco de pimienta de cayena. Soplamos por la nariz y apretamos los puños con fiereza, deseando que el fuego que nos quema por dentro se escape por la boca. Luego pasamos a la fase de rabia, una en la que el gusto se empapa de sabores fuertes como si acabaras de darle un buen trago a un aguardiente.
      Mmmmm. ¡el deseo! Volvemos irremediablemente al chocolate… Sentada en la mesa, con ansias de levantarse e ir a la cocina a darle un mordisco a aquella tableta que tienes escondida en la despensa, pero con los remordimientos de las calorías acosándote… Ufffff, te muerdes el labio inferior y suspiras, la boca se llena de las sensaciones intensas que tendrías si tuvieras un pedacito de la tableta… Cuando al final te levantas y lo saboreas sonríes con emoción mientras tu boca se llena de felicidad.
      ¿Y a vosotros? ¿A qué os saben las emociones?
      ¡Feliz día! J


6 comentarios:

  1. Que bonita es tu entrada de hoy! Un beso: M.

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  2. Pues... a mi me gusta el chocolate con sal ;)! La amargura forma parte del amor.

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    1. Sip! Eso de la amargura a veces es lo que hay... ¡Pero también tiene mucho chocolate!

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  3. Muy buen artículo, Pat.
    Un placer leerte.
    Saludos.

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