¿Y tú? ¿Qué sientes?

¡Buenos días! 
Sentimientos. Esta sencilla palabra es la clave real para entender a un escritor, nuestro mundo interior, aquella razón por la que seguimos aporreando el teclado para crear historias, para transmitir nuestras ideas locas al papel, para dotar de vida a unos personajes que solo existen en nuestra mente, pero que al traspasar al papel cobran una dimensión desconocida: se alimentan de nuestras emociones, crecen en nuestras mentes, incluso deciden cuáles serán sus siguientes pasos en ese mundo paralelo donde moran. Y al final, tras apoderarse de la narración, de mi mente y de mi corazón, os los regalo, son vuestros, aunque dejan una huella en mi alma para siempre. Y me cuesta tanto dejarlos marchar…


Estos últimos meses he pasado por mucho, demasiado diría mi yo interior. Escribir me apasiona, es la base de mi sonrisa diaria, pero ¿qué sería de una escritora de romántica si no tuviera la sensibilidad por las nubes? A veces, cuando algo me altera en una medida superior a los demás y se lo cuento a una amiga, necesito justificarme, quizá por eso una de mis frases recurrentes es: «hombre, si no sintiera en estéreo, no escribiría romántica». Y lo pienso de verdad. Este tipo de escritura es un mapa de emociones, un camino por un páramo donde ellas lo son todo y minan el sendero para atravesarme y llenarme el cuerpo de su esencia. Leer es eso para mí, un camino entre la densidad de sentimientos, y mientras escribo me sobrecogen con una fuerza colosal. Río, lloro, me estremezco… 

Este último mes han explotado varias bombas en mi vida. Algunas las he sorteado con facilidad, otras todavía dejan réplicas en mi cuerpo y me zarandean al recordar la explosión inicial. Algunas se han disipado. Y pocas han eclosionado en una situación mejor. La vida es impredecible. Nunca sabemos qué puede salir de un momento tenso. La buena noticia es que todos nos levantamos tras caernos, que los sentimientos, a pesar de indomables, a mí me sirven para conectar con unos personajes, para crearlos, para dotarlos de una capacidad innata para avanzar en el intrincado mundo que creo para ellos. 
Llevo desde junio reeditando una serie de libros que en su momento significaron muchísimo para mí. Los volví a leer, los pulí, cambié algunas cosas, añadí escenas, conecté de nuevo con esos protagonistas que me tuvieron en vilo mucho tiempo y volvieron a conquistarme —aviso spoiler: no es difícil conseguir mi absoluta abnegación a ellos, son pate de mí—. Hay más historias preparadas para conquistar las librerías. Y no puedo ser más feliz de ver cómo llegan a vosotros.

¡Feliz día! 

RECUERDA:
ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/
1. DENÚNCIALA por suplantación de identidad, NO SOY YO.
2. BLOQUÉLA
3. NO LA SIGAS
ESTA ES MI ACTUAL CUENTA: https://www.instagram.com/patcasalaoficial/
Si quieres seguirme, ya lo sabes…

#SaboreaLaLectura

 ¡Buenos días!
Hace un tiempo empecé la serie Little Falls con una chispa que se convirtió en idea. Había perdido mi trabajo, mientras buscaba uno nuevo me apunté a una academia de inglés cercana a casa, cada mañana caminaba por la calle leyendo en el libro electrónico y mucha gente me preguntaba si no me daba miedo toparme con alguien o con algo. Soy un poco patosa… Pero, por extraño que os parezca, si camino y leo a la vez, mis sentidos se agudizan y no soy peligrosa. Además, está mi defensa absoluta a la eficiencia del tiempo… Así surgió Clark, el chico que leía para aprovechar las horas libres. Y no tardó en aparecer Holly, la adicta al café, una niña mimada con un corazón escondido. 



El título fue algo mágico, de verdad. Por ese entonces también iba mucho al Starbucks, y me tomaba mi caramel machiato mientras leía. Y me dije, ¿por qué Holly no puede ser una adoradora de los cafés aderezados con millones de cosas? A ver, a mí me encanta el solo y sin azúcar —cada mañana me tomo un tazón enorme y lo saboreo—, pero también me gusta lo dulce, y hay miles de sabores de café para probar. Así surgió Caramel macchiato, el primero de cuatro.



El segundo título fue tan fácil… Mi gran pasión siempre ha sido el chocolate, y tenía clarísimo que seguiría con ese tipo de nombres para las novelas. Había hecho café, tocaba pastas, pasteles, bollería… Así que decidí Chocolate muffins. La curiosidad quiso que las siglas de ambas novelas fueran CM y que mi amiga me dijera: ¿eres consciente de que los otros dos han de seguir la misma tónica? Pues, la verdad, no lo era antes, pero me tocó buscar ideas. Con Cherry margarita costó poco, sabía que quería un coctel, y buscar entre ellos uno con CM no fue difícil. En cambio, Coconut maracons me llevó un larguísimo tiempo. Probé con helados, con platos de pasta, con cocina exótica y un sinfín de ideas, hasta que los macarons aparecieron en la pantalla del Mac y lo supe. Fue amor a primera vista.



En todas las novelas los capítulos de ella hacen referencia al título: los de Holly son cafés, tés o alguna bebida. Los de Dinah son postres y bollería. Los de Zoey son cócteles. Y los de Kim son sabores de macarons. Ellos, por el contrario, tienen títulos de canciones: Clark es country, Troy rock indie, Jack baladas y Devil música clásica. —Sí, esa parte también me llevó por el camino de la amargura en muchos momentos…—. En Spotify tenéis la lista de cada historia con las canciones que componen los capítulos masculinos.



Una vez Phoebe decidió publicar mi primera novela de la serie, la community manager tuvo la magnífica idea de preparar un cartelito con algunos de los cafés que salían en los títulos del primer libro, con el momento justo para tomarlo según tu estado de ánimo. ¡Incluso buscó en el capítulo cuando se lo toma Holly para ilustrarlo! Y de ahí surgió mi idea de #Saborealalectura. Adopté el cartelito, me propuse aumentarlo un poquito, me releí algunos capítulos y empecé a preparar uno con cada libro. Ahora tengo los cuatro, son preciosos, y estoy pensando que en algún momento sacaré una propuesta en las redes para aprovecharlo. De momento, ¡míratelos! ¿Cómo te sientes? ¿Qué necesitas? Porque hay de todo. 
Si te has animado a leerme y a mirar los cartelitos, quizá podrías tomarte un café o una pasta o un cóctel o un macaron en un momento como el descrito y enviarme el vídeo, etiquetándome en redes… O incluso usar el hashtag #SaboreaLaLectura para explicárselo a los demás. Eso me haría muy feliz y me ayudaría a ganar seguidores…
¡Feliz día! 
 
RECUERDA:
ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/
1.    DENÚNCIALA por suplantación de identidad, NO SOY YO.
2.    BLOQUÉLA
3.    NO LA SIGAS
 
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¿Sientes mi impotencia?

 ¡Buenos días!
Impotencia… ¡Qué palabra! Si buscas su significado en la web lo primero que te sale es la «disfunción eréctil», pero ni rastro de su otro significado, ese que te deja perpleja, rabiosa, enfadada, dolida, sin capacidad para actuar de una manera o de otra. Si pones en el buscador «impotencia sentimiento» salen un sinfín de entradas sobre lo difícil que es de sobrellevar, cómo enfrentarnos a ella y superarla… En cambio, si nos decantamos por poner: «impotencia definición» la RAE nos dice que es: «Falta de poder para hacer algo», mientras que Google lo define como: «Falta de fuerza, poder o competencia para realizar una cosa, hacer que suceda o ponerle resistencia». Al final ambas dicen lo mismo, que nuestros movimientos para solucionar una situación son nulos. 
Llevo desde el día 21 de septiembre con esta sensación. IMPOTENCIA en estado puro, de esa que me deja a veces incluso sin respiración para luego empezar a agitar mis pulmones y mi ritmo cardíaco hasta el infinito. ¿En serio estamos tan en las manos de máquinas, algoritmos y compañías que solo piensan en ganar dinero a costa de quienes los «necesitamos» para fines comerciales? Me parece alucinante dónde hemos llegado como seres humanos, nuestra sociedad, cómo nos comportamos y cómo permitimos que nos traten de esta manera. 



Lo peor es esa impotencia a la hora de hacer algo contundente. Si no estás en Instagram e intentas vender libros, no eres nadie, no tienes nada, no eres interesante para las editoriales ni para los libreros. Pero ¿qué pasa si te hackean la cuenta y se hacen pasar por ti para timar a los demás? ¡NADA! Es fuerte, porque el hackeo es una suplantación de identidad, sin embargo, la policía tiene las manos atadas por falta de legislación y esa gran corporación llamada META, cuyo dueño es uno de los grandes filántropos del mundo, sencillamente no investiga ni desactiva ni da la posibilidad de recuperar la cuenta o de cerrarla. 
Mi experiencia está siendo de impotencia total. Absoluta. He pasado de tener 2.200 seguidores en una cuenta, tras mucho trabajo e inversión en tiempo y dinero, a tener que crearme una nueva cuenta donde empezar de cero y enfrentarme a que IG me bloquee la posibilidad de poner hashtags o comentar lo que sea porque «molesto a la comunidad». ¿Y el hacker? ¡Pues me han enviado un mensaje los graciosos de Instagram diciéndome que no incumple ninguna norma y van a dejarlo actuar impunemente! ¿Flipante, no? Pues así están las cosas así trabajan los que en teoría deberían velan por nuestra privacidad. Y aquí continúo, luchando para como mínimo cierren la cuenta y nadie más reciba mensajes de alguien que se hace pasar por mí. ¿Quién gana? ¡El puñetero hacker!



Así que impotencia es lo que siento. Y no logro comprender cómo ningún medio de comunicación lo cuenta en primera página —he investigado y hay muchísima gente en mi situación—, cómo la policía no presiona, cómo nadie hace nada. 
La única forma que tengo de intentar solucionarlo es pedirte que:
 



ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/
1.    DENÚNCIALA por suplantación de identidad, NO SOY YO.
2.    BLOQUÉLA
3.    NO LA SIGAS
 
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¡Feliz día! 
 

Un último día conmigo

 ¡Buenas tardes! 
Esta semana sale a la venta uno de mis libros, uno especial; se trata de la reedición de Un último día conmigo, revisada y con nuevas escenas, ¡incluso tiene el epílogo que tanto me pedisteis la primera vez! Estoy muy feliz de haber encontrado una editorial que cree en mí, de haber releído esta historia, de haber cambiado cosillas y estar a punto de compartirla con vosotros. Si algo me ha enseñado la vida es a disfrutar de las pequeñas cosas , y publicar me hace feliz.
¿Queréis saber un poquitito de la novela? ¡Ahí va la sinopsis! 

«Amar significa caminar a ciegas; no siempre se avanza sobre suelo firme,
pero hay que dejarse llevar, arriesgarse. si no se hace así,
se puede perder lo más importante».
La vida de Lúa se desmorona de la noche a la mañana, y todas las certezas que atesoraba se convierten en la nada más absoluta. Su matrimonio con Cesc resulta no ser tan fuerte como imaginaba, la plaza de médico que consideraba fija en el hospital donde trabaja desaparece y tiene que cambiar el camino trazado de antemano, sus planes y sus ideas de futuro.
Una mujer racional, que valora siempre los pros y los contras de sus decisiones, y nunca se deja llevar por los sentimientos, se siente perdida. intentando encontrarse, decide embarcarse en la mayor aventura de su vida y se va como voluntaria en una misión de Médicos sin fronteras a una región recóndita del Congo. Y allí, en mitad de la selva, conocerá a Matt, la persona que a priori es la menos indicada para desatar sus emociones, pero que tal vez sea la única que conseguirá cambiar su manera de ver el mundo.


👩‍🔬La vida de Lúa se desmorona y se va a África con Médicos sin fronteras 
🤦‍♂️Matt necesita un lugar sereno para pensar
📋Ella es poco flexible
💕Quizá sus corazones puedan encontrarse en el Congo
A veces la vida nos enfrenta a situaciones dolorosas y acabamos tomando decisiones que afectan a nuestra forma de entenderla porque necesitamos un cambio, un giro, un nuevo rumbo.
Eso le pasa a Lúa cuando se encuentra a su marido en la cama con otra mujer...

¿Tenéis ganas de descubrir qué pasa? ¿Puede una persona infeliz darse cuenta de por qué y dejarse llevar sin perder su identidad? Lúa es racional, contiene sus emociones, piensa antes de actuar... ¿Podrá Matt romper sus barreras? ¿O terminará dándole otra oportunidad a Cesc?
¡Feliz día! 

 

 

En la lucha sin perder la sonrisa

 ¡Buenos días!
Parece mentira cómo después de muchos meses alejada del blog, ahora tengo ganas de compartir mis desvelos a través de esta plataforma, aunque he perdido lectores y estaba muerto hasta hace tres días. A veces las circunstancias te llevan por un lugar diferente al planeado, hay que empezar de cero, labrarte un nuevo camino y abrirte paso entre las fauces de las espinas. Porque los reveses te sorprenden sin darte tiempo a reaccionar y lo único que puedes hacer es levantarte y volver a ponerte en marcha, no permitir que nada te hunda, seguir soñando y sonreír. Porque las sonrisas son el motor de la ilusión.




Este mes salen dos libros a la venta: Un último día conmigo, con mi querida eTerciopelo y Cuando estoy sin ti, la cuarta de la serie Sin ti que está reeditando Romantic Ediciones. Hasta hace diez días tenía una cuenta de Instagram con más de 2.002 seguidores donde exponer las novedades, pero tras el pirateo me quedan apenas 191 y es bastante triste ver cómo mis publicaciones apenas llegan a unas cuantas personas. Sin embargo, seguiré en la brecha, caminaré hacia la cumbre y creeré en el poder del destino.
 
RECORDAD:
ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/ DENÚNCIALA, NO SOY YO.
ESTA ES MI ACTUAL CUENTA: https://www.instagram.com/patcasalaoficial/ si quieres seguirme ya lo sabes…
 



¿Alguien se ha parado a pensar cómo es de difícil conseguir crecer en una red social? ¿El trabajo que hay tras el crecimiento exponencial de seguidores? Es una tarea ardua: pensar contenido interesante, prepararlo, aprender a hacer diseños, buscar herramientas adecuadas, encontrar las ideas, pasarse horas contestando los mensajes, compartiendo, visitando otros perfiles… ¿Y todo para qué? ¿Para que un hacker te robe tu cuenta y Instagram te bloqueen en la nueva por crecer demasiado rápido y usar hashtags para llegar a más gente? ¡Es de locos! ¿Lo peor? Estamos en sus manos, ¡eso me revienta!
He mandado ya siete vídeos para demostrar mi identidad a Instagram, pero ellos siguen diciendo que no puedo probarla. Y, mientras tanto, el hacker sigue usando mi nombre y mi cuenta para acosar a mis seguidores. Porque Instragram, a pesar de las cientos de denuncias de personas que me conocen y de mis intentos por hacer llegar el mensaje a todos mis antiguos seguidores, no hace nada para asegurarse de que digo la verdad, solo pedirme vídeos —vamos a ver, mi antigua cuenta está asociada a mi teléfono, les envío siempre la petición desde el correo de antes, el que llevo usando años y mi foto está en todas las redes sociales, junto a mis denuncias públicas de lo que está pasando, ¿tan difícil es comprobar que soy yo?—. Estamos en un mundo loco, en manos de unos pocos a los que les importa cero o nada la gente, la privacidad o dejar impunes a los delincuentes. Y nosotros solo contribuimos a que sigan igual.



Es una situación complicada… Por un lado siento un odio visceral hacia Instagram y su monopolio, es indefensión en estado puro. Pero por otro, está esa necesidad de ser visible —no nos engañemos, vendo libros y si no se conoce su existencia, es imposible ganar lectores—, una que me empuja a volver a levantar una cuenta nueva. ¿Y cómo se hace eso? Invirtiendo tiempo y dinero. Porque no olvidemos que Instagram es un negocio que se lucra gracias a los anuncios. Y, ¿cómo creéis que se sube rápido de seguidores sin comprarlos? ¡Pues pagando anuncios! Y ahora viene cuando mi imaginación se pregunta: ¿no será que IG potencia y protege a los hackers para conseguir que paguemos anuncios destinados a aumentar el tráfico de nuestras nuevas páginas? ¿Por eso están bloqueándome constantemente e impidiendo que etiquete a gente o ponga hashtags en mis publicaciones para llegar más lejos? ¿Me están instando a pagarles por anuncios? ¿A los mismos que no mueven ni un dedo para solucionar el pirateo? ¿Y dejan que los hackers campen a sus anchas por la red? Llamadme loca, pero eso da mucho qué pensar… Y no es nada bueno, da miedito...
En fin… Sigamos luchando…
¡Feliz día!   

La pesadilla continúa

 Buenos días,
La vida no deja de sorprenderme de maneras imposibles de entender. A veces luchas durante una eternidad para conseguir algo y otras te sorprende la facilidad con la que llegas al lugar soñado. Tras años de batallar con uñas y dientes para salir adelante en el mundo de la literatura, pensando en contenido interesante para compartir en las redes, escribiendo, buscando editoriales donde publicar mis novelas y que creyeran en ellas, dándolo todo por alcanzar cada vez más lectores, van y me roban mi cuenta de Instragam, y nadie hace nada. 
Estamos en el mundo al revés, no es posible que un hacker logre llegar a mi cuenta, hacerse con el control, robar nuevas cuentas a partir de ahí, acceder a mi información personal y que la red social no haga nada. Es la sensación de impotencia más agotadora de la historia. Porque si pretendes seguir siendo visible en la web, teniendo en cuenta que tu perfil es algo profesional, esto te destruye y estás en manos de quien no te ayuda. Es un sinsentido. Y ni siquiera te permiten avisar a las personas que todavía siguen la cuenta, ni hay nadie dispuesto a comprobar quién eres. ¡Si la policía admite no tener armas para luchar contra ellos! ¡No hay legislación al respecto! Y le estamos dando un poder enorme a los monstruosos monopolios de Meta —Facebook e Instagram—.



Llamadme loca, pero a mí me da por reflexionar… Para ganar seguidores en IG has de trabajar muy bien, crear contenido interesante y pagar sus anuncios. Y…, ¿no será que permiten los hackeos para que vuelvas a empezar y pagues más? Sería la perversión del sistema, pero ¿qué podemos esperar de unas corporaciones que pasan absolutamente de los hackeos? Es escalofriante pararte a analizar la situación. Más de cien personas me consta que han denunciado mi antigua cuenta por suplantación de identidad, a algunos los están acosando con mensajes, a otros incluso les han enviado SMS a teléfonos extraídos de mis mensajes, ¿y no hay cierre de la cuenta?



Los primeros días trabajé con la esperanza de recuperarla, pero al cabo de cinco vídeos —oye, que soy yo, que la red está plagada de fotos mías y encima tengo un Facebook que ellos también controlan, comprobar mi identidad no es tan difícil— y la negativa de Instagram a reconocerme, he acabado por empezar de nuevo. Cuenta nueva, sin seguidores, sin capacidad de llegar a demasiada gente y con el hándicap de que si intento etiquetar a mis antiguos seguidores para que no se dejen timar por el hacker, IG me bloquea y no me deja ni publicar ni comentar. ¡Flipante! Se premia al hacker y se castiga a la persona a la que han suplantado la identidad… En fin… ¡Sin palabras!



Lo más importante es qué se puede hacer:
1.     NO HAGAS NADA DE LO QUE TE PIDA EL HACKER.
2.     Denuncia todos los mensajes recibidos al chat de IG por fraude.
3.     Denuncia la cuenta por suplantación de identidad.
4.     Bloquea la cuenta.
5.     Comparte en redes para ayudar a avisar a los demás. ¡HEMOS DE PROTEGERLOS!
6.     Si ha logrado hacerte algo: VE A LA POLICÍA. No te ayudan demasiado, pero yo he abierto una denuncia y cuantos más datos, más posibilidades de que juntos logremos atraparlo y detenerlo.
Espero que algún día todo se solucione… ¡Gracias por vuestra ayuda y apoyo! 
¡Feliz día!