Trang An, Hoa Lu y Bai Dinh Pagoda (Ninh Binh II)

9:39 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Parece que este septiembre tiene ganas de continuar ofreciéndonos un clima perfecto, cálido, cargado de días geniales…
En Vietnam hacía un calor infernal. Creo que jamás había sentido tal grado de sofoco ni había sudado tanto ni había bebido tantísimos litros de agua diarios. Y es que era insoportable…
Tras bajar de Mua Cave y pedalear de vuelta al hotel nos fuimos a dar un relajante baño en la piscina. ¡Qué bien sienta después del ejercicio! 


Descansamos hasta la hora de la cena en la maravillosa habitación del hotel. La verdad es que a veces vale la pena buscar uno con buenos servicios para tener un espacio adecuado a la hora de echarse un rato.
Fuimos al Trung Tuyet Restaurant (enlace). Era el número uno en Tripadvisor y tenía una fama merecida. Barato, bueno, agradable… El local no es muy bonito, pero la comida es abundante y está deliciosa. Además, hay unas niñas que vienen a tu mesa a conversar en inglés mientras esperas la comida y no pierden la sonrisa en ningún momento. 


Por la mañana decidimos alquilar una moto en el hotel para iniciar una excursión larga, con varias paradas.
La primera fue en Trang An, donde hay un montón de barcas para recorrer el río. Nos habían recomendado realizar el tour número tres, pero al llegar a la taquilla nos enfrentamos a que las lluvias torrenciales de la semana anterior habían anegado esa ruta, así que nos decantamos por el número dos.


Tras una pequeña cola, al haber madrugado conseguimos ser de los primeros y evitar la marabunta, nos montamos los cuatro en una barca de remos que capitaneaba una mujer vestida con el típico uniforme vietnamita de los campesinos: una camisola de algodón con los pantalones a juego.
Y empezamos el recorrido por el río, con paradas en algunos templos, navegaciones por el interior de cuevas naturales que perforan las formaciones calcáreas que hay en esa zona, sin perdernos los arrozales situados a los lados del agua, con campesinos trabajando en ellos.
Fue una de las mejores experiencias de Ninh Binh. 


La pobre remera nos solicitó ayuda en algunos momentos y entre todos remamos, aunque el mayor apoyo lo obtuvo en mi hijo Àlex, quien la instó a adelantar a varias barcas y acabó con llagas en las manos…
Al salir nos fuimos a visitar Hoa Lu, la antigua capital de Vietnam, donde vistamos dos templos: Dinh Tien Hoang y Dai Hanh. Eran bonitos, pero el calor sofocante, unido a la cantidad de gente que encontramos en el interior y a la obligación de cubrirse piernas y hombres, hizo que la visita se nos hiciera eterna. Además, el complejo está a pleno sol y hay un templo al que se debe acceder subiendo un montón de escaleras… 


Y pusimos rumbo a Bai Dinh Pagoda. Llegamos exhaustos, sin haber comido y con deseos absolutos de tomar algo, pero acabamos en un establecimiento que no valía nada la pena y nos quedamos con muchísima hambre.
Cogimos una guía para visitar la pagoda, ya que era enorme, y nos pasamos un par de horas subiendo y bajando escaleras, descubriendo los interiores de los templos y disfrutando de la visita.
¡Feliz día! J

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Mua Cave (Ninh BInh I)

9:59 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Ayer nos quedamos en el avión que nos llevó lejos de Ciudad Ho Chi Ming, con destino a Hanoi para emprender otra etapa del viaje.
Los vuelos internos los cogimos con Vietjet que, si bien es una low cost con unos precios alucinantes, tiene la mala costumbre de cambiar casi siempre los horarios de los vuelos sin tener en cuenta las preferencias del viajero, por lo que se debe consultar varias veces el e-mail y su página para averiguar si hay algún cambio en el horario.


Llegamos tarde a Hanoi porque nos cambiaron la hora de salida una vez ya habíamos facturado, así que nos tocó esperar más de dos horas en el aeropuerto, hasta que nuestro vuelo por fin despegó.
Estábamos bastante famélicos, pero a esas horas solo había supermercados abiertos para comer, así que nos hicimos con sándwiches, bebidas y chocolate para tomárnoslo en el hotel, el Rex Hotel Hanoi.
Al día siguiente, mi marido y yo nos despertamos muy pronto para dar una rápida ojeada a la capital de Vietnam, cambiar algo de dinero y hacer cuatro fotos antes de embarcarnos en la siguiente aventura.
Nos fascinó el colorido de la ciudad, y supimos que disfrutaríamos mucho cuando nos tocara visitarla.


Tuvimos la mala suerte de que el coche que habíamos encargado al hotel era demasiado pequeño, culpa de ellos al no medir el equipaje y demás cuando lo solicitamos, así que nos tocó más de una hora de espera para salir hacia Ninh Binh.
Finalmente nos montamos en una ban y llegamos a mediodía al hotel Ninh Binh Hidden Charm Hotel & Resort, una gran elección porque habíamos pagado buenas habitaciones y es increíble, tanto de servicios como de acomodación.
Tuvimos la gran suerte de encontrar a una empleada súper interesada en atender bien a los huéspedes y nos trazó una ruta diaria para nuestros cuatro días de estancia. 


Comimos en un restaurante que nos aconsejaron y nos subimos a una bicicleta para poner rumbo a Mua Cave, un lugar extraordinario. Fueron tres kilómetros pedaleando por un paisaje excepcional, entre campos de arroz y formaciones caucásicas, hasta llegar al parking, al pie de los mil escalones que debíamos subir para llegar a la cima, al dragón.
Me impactó muchísimo cómo los comerciantes del lugar obligan a pagar por dejar las bicicletas aparcadas, cuando no es obligatorio (en realidad es un timo en toda regla). Pero nosotros pagamos tras ver cómo uno de los fingidos acreedores le atizó con fuerza a un guía que se negó a pagar. De verdad, nos asustamos un montón y, por dos euros que nos pedía por las cuatro bicis, lo abonamos sin rechistar.


Y nos preparamos para la subida. Si en Ho Chi Ming hacía calor, en Ninh Binh era asfixiante. Las gotas de sudor resbalaban por nuestros cuerpos sin necesidad de movernos. Y yo no tenía claro si sería capaz de subir esos peldaños desiguales de roca hasta la cumbre.
Compramos aguas, es muy importante hidratarse en momentos así, e iniciamos el ascenso. Fue muy duro. Al principio me quedé sentada a los cincuenta escalones sintiéndome incapaz de continuar, pero me pudo el orgullo y el deseo de alcanzar la meta, así que una hora después, y tras varias paradas, los cuatro llegamos por fin al dragón.
¡Qué vista! Uauuuu, solo por eso ya valió la pena… Nunca me arrepentiré de haber subido porque, aparte de la experiencia, el lugar es impresionante. Eso sí, está hasta los topes de turistas.
¡Feliz día! J


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Río Mekong III

9:09 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! He dejado aparcado el blog toda una semana… Y es que entre el viaje a Creta y volver a ponerme a tono en casa me han pasado los días a toda pastilla. Pero aquí estoy de nuevo, dispuesta a contar mis peripecias en Vietnam.
Nos quedamos en el primer día en el río Mekong, tras la comida en un restaurante típico.
Por la tarde fuimos a recorrer otra parte del río, donde nos llevaron con barcas más pequeñas. Todas ellas estaban capitaneadas por mujeres, quienes de pie en la popa remaban para llevarnos por los canales más pequeños.


Me encantó navegar por las aguas, conocer los colores de esa parte de Vietnam, los aromas y la paz que se respiraba, aunque el calor sofocante restaba puntos a pasarlo súper bien. Porque era de esos calores que te arrancan sudor solo con salir a la calle, como si estuviéramos en una sauna húmeda…
Esa noche dormimos en Can Tho, en un hotel Ibis que estaba genial y que nos había buscado Asiática Travel, la agencia que contratamos desde Barcelona para realizar la excursión.


Cenamos en un restaurante que nos aconsejó el guía. No estuvo mal, pero los establecimientos de esa parte del viaje fueron todos bastante turísticos y más caros de lo que normalmente se paga en el sudeste asiático.
Al despertarnos al día siguiente teníamos el tiempo justo para desayunar antes de coger una nueva barca para visitar el mercado flotante de Phong Dien. 
Fue un poco estresante para mí porque bajé sola al restaurante y me quedé encerrada en el ascensor. Nunca me había pasado y fue muy angustioso. El aire acondicionado dejó de funcionar, llamaba al timbre, pero no lo escuchaba ni sabía si alguien me oía. 


Por suerte tenía cobertura en el móvil y pude avisar a mi marido. Pasé unos diez minutos en pánico hasta que finalmente me sacaron…
En fin. Pasado el susto desayunamos y nos metimos en el coche para recorrer el pequeño trayecto hasta el puerto, donde montamos en una barca para navegar hasta el mercado flotante.
No había visto ninguno antes y me impresionó, sobre todo descubrir cómo los comerciantes utilizan sus barcas para todo. Viven en ellas mientras van vaciándolas de mercancía. Es súper interesante recorrer el lugar, observar cómo otras barquitas se acercan para comerciar y adquirir los productos, a la par que te topas con imágenes tan cotidianas como una mujer limpiando la ropa o alguien desayunando en la popa…


El color del lugar es impresionante. Cada barca está repleta de mercancía, las había con miles de melones, otras de sandías, otras de verduras… ¡Había un montón de opciones!
Tras pasar media hora recorriendo el lugar fuimos a visitar un huerto de frutas que nos pareció impresionante. Vimos árboles que atesoraban un montón de variedades de fruta y, tras pasear entre ellos, nos ofrecieron un plato con variedades locales y un té.


Estábamos cansados cuando regresamos al coche para recorrer la distancia hasta una casa típica vietnamita que nos dejaron visitar. Me gustó un montón conocer un poco más de su cultura, de los altares que tienen en sus hogares, de la historia de una parte del país.
Al salir estaba lloviendo a mares. Recorrimos el camino hasta el aeropuerto acompañados de la tormenta, pero con las emociones a flor de piel tras la primera etapa de nuestro viaje.
¡Feliz día! J

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Río Mekong II

8:38 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Hasta el jueves doce no voy a publicar nada en el blog. Me voy a Creta con mi marido gracias al regalo que le hicieron cuando cumplió los cincuenta este julio.
Pero sí podemos regresar a Vietnam, a nuestro paseo en barco por el río Mekong, donde conocimos un montón de lugares interesantes.
Nuestro primer contacto con el río fue en una barca de pasajeros donde cabían una docena de personas, pero solo íbamos los cuatro más el guía y el conductor.
Las aguas están sucias, los lugareños no poseen cultura medioambiental y todo lo que usan termina en la ribera, ensuciándola.   


El toldo rígido de la barca consigue evitar los efectos del clima, tanto el sol como la lluvia, pero también te ofrecen la posibilidad de ocupar la proa, que está destapada.
Nos regalaron un coco para beber. Los de Asia son diferentes a los europeos, tienen una coraza verde, una forma más alargada y mayor tamaño. Los agujerean por un lado, les meten una pajita por el orificio y te invitan a refrescarte.
Mientras iba bebiendo, también tomaba conciencia del lugar donde estábamos, del enorme caudal, de la historia almacenada en él y de que estábamos en un país muy alejado del nuestro.
Nos bajamos de la barca para visitar un comercio donde nos explicaron las mil utilidades del coco. Y es que en Vietnam hay una industria basada en el coco, del que lo aprovechan todo. 


Vimos cómo lo abrían, cómo destinaban cada parte a las diferentes usabilidades, cómo lo manejaban, y luego nos mostraron mil objetos y productos obtenidos con este fruto tan preciado por ellos.
Acabé comprando un montón de cosas, porque me encantaron los cuencos artesanales hechos con las cortezas, lacados y dibujados en su interior. Me parecieron un recuerdo genial para mis familiares.
Tras ofrecernos degustar los licores realizados con coco, y también con otros ingredientes, nos sentamos a una mesa para tomar un té y un enorme plato de frutas locales que estaban buenísimas.
Mi hija Irene consiguió unas fotografías llenas de color de la bandeja de frutas.
Y volvimos a la barca para recorrer un poquito más de río, hasta la siguiente parada, donde fuimos a conocer cómo se hilan las alfombras de manera manual y también nos mostraron la casa de los dueños.


Me impresionó la forma de distribución de trabajo que nos explicó el guía. Porque en Vietnam la mujer se encarga de administrar los negocios, de trabajar en ellos. Y también es la encargada de la casa, de la comida, de la compra… 
Nos montamos en una furgoneta para llegar al restaurante. Mi estómago no estaba preparado para comer tantas veces ni almorzar tan pronto, quizás por eso no pude llenarlo demasiado, sin embargo fuimos a tomar una degustación de comida típica del lugar. 
Hubo algunas especialidades que me gustaron, otras no tanto. Aunque era un restaurante pensado para turistas y quizás me hubiera gustado algo más auténtico.
¡Feliz día! J



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Hola río Mekong (Mekong I)

9:09 Pat Casalà 1 Comments

¡Buenos días! Ayer nos quedamos en el aeropuerto de Doha con un enfado monumental y los nervios por los suelos. Y es que una vez pasa, te olvidas de estas cosas, pero en el momento cuesta sobrellevarlo.
Cuando conseguimos por fin embarcar, con los nuevos billetes del vuelo nacional guardados en el móvil, empezamos a relajarnos, a pesar de que esa noche tampoco íbamos a poder dormir demasiado.
Aterrizamos en Danang a las doce menos cuarto de la noche. Pasamos el control de pasajeros con bastante rapidez, he de reconocer que tras tantos años viajando tomamos siempre algunas precauciones en los vuelos, como coger los asientos muy adelante y salir pitando al llegar a los aeropuertos donde hay que pasar la aduana. Y, una vez tuvimos las maletas, localizamos la terminal de vuelos nacionales.


El calor infernal de esa noche nos preparó para el que pasaríamos a partir de ese instante. Porque en Vietnam he pasado más calor del esperado…
Faltaban todavía tres horas para que abrieran el mostrador de facturación, la terminal de vuelos internos no tenía aire acondicionado y estábamos tremendamente cansados. Por eso nos tocó regresar sobre nuestros pasos arrastrando las maletas para colarnos en el edificio de salidas internacionales, donde nos sentamos en unas sillas de plástico a esperar a las tres de la mañana para por fin facturar.
Desde luego el tiempo pasó despacio, y se nos cerraban los ojos. 
Por fin logramos embarcar después de facturar y quedarnos sentados en el suelo aguantando el calor. En la terminal nacional no había asientos…


Y llegamos al aeropuerto de Ciudad de Ho Chi Ming, donde un coche del hotel nos esperaba para llevarnos a una cama, aunque como alcanzamos la habitación a las seis de la mañana solo pudimos dormir una hora.
¡Cuando sonó el despertador de poco lo estampo! ¡En serio! Porque nos metimos en la cama esa hora para recuperarnos un poquito del cansancio, de las horas de vuelo, de los nervios…
Desayunamos en el buffet del hotel. A diferencia de los otros países asiáticos donde hemos estado, el nivel hotelero y de desayunos de Vietnam no es tan elevado, pero estuvo bien.


Y al fin, el guía de Asiática Travel nos vino a buscar para emprender nuestra excursión al Mekong.
Nos subimos al coche con ilusión y muchísimo sueño. Como había un trayecto de dos horas, buscamos la mejor posición para descansar algo porque llevábamos un montón de horas durmiendo poquísimo.
Empezamos la excursión visitando el lugar donde se hacen ladrillos. Me pareció muy interesante descubrir cómo era la producción, ver los hornos, saber cómo es el proceso, en su totalidad manual. 
Después caminamos por unos senderos de arena hasta un embarcadero pequeño. Hacía mal día, el cielo parecía decidido a dejar escapar una tormenta que por suerte no llegó hasta entrada la tarde. Recuerdo mi emoción al subirme a la barca para recorrer una parte del río Mekong y sentirme en otro lugar, dejarme acariciar por la brisa, encontrar un pedacito de historia, siempre tocada con el sombrero típico que compramos antes de embarcar.
¡Feliz día! J

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¡Menudo retraso!

8:38 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Vamos a empezar con el relato de mi viaje, de cómo fue la experiencia, ya que hay muchísimo que contar.
Salimos de casa el dos de agosto a las siete de la tarde, con el coche cargado de maletas y de ilusiones. 
El vuelo es muy largo, así que nos armamos con paciencia y las ganas de llegar para aguantar dentro del avión las primeras siete horas. 
Como era de noche, intentamos dormir lo máximo posible, aunque a mí no se me da bien eso de pegar cabezaditas en un asiento, por muy reclinable que sea. Pero conseguí cerrar los ojos de forma intermitente.


Llegamos a Doha bastante cansados, pero con las energías a tope para seguir nuestro camino. Pero al pasar el control de equipajes y consultar en la pantalla dónde teníamos la puerta de embarque, nos quedamos atónitos. ¡Nos habían retrasado el vuelo cuatro horas y diecisiete minutos! 
Teniendo en cuenta que en Danang debíamos coger el último vuelo destino a Ciudad de Ho Chi Ming para emprender una excursión al día siguiente y que la nueva llegada prevista era a las doce de la noche, nos dimos cuenta de cómo afectaba ese retraso a todo lo demás.
Habíamos pagado un hotel en Ho Chi Ming al que era imposible llegar, perderíamos un vuelo que habíamos pagado sin derecho a devolución y al día siguiente también habíamos pagado una excursión al Mekong con Asiática Travel y un guía en español. Si no lográbamos llegar…


Pasado el agobio inicial, nos fuimos a informar. Nos hicieron caminar por el aeropuerto de Doha, un lugar enorme, hasta el mostrador de Qatar Airways, donde después de una cola larguísima, logramos hablar con una señorita. Pero solo nos dijo que si íbamos a un bar en concreto nos darían de desayunar y que no había nada qué hacer. El vuelo iba a salir a la nueva hora prevista.
Nos fuimos hacia el restaurante arrastrando nuestro cansancio y un enfado de dos pares de narices. Otra vez nos tocó caminar durante un largo rato para llegar a nuestro destino, donde, tras una cola larguísima, nos dijeron que nuestras tarjetas de embarque no servían para darnos la comida y que debíamos regresar al mostrador de Qatar para cambiarlas.
¿En serio? ¡En ese momento estallé! ¡Y mi marido también! Era una de esas sensaciones de impotencia y rabia que a veces te invaden. Porque, a ver, ¿cómo era posible que la señorita de Qatar no nos lo hubiera dicho? ¿Y de verdad debíamos volver a recorrer toda esa distancia, hacer la cola de nuevo, regresar y ponernos a la otra cola, otra vez? 


Acabé yéndome a una mesa con una ira imposible de frenar y al final mi marido consiguió que entraran en razón y obtuvo el desayuno. ¡No sé qué haría sin él!
Y entonces vino la segunda parte, quizás la más importante: encontrar una solución para el vuelo de Danang a Ciudad de Ho Chi Ming. 
Me conecté al desastroso Wifi del aeropuerto de Doha, y digo desastroso porque aunque sea gratis, va fatal. Intenté entrar en la web de Vietjet sin ningún éxito, pero conseguí ver que había un vuelo a las cuatro de la mañana y que todavía había plazas.
Pregunté cómo conseguir mejor conexión y me mandaron otra vez cerca del mostrador de Qatar Airways, donde tienen un montón de mesas con iMacs enormes para los viajeros. Pero en vez de ratón hay una bola plateada que ninguno sabíamos usar y los problemas para entrar en Vietjet seguían presentes.
En ese momento mi nivel de estrés era máximo. Porque necesitaba solucionar sí o sí el problema…
Al lado de los ordenadores estaba el Starbucks, donde pensamos encontrar una mejor cobertura. Y un café nos vendría de perlas. Pero tampoco ahí conseguimos entrar en la dichosa web y nos imaginamos que debía estar capada.
Al final recurrí a Mara, tras intentar localizar a otras de mis amigas. A través del chat le pedí ayuda. Finalmente conseguí cambiar mi vuelo, pagando la suma extra y no esperada, al de las cuatro de la mañana.
¡Feliz día! J

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Itinerario Vietnam

9:39 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Preparar un viaje de las características de Vietnam te obliga a mirar un montón de cosas. Visados, vacunas, vuelos, hoteles, conexiones, actividades…
Cuando nos dimos cuenta de que el visado lo teníamos que hacer por media hora nos dio muchísima rabia (se ha de hacer si pasas más de quince días en el país y nosotros pasamos quince días y media hora…). Buscamos información en la web y optamos por la eVisa tramitada por iVisa.com (enlace). La verdad es que el proceso fue rápido y ágil. Eso sí, hay que pagar 25$ por cada visado, más 20$ por la tramitación. Pero vale la pena porque en menos de una semana tienes los impresos para llevar a inmigración cuando aterrizas y no te has de preocupar de nada más.


El tema de las vacunas, como no hay ninguna obligatoria y nosotros ya teníamos puestas las recomendadas por nuestros anteriores viajes, no necesitamos más.
Y, después de los temas prácticos, empezamos a preparar el viaje en sí. 
Nuestra ruta fue:

-Vuelo con Qatar Airways Barcelona-Doha-Danang.
-Vuelo nacional con Vietjet Danang-Ciudad de Ho Chi Ming.
-Excursión con Asiática Travel (enlace) de dos días para conocer el Mekong (ellos nos proporcionaron un hotel para la noche del medio).
-Vuelo nacional con Vietjet Ciudad de Ho Chi Ming-Hanoi.
-Noche en Hanoi.
-A la mañana siguiente coche privado hasta Ninh Binh, donde pasamos tres noches.
-Volvimos a Hanoi para una noche.
-A la mañana siguiente nos recogieron para un crucero de dos noches, tres días por la Bahía de Halong.
-Regreso a Hanoi para pasar dos noches en la ciudad y conocerla.
-Vuelo nacional con Vietjet Hanoi-Da Nang.
- Últimas tres noches en Hoy An.
-Vuelo internacional con Qatar Airways Danang-Doha-Barcelona.
-¡Se terminó!



Tras reservar todas y cada una de las plazas de avión, los hoteles y contratar la excursión con Asiática Travel, nos pusimos manos a la obra para descubrir el máximo de cosas acerca de nuestro destino.
En todos los blogs que consultamos coincidían en que es un lugar donde hay que tener cuidado con contratar los tours en la calle porque hay muchos de ellos que cobran, pero nunca se presentan al día siguiente, así que decidí contratar todos los transferscon los hoteles. 


Es importante ser muy claro con las especificaciones para los traslados. En Hanoi nos mandaron un coche demasiado pequeño para los cuatro más las maletas. Al final entendimos que debíamos especificar que nos interesaba un coche de siete plazas, ya que en los de cuatro no caben las maletas (quizás mochilas sí, per no maletas).
Y ya poco nos quedaba de planificación. Ir pensando en qué hacer en cada destino, llenar las maletas e ilusionarnos contando los días.
¡Feliz día! J

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Rumbo a Vietnam

8:38 Pat Casalà 1 Comments

¡Buenos días! Toca buscar una rutina, acomodarse a la nueva situación e iniciar el periplo para hallar un camino directo al futuro. 
Voy a dedicarme a ser lo más productiva posible, a sonreír y a pasarlo lo mejor posible.
Os prometí que como cada año os haría una detallada descripción de mi súper viaje de este verano. Y tengo un montón de ganas de compartirlo con vosotros, de explicaros mis sensaciones, mis anécdotas, cada uno de los descubrimientos realizados durante las dos semanas de ruta.


Pero antes de nada voy a explicar la parte memos divertida, esa con la que yo disfruto un montón, la de preparación del viaje, de organización, de cuadrar vuelos, hoteles, lugares… ¡Y hacer el presupuesto! Porque como ya sabéis, adoro los excels y los números.
¿Cómo empieza todo? 
¡Fácil! Con la búsqueda del destino. Y eso para mí es de lo más interesante porque algo que disfruto un montón es abrir el Skyscanner, poner las fechas en las que podemos viajar y decirle que el destino puede ser cualquier lugar. Es como cuando ves una película en la que van al aeropuerto y piden un billete para el primer avión que salga.


Este año no teníamos ni idea de adonde queríamos ir. Las dos o tres ideas que nos acompañaban eran escandalosamente caras y decidimos descartarlas con rapidez. Así que ya me veis mirando los resultados del Skyscanner en busca de un chollo.
Fue un domingo a las siete de la mañana cuando Vietnam se cruzó por mi camino. Y ahí desmonté el mito de que los billetes de avión son mucho más baratos los martes porque ya llevaba unos nueve días buscando, así que fue un domingo cuando bajó de precio.
Barcelona-Da Nang con Qatar, con solo una escala corta y a un precio de escándalo. No podía dejarlo correr. Era demasiado bueno para ser verdad. Quizás por eso tardamos pocas horas en comprar los billetes. 


Y ahí empezó todo, la vorágine de preparación del viaje, las búsquedas por internet, la lectura desenfrenada de blogs y relatos de antiguos viajeros que contaban su periplo por tierras vietnamitas. La mayor parte de este trabajo suele realizarla mi marido, yo soy más de comprar billetes, de encontrar compañías low costpara los vuelos internos, de cuadrar horarios, de encontrar chollos en los hoteles, de contratar los transfers
Tardamos casi un mes en decidirnos por la ruta. Vietnam es un país grande y si solo tienes dos semanas has de afinar muy bien tus preferencias para decidir los lugares idóneos para ti. 


Nosotros solemos hace eso, decidir según nuestros deseos, trazar un plan de viaje que se adapte cien por cien a nuestra forma de viajar. Y a veces esta es la parte más complicada porque se ha de indagar mucho antes de elegir para atinar con cada una de las escalas del viaje.
Tras mucho investigar en las redes decidimos el itinerario: Ciudad de Ho Chi Ming (antigua Saigon), para visitar el Mekong; Ninh Binh, para mí el paisaje más alucinante de todo el viaje; la Bahía de Halong, un lugar mágico; Hanoi, ciudad donde cruzar la calle es un deporte de riesgo y que me alucinó por su colorido; y finalmente Hoi An, un pueblo precioso con sus fanalillos, pero a mi gusto demasiado lleno de turistas.
¡Feliz día! J 

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Últimos coletazos del verano

8:38 Pat Casalà 0 Comments

Buenos días,
Los últimos coletazos de las vacaciones se alargan entre días de sol, paseos, descanso, lectura y un poco de escritura.
No quiero pensar en la idea de las vacaciones permanentes, de la necesidad de buscar un nuevo rumbo, de empezar de cero otra vez. Quizás por eso no lo pienso y dejo pasar los días sin afrontar demasiado la situación.
Me he propuesto hacerlo en un par de semanas, plantarme entonces y dibujar lo mejor posible un camino directo al futuro.


El verano me ha servido para colocar muchos sentimientos en su lugar, para dejar atrás la responsabilidad ya no ostentada, para redistribuir mis prioridades y para descubrir qué quiero y trazar una hoja de ruta, aunque todavía es un esbozo al que le falta mucho trabajo.
Viajar obra siempre la magia de descubrirnos nuevas maneras de serenar el alma, de dejar atrás unos deseos para recomponer otros con un color diferente. Porque los sueños se pueden recalibrar y cambiar a lo largo de la vida, cuando es necesario. Sin embargo, los sucesos muchas veces nos abren ventanas impensables.


Toca crear una nueva rutina, adaptarse a la realidad, caminar sin sentir el peso de lo que se queda atrás y recomponer los sueños con unos llenos de luz. Porque eso lo tengo claro, cualquier nuevo reto profesional se llenará de intensidad, de sonrisas y de ilusiones.
Este verano he viajado, me he ido unos días con amigas a la montaña, he encontrado algún que otro rumbo para seguir y he descubierto muchísimas cosas por las que vale la pena sonreír cada día. Porque tengo una familia maravillosa con la que he recorrido Vietnam, porque la vida me ha traído unas amigas increíbles con las que hablar de todo hasta las tantas, porque ahora tengo algo de tiempo para mí y quiero dedicarlo a mil cosas diferentes, porque la vida es mucho más que un trabajo.


El lunes volveré, empezaré a relataros mi viaje por Vietnam, os enseñaré las fotos que mi hija ha lanzado consiguiendo atrapar los colores, los sabores, la magia del lugar, os descubriré mis sentimientos, mis vivencias y cada paso por tierras extranjeras.
Y seguiré escribiendo, porque esa sensación de formar parte de los personajes, de vivir con ellos y de caminar a su lado en una historia que llena mis sentidos es algo mágico.
¡Feliz día! J

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Cerrado por vacaciones

13:31 Pat Casalà 0 Comments


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Sentir

8:28 Pat Casalà 0 Comments


¡Buenos días! El calor cada vez es más asfixiante y el olor a verano inunda las calles con su calidez. Me encanta esta época del año, cuando hasta el sonido es diferente, como si la calma del sol, de la ausencia de colegios y de las altas temperaturas pudiera cambiar el curso de la atmósfera para hacerla sentir serena.
Me queda poco para unas vacaciones demasiado largas para mi gusto, unas que me alejarán del lugar donde durante nueve años he volcado toda mi energía y al que se lo he dedicado todo.
Prefiero no pensar en el mañana, encontrármelo cuando llegue el momento, entender entonces el significado de este adiós definitivo y enfrentarme a ese dolor cuando corresponda.


A veces me gustaría domar estos sentimientos desbocados que anidan en mi interior, darles una consistencia más tenue y no permitirles llenarme de tantas tormentas sentimentales.
Pero entonces ya no sería yo.
Hace poco salió una reseña en la que comentaba mi tendencia a escribir sobre dramas de la vida, sobre circunstancias que truncan la vida de mis personajes y sobre su proceso de cicatrización.
Es cierto. Me cuesta encontrar una buena historia en una vida cotidiana, aunque las hay, existen mil situaciones alucinantes de gente a la que la desgracia no ha tocado a su puerta. Pero a mí me gusta explorar cómo actuaría si me sucediera un hecho en concreto, imaginar mis reacciones, mis emociones, mi marea emocional en ese instante.


Mi estado anímico siempre es un detonante a la hora de darle vida a una historia. A veces no es sencillo encontrar el tono para una trama porque a mí me hace falta sentirla como propia, verla en mi mente, dejarla invadir hasta el último resquicio de mi interior para crecer conmigo.
Quizás por eso mi última novela se ha teñido de drama, de dolor, de lazos que se crean despacio, a través de los años, y un día evolucionan.
Habla acerca del amor, de la amistad, de los traumas mal superados, de enfrentarse al pasado, de superar dolores, de crecer, madurar, luchar por los sueños.
De sentimientos.


Porque los sentimientos son el motor de nuestras vidas y todos ellos nos conforman como persona, definen nuestra personalidad, nos dotan de capacidad para afrontar cuanto nos encontramos por el camino y para redefinirnos cuando el momento lo requiere.
Estoy tardando más de lo habitual en encontrarle las palabras a la segunda parte. Busco profundidad, introspección, momentos intensos y una historia que me toque el corazón como lo hace mi realidad.
¡Feliz día! J   


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Siempre hay luz

9:59 Pat Casalà 2 Comments


¡Buenos días! Mi cuenta atrás personal lleva activada varios días. Es una sensación agridulce, de esas en las que no quiero ahondar, prefiero esperar a que suceda y no agobiarme pensando en el después.
Porque hay instantes en los que me invade la ansiedad al internarme en la realidad que me espera tras el verano, pero la combato con la necesidad de dejar todos los asuntos lo mejor posible, de luchar por no venirme abajo, por no dejarme vencer por la tristeza.
A veces las cosas no salen como esperas. Pero la única solución es levantarse y continuar caminando, sonriendo, avanzando hacia donde sea. Porque nunca sabemos cuál es el destino que nos espera detrás de una encrucijada ni podemos pasarnos la vida angustiados por lo que no es.


He vuelto a escribir, a leer, a creer.
Todavía me queda un largo recorrido hasta la paz total, pero la vida continúa con su ritmo, atrapándome, sumergiéndome en esa necesidad de dejar salir mis sentimientos en los folios del Word y sintiéndome tentada a soñar en grande. Aunque solo consiga abarcar lo pequeño.
Sigo con una trilogía intensa para mí. Creo que la comunión entre mis emociones disparadas y la historia consigue llenar la trama de intensidad.


Sé qué quiero transmitir, qué quiero escribir y conozco demasiado mi necesidad de vestir las palabras con emociones casi táctiles. Porque tras leer muchísimo estos últimos años he entendido mi ávida necesidad de descubrir cómo los sentimientos de los personajes de mis lecturas consiguen traspasar la barrera del libro para internarse en mi cuerpo y hacerlo vibrar, sentir, estremecerse, llorar, reír.
No tengo ni idea de cómo acabaré ni cuál será mi próximo destino laboral. Tampoco sé si algún día leeréis mis últimas novelas ni si gustarán ni si voy a llorar de tristeza al descubrir que no os han llegado al alma.


Solo sé que quiero entusiasmarme con un nuevo proyecto laboral sin dejar de aporrear las teclas en los momentos libres, dándole vida a mis mundos paralelos, dejando fluir las emociones que me embargan, intentando darle una intensidad parecida a las tormentas sentimentales que arrecian en mi interior.
Quizás el futuro se llene de ilusiones y nuevas publicaciones o simplemente me deje como hasta ahora, en suspenso, sin acabar de decidirme a volver a firmar un contrato porque necesito respirar, espacio y tiempo.
La buena noticia es que incluso los malos momentos consiguen mitigarse y siempre hay una luz al final del camino.
¡Feliz día! J  

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Destinos. Rotos, cruzados, encontrados...

8:38 Pat Casalà 0 Comments


¡Buenos días! Tengo abandonados el blog, la escritura, la ilusión, la lectura y alguna que otra esperanza, pero solo necesito tiempo para adaptarme a la situación, encontrar el camino y volver a soñar.
El proceso suele tardar más de lo que nos gustaría, pero algún día se termina alcanzando una mejor versión del futuro. Porque no se puede pasar una la vida dolida por lo que queda atrás, es mejor ver lo mucho que ofrece caminar hacia delante.
Hace poco salió a la venta mi último libro, Cuando el destino nos encuentre. El título me recuerda el lugar donde estoy ahora y las tres partes de la novela bien pueden marcar mi devenir.
El destino siempre acaba encontrándote.


Destinos rotos. En la historia nos encontramos con la vida de nuestros cuatro protagonistas hecha añicos por diferentes circunstancias. Eugenia se ve obligada a casarse con un depravado como Diego. Geni está en manos de Jesús, una persona despreciable. Daniel acaba de perder a su mujer a manos de un tirano que le ha destrozado la infancia y la juventud. Y Dan se encuentra con una revelación que cambia su forma de ver el presente y el futuro.
En mi caso estoy en el borde de un final que duele y me despedaza el corazón. Porque durante años lo he dado todo y ahora recibo un pequeño rédito por mi esfuerzo.


Destinos cruzados. Dos historias, dos épocas, dos realidades. Daniel y Eugenia, dos almas rotas, se conocen en la Filipinas de finales del siglo XIX. Su amistad se fortalece con el paso de los años y evoluciona en algo imposible. Dan y Eugenia coinciden en una Filipinas actual y un encuentro casual entre ellos hará que surja una llama que quizás fructifique.
Estoy convencida de que en poco tiempo recibiré una llamada para alguna entrevista maravillosa que cambiará el curso de mis desvelos.


Destinos encontrados. Hechos históricos contra actualidad. Mientras Daniel y Eugenia luchan por una Filipinas libre, Dan y Geni siguen las huellas del viaje que realicé con mi familia a esas tierras hace dos veranos. Los cuatro van en busca de un destino que al final los encuentra.
A mí también me encontrará, me llenará y recuperaré todo cuanto he perdido este último mes.


Porque en la vida siempre hay altibajos, momentos duros y otros álgidos, proyectos que enamoran y otros que te decepcionan, personas que han decidido acampar en tu corazón y otras que solo están de paso.
Porque como mis protagonistas hay que acatar el destino y cuando te encuentra aprender a convivir con él. Aunque duela o emocione. Aunque no sea el que pensabas en un principio. Quizás te sorprenda y acabes sintiéndolo tan tuyo como el anterior.
¡Feliz día! J

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