En la lucha

¡Buenos días! Hace mucho tiempo pensaba que para lograr un objetivo solo era necesario perseverar, darlo todo y no desfallecer nunca. Ahora creo que también se requiere una buena actitud, dosis de paciencia y la ilusión como compañera en cualquier instante.
Se puede mirar el vaso medio vacío o darte cuenta de que está llenándose, de que solo has de aportar un poco para sumar en vez de restar.


Cuando me preguntan por mi reacción cuando supe que me iba a quedar sin trabajo admito que fue doloroso al principio porque esas empresas eran parte de mí, las sentía en mi interior, las vivía y las tenía en el corazón. Pero al pasar el tiempo entendí que a veces el destino te lleva a un lugar muy distinto al que pensaste y te ofrece un camino alternativo.
Estaba súper estresada, tenía un montón de responsabilidades a mis espaldas, trabajaba muchísimas horas diarias y nunca desconectaba porque mis tareas eran súper amplias. 
No me ha ido mal la serenidad de estos meses, el encontrar la calma para rellenar de energía mi cuerpo y mi mente ni volver a estudiar inglés mientras me reencontraba a mí misma.


Ahora estoy preparada para asumir el siguiente nivel, para disfrutar de lo que me ofrezca el destino y para encontrar un puesto de trabajo lleno de nuevos y emocionantes retos.
Este fin de semana hemos ido a la montaña. Esa casa es mi fetiche a la hora de relajarme, de poner en perspectiva los sucesos, de sentir cómo la ilusión sigue acompañándome siempre.
Y lo sé, debo cambiar algunas reacciones cuando algo no sale como lo tenía previsto, pero en general estos meses de tranquilidad me han ayudado a descubrir mis puntos flojos, los fuertes y cuáles son mis habilidades reales a la hora de trabajar, de escribir, de sonreír.


He desechado algunos proyectos, pero he seguido con los alcanzables. Hago inglés intensivo cada día en una academia donde me siento a gusto, y a la vez socializo. He preparado mi CV de mil maneras diferentes, buscando la mejor para mostrar mis capacidades. He escrito, corregido, firmado un contrato para publicar una bilogía en 2020. He soñado. Y seguiré haciéndolo siempre.
Una de mis mejores bazas para seguir en el camino de la felicidad es mi perseverancia, mi constancia y que nunca me doy por vencida. Aunque no consiga llegar a la cima, no dejo las cosas a medias ni me echo para atrás ni dejo de darlo todo para llegar a los deadlines. Porque la vida consiste en luchar con uñas y dientes para ser lo mejor posible y no desfallecer nunca por el camino.
¡Feliz día! J

4ever pronto en vuestras manos

¡Buenos días! ¿Existe el amor para siempre? ¿Puede sobrevivir a la peor de las traiciones? ¿Consigue superar cualquier obstáculo?
Hoy quiero hablaros de 4ever, mi nueva bilogía, de la que pronto podré explicaros muchas cositas, como la editorial que la llevará al papel y a vuestras estanterías digitales. Porque sí, he firmado un contrato para las dos historias y estoy tan feliz… 
A veces hay que dar un paso adelante, dejarse llevar por la emoción y darle un voto de confianza a un nuevo rumbo. 


Dylan y Brenda se conocen en circunstancias poco habituales. Ella es un cerebrito de las matemáticas, una chica con pocos amigos, pero luchadora. Tiene principios, una personalidad claramente definida y es centrada, estudiosa, fiel a sus ideales. Él, en cambio, es un estudiante de informática muy pagado de sí mismo, egocéntrico y con una clara tendencia a dejarse llevar por el gran concepto que tiene de su persona. 
El punto de partida de la historia me gustó muchísimo explorarlo. Porque, ¿qué pasaría si fueras a estudiar a una universidad tan prestigiosa como el MIT desde tu Andalucía natal y te encontraras con un chico ocupando la cama de al lado en vez de tu compañera de residencia asignada? ¿Y si él te obliga a aceptar la situación con métodos poco ortodoxos? La convivencia es entonces obligada…


Pero no todo acaba ahí, porque Dy no deja de comportarse como si fuera bipolar, abriéndose en algunos momentos y gastándole bromas pesadas a Bren demasiado a menudo.
Él es chulo, arrogante, tiene un lenguaje muchas veces soez, le gusta intimidar. Pero ella es sarcástica y no se rinde con facilidad, descolocándolo. Porque Dylan están acostumbrado a acobardar a las chicas y no encaja con soltura las incisivas respuestas de Brenda.
Y hasta aquí puedo leer… 
Pero hay más, mucho más… 


Empecé a escribir esta historia con la idea clara del final de la primera parte porque fue una idea repentina, de esas que debo explorar para rellenar los huecos. La empecé planteándome cómo sería vivir la última escena y las implicaciones para ambos personajes.
Crear a Dylan muy complicado porque al principio es frío y cae fatal. Cuesta cogerle cariño a alguien como él, aunque yo se lo tenía, y mucho. Tiene una dicotomía difícil de explorar en primera persona porque sus sentimientos se interponen en la situación y ha de lidiar con una realidad que el lector desconoce. 


Brenda, en cambio, es fuerte, decidida, transite buen rollo y tiene ese tipo de carácter que a pesar de su inocencia la hace valiente. Lo vive todo con una luz especial, irradia ilusión y a la vez es muy consciente de su realidad. 
Recuerdo mi primer brainstorming en una terraza del barrio de Gràcia, con Senda y su hermana, una tarde de septiembre, ante una Coca-Cola Zero… En ese instante la novela se perfiló y entre las tres creamos el universo de 4ever que yo ya había iniciado en mi mente. Aunque mi final no convencía porque es difícil pensar en cómo se puede empatizar con alguien como Dy. Sin embargo, me encanta el resultado y estoy deseando compartirlo con vosotros.
¡Feliz día! J

¿Soy optimista?

¡Buenos días! Esta semana se me está complicando un poquito entre entrevistas y algunos líos, por eso estoy retrasando un poco la escritura en el blog. Pero prometo ponerme al día, trabajar duro y volver al ruedo.
A veces nos ahogamos en un vaso de agua y no nos damos cuenta de que el tiempo lo cura todo y consigue relativizar las situaciones hasta darles un lugar lógico. Cuando vivimos un momento tenso no vemos más allá.
Pero la vida tiene un montón de giros perfectos y el paso de los meses suele colocarlo todo en su lugar, ofreciendo una visión objetiva de la realidad. 


Ayer hice un test psicotécnico para postular a un puesto de trabajo súper interesante (dedos cruzados). Había algunas preguntas que me hicieron pensar un montón porque consiguieron despertar esa sensación de darle vueltas a las respuestas. Pero mi mente fue rápida a la hora de encontrarlas. 
¿Soy optimista? Hasta la muerte, prefiero ver el vaso medio lleno que medio vacío. ¿Extrovertida? Un sí rotundo. ¿Organizada? Es mi marca personal, suelo adorar tenerlo todo bajo control. ¿Cuento con las opiniones de los demás a la hora de tonar decisiones? Esta fue difícil porque sí lo hago, pienso que cuando diriges a un equipo escuchar es la base para ver el negocio desde todo los ángulos, sin embargo, también soy muy capaz de decidir por mí misma. ¿Te gustan los números? Vale, esta parte es tan clara… Adoro los excels, el lenguaje matemático, analizar los datos, buscar desviaciones, fórmulas erróneas y todo lo relacionado con el campo numérico. 


Hubo una parte que me hizo replantearme algunos puntos. Y es que, ¿ser empática, extrovertida y mostrar tus sentimientos es malo? Creo que para un trabajo de dirección ser así es una habilidad porque la máxima para sacar lo mejor de los demás es crear un ambiente cálido donde puedan desarrollarse al máximo, sin perder nunca de vista el orden, la planificación y la eficacia laboral.
Entiendo la necesidad de los tests, pero me parece difícil valorar a una persona por sus respuestas. Yo soy más del feeling personal, de cómo siento la afinidad al hablar con alguien mientras comparto un rato con él o ella.


Fue interesante porque al llegar a inglés tocamos el tema de las entrevistas de trabajo y acababa de salir de una que me había dejado muy ilusionada porque me apasiona el proyecto. Después me pasé el día preparando alguna documentación que me solicitaron, rellenando el test e imaginado.
Porque el tiempo lo ha relativizado todo y me muestra que estoy bien, muy feliz y con una ilusión increíble para encontrar un nuevo destino, un reto, un trabajo de esos que me apasione y al que dedicarle todo mi entusiasmo, mi fuerza y mis conocimientos.
¡Feliz día! J  

all I need is a yes

¡Buenos días! ¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que el tiempo pasa demasiado rápido? ¿De que de repente han pasado ya dos meses y sigues esperando ese deseado cambio en tu vida? 
A ver, estoy feliz, contenta y muy entregada a mis clases intensivas de inglés. ¡Si hasta miro series enteras en ese idioma para que mi inmersión sea absoluta! Las clases me parecen súper interesantes y todas las actividades en inglés de la academia son una acierto y me mantienen activa. También escribo, corrijo, me dedico a proyectos y he empezado a ir de nuevo al gym. 


Pero sigo esperando ese sí, ese nuevo e interesante trabajo en mi vida que me aportará una dosis fabulosa de emoción.
Es como con las novelas, las propuestas editoriales y las mil horas desperdiciadas esperando una noticia que tarda demasiado en llegar.
But, all I need is a yes!
Esta situación me recuerda muchísimo a mis inicios en el difícil mundo literario, mis aspiraciones y cómo el tiempo desmonta las expectativas con silencios. Y es que para alguien como yo, lo peor es eso, el silencio, la ausencia de respuestas, el no saber, la incertidumbre.
Esa era la parte más dura. El enviar propuestas o mails a mi agente y no recibir nada más que un silencio desesperante.


Con el paso de los años he ido aceptando esa realidad y acostumbrándome a no sentir ansiedad ni frustración ni nada parecido ante la ausencia de respuestas. Aunque sigue pareciéndome una mala praxis y una forma nada adecuada de tratar a la gente. Porque yo he trabajado muchos años a un ritmo frenético, con mil e-mails acumulándose en la bandeja de entrada diarios y, sin embargo, no he dejado a nadie nunca sin respuesta.
Sigo esperando ese sí. Esta vez en otro ámbito laboral, aunque el tiempo me ha enseñado cómo es la paciencia (a veces sigo preguntándome dónde se compra esa, pero poco a poco he aprendido a llenar mis reservas sin necesidad de comprarla J).


La búsqueda de trabajo es también una selva amazónica donde pocas empresas te informan de sus decisiones, de si sigues en el proceso, de si tienes probabilidades. 
Luego tenemos en mundo de las entrevistas, donde a veces conectas mucho con el entrevistador, pero después no vuelven a hablarte o al revés, sales con la sensación de no haber tenido feeling y resulta que te llaman para una segunda vuelta. Aunque aquí también hay casos curiosos, como hacer una entrevista íntegramente en inglés cuando en la oferta no se mencionaba la necesidad de dominar el idioma (signo inequívoco de que el perfil estaba mal planteado) o nunca más saber nada…
En fin, que ahora lo único que busco son síes. A nuevas entrevistas, a un puesto de trabajo, a una nueva publicación, a una propuesta, a un proyecto…
¡Feliz día! J


Filipinas #CEDNE (localizaciones)

¡Buenos días! Cuando pienso en las localizaciones de mis novelas, en cada uno de los lugares a los que me ha mandado mi imaginación, a esos instantes en los que me siento invadida por la necesidad de conectar con una localización específica para dotar las escenas de ese vínculo importante con un emplazamiento especial, muchas veces uso Google para investigar. Pero a veces recurro a mis experiencias personales, a esos momentos del pasado en los que estuve allí, a mis sensaciones, a mis emociones, a mis recuerdos.


Estos últimos años he viajado mucho y he conseguido reunir un conjunto de vivencias interesantes para darles vida algún día en el papel. Hay países más interesantes que otros, pero los que más me han marcado, sin duda, son Filipinas y Malasia, ambos repletos de intensidad, de sensaciones, de emociones.
Sobre Malasia he escrito poco. En cambio, Filipinas es el marco principal de Cuando el destino nos encuentre, novela donde dos historias se entrelazan, una del pasado y otra del presente, y nos llevan a través de algunas islas de este maravilloso país.


Mientas viajaba con mi familia por ese enclave paradisíaco, me pasó algo extraño y excitante a la vez. Fue al principio del viaje, en un ferry, donde una idea para una novela tomó cuerpo y empecé a sentir crecer la historia en los días posteriores, tomando nota mental de cada instante para después cedérselo a los personajes.
La trama actual se basa en esas experiencias, en mis recuerdos, en nuestro recorrido real. Y la parte antigua está escrita tras una exhaustiva tarea de documentación. 
Para mí Filipinas es un país alucinante, con muchísimo que ofrecer a los turistas, un sinfín de sitios llenos de sensaciones, ilusiones, esperanzas y nuevas experiencias. Con una serenidad palpable en el ambiente, un fondo marino colmado de color, vida, vivacidad, unas playas perfectas para tumbarse casi en soledad mientras el sol te acaricia la piel, unos precios irrisorios para todo, una gente increíble y unos paisajes impagables.


Les cedí a Geni y a Dan algunos de mis momentos, los llevé a restaurantes que había pisado y donde me había sentado a comer con una ilusión palpable, situaciones interesantes, otras estresantes, la mayoría maravillosas y cada uno de mis hoteles. Porque haber estado allí me ayudó a crear la atmósfera, a sentir cómo la escena era parte de mí.


Buceo, recorridos en motos alquiladas, esas iglesias con el eslogan ni cristo escrito en el exterior, las tortugas del fondo del mar, el coral, los paseos en barca, las Chocolat Hills, las personas que nos cruzamos en el camino, la pequeña isla de Malapascua, con su maravilloso restaurante La isla bonita, la canción de moda ese verano, la forma asiática en la que explicar cómo queríamos los huevos en el desayuno…
Cada una de esas experiencias quedará para siempre retenida en mi memoria y en la de los lectores que se adentren en la novela para conocer los detalles de un viaje cargado de emociones, felicidad y buenos momentos.
¡Feliz día! J

Géneros literarios

¡Buenos días! Se terminaron las fiestas, las comilonas, las horas dedicadas a la familia y el tiempo para descansar. Y llegamos otra vez a los momentos donde se debe dar todo en el trabajo o, en mi caso, en la búsqueda de un nuevo rumbo.
A veces de giros inesperados surgen cosas maravillosas. Y estoy convencida de que pronto será mi turno. Porque el karma está ahí, nos acompaña siempre y tarde o temprano nos ofrece sus servicios.
Hace tiempo que no hablo de géneros literarios ni de por qué necesito ir cambiando dentro de ellos ni de cómo me sobreviene esa idea para englobar mis novelas dentro de uno o de otro. 



A veces nos empeñamos en leer o ver un tipo de libros, películas o series y nos olvidamos por completo del resto, sin darles una oportunidad, cuando muchas veces podemos encontrar también una emoción implícita en ellos.
En mi vida literaria he probado muchos géneros y he disfrutado con todos ellos. Me gusta escribir, crear, imaginar, darles vida a mil ideas, aunque unas fructifiquen más que las otras. Y mi género favorito es la romántica. Pero eso no significa que renuncie al thriller ni que me centre solo en la New Adult o en la contemporánea adulta. La gran ventaja de este género es que combina a la perfección con muchos otros, otorgándome la posibilidad de expandirme.


Me gusta escribir y leer sobre el amor, sobre esa parte tan especial del principio, cuando estamos enfermos de amor y nuestros cerebros se empeñan en mostrar la grandeza de la química inicial, cegándonos y llevándonos a cometer locuras. Porque ese sentimiento de enganche me sacude las entrañas, me invade, me llena y me mantiene enganchada a la escritura o a las páginas o a la pantalla sin fin.
Pero también me encanta la idea de buscar partes de suspense, de añadir más elementos a esa historia a la hora de escribir, de darle algo extra. 


Quizás mi mente funciona demasiado y por eso no se conforma solo con la historia de amor. Porque la interacción de antagonistas, de sumarle intriga a la trama, de sumar elementos que la hagan más difícil y la compliquen me parece la base para sentirme atrapada entre las palabras.
Adoro la adrenalina, ese subidón cuando busco giros inesperados, instantes álgidos y subrtamas que compliquen muchísimo la principal, creando trabas reales en las historias de amor, dándole una vuelta de tuerca, haciéndome sufrir mientras las escribo.


Me gusta cambiar de género o de subgénero en cada novela, no conformarme solo con un tipo de romántica y dejarle a mi inspiración ir por libre para crear a su antojo, sin restricciones.
Mi última historia es una bilogía intimista, sentimental, emotiva… Una historia de emociones e instantes. Porque así es la vida. Ahora he empezado un thriller. Quizás algún día comparta con vosotros LB, una de las historias más intensas que he escrito, aunque sea un thriller paranormal…
¡Feliz día! J

Ernesto #PELN (personajes)

¡Buenos días! Acabamos de estrenar a un nuevo año donde conseguiremos todos nuestros propósitos luchando cada día, sin perder la sonrisa y sin dejar de creer en las mil posibilidades que se abren a nuestro alrededor.
Me siento un poco como Ernesto, el protagonista masculino de Perdido en la niebla, con su despreocupación, esa forma tan suya de ser, tan altruista y a la vez feliz, sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos o de sus pensamientos. Él simplemente se lanza a conseguir sus sueños. Aunque he de admitir que su herencia le otorga una capacidad increíble para hacerlo.


Ernesto tiene un bar en una playa de puerto Rico, el Copacabana, y se pasa los días haciendo surf, sirviendo cocteles, disfrutando de la vida, hasta que Sussie aparece en escena. Un impulso le lleva a darle cobijo, a ayudarla a adaptarse, a convertirse en su amigo, en su jefe, en su casero…
Tras una infancia exenta de cariño, con unos padres ausentes y un hermano con el corazón roto, Ernesto ha desarrollado un muro de despreocupación que lo protege de la parte sentimental. Tiene amigas de paso, historias con turistas que aparecen en el bar para luego fundirse en el recuerdo. Aunque le gusta profundizar, hablar, pasar horas con ellas… También tiene una amiga con derechos, pero sin ataduras ni promesas. Es un alma libre.
Sussie desbaratará sin quererlo esa visión de la vida ayudándolo a encontrarse y a descubrir que hay más aparte de compartir unos días con alguien.


Cuando se conocen, Ernesto es capaz de ver más allá de ella, de descubrir su alma herida y de permitirle a sus sentimientos de necesidad de ayudar a los desvalidos tomar cuerpo en su mente para actuar de forma compulsiva. Por eso le ofrece la casa de invitados y comparte con ella sus momentos hasta convertirse en amigos.
La enseña a hacer surf, pasa horas con ella en la playa, disfrutando del mar, del sol, de la serenidad, y las noches, después de trabajar codo a coso en el bar, se sientan los dos en el porche de la casa de la playa a tomar una infusión o una copa de ron mientras comparten confidencias.


Ernesto intenta que Sussie se abra a él, que le cuente ese secreto que esconde y la corroe por dentro, pero ella tarda demasiado en mostrarle su verdad. Cuando lo hace, el Ernesto despreocupado ha desaparecido para traernos a un hombre capaz de dejarlo todo por ayudarla. Porque en el fondo siempre ha sido un alma caritativa, alguien con un corazón dañado que solo desea curarse y ayudar a sanar a los demás.
¡Feliz día! J


Adiós 2019

¡Buenos días! Llegamos a ese momento del año en el que toca hacer balance, darnos cuenta de cada acierro y de cada error de los trescientos setenta y cinco días anteriores para dejarlos cada uno en su sitio, dándoles el lugar merecido en nuestros corazones y avanzando hacia los nuevos propósitos, sin dejar de mirar la parte positiva y cada enseñanza recibida de las situaciones pasadas.


Creo en el karma. O como mínimo quiero creer en él y, pase lo que pase, seguiré dándole un lugar importante en mi forma de ver la vida porque cada uno debe enfrentarse en algún momento de su vida a las consecuencias de sus actos, sea de una forma o de otra.
Este año he aprendido muchísimo, sobre todo a valorar la amistad, el amor, la serenidad y la necesidad de afrontar la verdad, aunque duela.


Ha sido un año de cambios, de pérdidas, de logros, de emociones, ilusiones, esperanzas y de enfrentarme a un hecho doloroso, pero que he logrado dejar atrás porque la vida es demasiado corta para pasármela lamentando lo que se ha ido en vez de sonreír por los logros. Un año lleno de instantes, de buenos momentos, de personas que siguen aquí conmigo y no se van, que vinieron con la intención de permanecer y otras que se han quedado atrás para siempre.


He descubierto la importancia de ser consciente de quién te acompaña de verdad en el camino, de valorar como merece su compañía incondicional, sin esperar nada a cambio, y a dejar atrás las personas tóxicas, aquellas que se dedican a envenenar tus esperanzas, a machacar tus expectativas y tu autoestima, que te hieren sin darse cuenta.
He aprendido a sonreír sin más. Porque la vida lo merece y nada ni nadie puede destrozar las ilusiones si no le das permiso. A vibrar con cada pequeño logro, a disfrutarlo, a soltarme, a encontrar un camino perfecto para llenarme de felicidad, porque en realidad la felicidad es un estado de ánimo, una cuestión de fe, un salto al vacío sin asirse nada más que a sus alas. Y yo quiero volar.


No tengo ni idea de qué me depara este nuevo año, es un misterio porque a nivel profesional estoy en un lugar donde nada está definido y a nivel literario he apostado por algo, y todavía no puedo contarlo ni explicaros nada ni conocer el alcance de esa apuesta. Pero me basta para saltar, para esbozar una ancha sonrisa y avanzar con la ilusión propia del momento. Porque a veces solo se necesita decir sí.


Mis propósitos son los de seguir en la senda de la felicidad, luchar por encontrar un mañana mejor, emocionarme con cada recodo, encontrar la ilusión en cada peldaño hacia la cima y, sobre todo, disfrutar del camino, gozar de cada giro inesperado, abrazar a mis personas queridas muchísimo, decirles cuánto me importan y no preocuparme por el karma. Porque estoy convencida que el tiempo pondrá a todo el mundo en su lugar. Y si no pasa, me dará igual. Porque mi vida es perfecta.
¡Feliz año! J


Rumbo a las ilusiones

¡Buenos días! ¿Habéis sentido alguna vez ganas de dejarlo todo atrás, coger una mochila y poner rumbo a ninguna parte? 
Hay momentos en los que el peso de los últimos meses cae a plomo sobre nuestras espaldas, como si quisiera dejar constancia de su paso por nuestra historia y nos mostrara un sinfín de posibilidades para el futuro. 
En nuestras manos está decidir cómo lo sentimos, cómo lo etiquetamos y cuál es la parte con la que nos quedamos, si esa que nos aplasta o la que nos es liviana y feliz. Porque en toda situación hay dos caras y es nuestra decisión, consciente o inconsciente, centrarnos en una de ellas.


Mi pregunta de inicio no responde a una necesidad de salir corriendo ni a una sensación negativa ni a nada parecido porque, a pesar de mis pensamientos iniciales, no me siento mal ni agobiada ni ansiosa ni triste. Han pasado los meses y he entendido que solo hay una manera de tomarse el fin de una relación laboral larga y llena de intensidad: recordándola con ternura y mirando hacia delante.
Se trata de algo distinto, de una sensación de libertad, de desear por un tiempo dejar atrás las responsabilidades para abrazar una temporada de dejarse llevar por la inmensidad del mundo, sin ataduras, sin compromisos, sin obligaciones. Ahora desearía recorrer el mundo con una maleta, descubrir lugares, pasar un tiempo alejada de todo, sola con mi marido, perdiéndome en paraísos lejanos.


La vida no es tan fácil. No puedo dejarlo todo atrás para embarcarme en una aventura como esa. Y además se necesita dinero… Pero soñar no cuesta, ¿verdad?
Mi cuerpo me pide dejar volar la imaginación, sentir cómo la posibilidad de poner rumbo a ninguna parte crece en mi interior, dejarla vibrar, arroparme, llenarme de emociones. Quizás por eso navego en la red en busca de destinos con esa mezcla de sensaciones capaz de levantar mis labios en una sonrisa preciosa.


La ilusión es parte del motor de una existencia. Hay que encontrarla, sentirla, dejarla crecer y no renegar nunca de ella porque es la que nos guía hacia un mañana mejor, la que nos llena de energía, la que nos ayuda a superar el paso del tiempo sin sentir su peso cargado en la espalda.
Y sí, ahora mismo me embarcaría en un viaje sin destino, en una aventura, en una locura sin paragón, pero también en un nuevo rumbo laboral, en encontrar una nueva y excitante ilusión, en despertar de nuevo esas cosquillas en el estómago al implicarme en un proyecto lleno de posibilidades.
Seguro que llegará…
¡Feliz día! J

Escribir romántica

¡Buenos días! Llega un momento en el que debemos dejar a un lado nuestros deseos para dejar fluir los de los demás porque la vida es compartir, sentir, crecer y caminar juntos hacia una mejor versión de uno mismo.
Escribir sobre el amor, el romanticismo, las parejas, cómo se llega a luchar por conquistar el corazón de la persona que va a compartir toda su vida con un personaje, requiere de entender los sentimientos, o como mínimo de intentarlo, de buscar un modo de meterse en la mente y el corazón de un personaje para sentir como él y vibrar con la emoción de ese primer amor tan puro y lleno de ilusiones.


Una de las mejores experiencias de las new adult es experimentar otra vez ese primer amor que llena todo resquicio de nuestro ser, como si se colara por cualquier grieta para abarcar hasta la última molécula que nos conforma.
A esa edad tu mundo suele reducirse a estudiar, los amigos y el amor. Por eso cuando nos enamoramos lo sentimos como algo único, como un todo, como lo más importante de nuestro mundo.


Entrar de nuevo en esa ebullición de los sentimientos, sentir cómo todo se difumina a nuestro alrededor para traernos un sinfín de necesidades nuevas y excitantes, de ilusiones, de sensaciones, de experiencias, es como si consiguiéramos alcanzar una dimensión desconocida.
Ese primer beso, la primera vez, el primer te quiero
Ayer tuve un encontronazo sin importancia con una conocida y me dijo que era una mujer fría. Para mí es un insulto porque me considero muchas cosas menos fría. No podría serlo para escribir sobre los sentimientos, para transmitirlos a través de las palabras, para conformar la vida de mis protagonistas con ellos, para moldear esas historias de amor que llenan mis páginas, mi mente y mi corazón.


Tras veintitrés años de matrimonio feliz la idea de aterrizar en una historia de amor pasional es preciosa y me llena de energía positiva, ayudándome a encontrar el rumbo para sonreír cada día, para sentir, para alcanzar el cielo de la felicidad.
Vibrar con cada giro de la trama, con ese deseo que crece en el interior de los protagonistas convirtiéndose en fuego, con los instantes álgidos, con el momento exacto en el que al fin se percatan de sus sentimientos… Es como un chute de adrenalina en vena, como una dosis inacabable de emociones, de sentimientos enredados en mi corazón.


Escribir romántica me ofrece tanto… Porque en las historias de amor se esconde el principal motor de nuestra existencia, uno que nos lleva a la felicidad.
¡Feliz día! J

Geni #CEDNE (protagonistas)

¡Buenos días! Hace tres veranos me fui con mi familia a un viaje inolvidable a Filipinas y allí forjé cuatro personajes que me han acompañado durante mucho tiempo mientras escribía Cuando el destino nos encuentre, dos historias en dos épocas separadas con unos protagonistas llenos de roturas que poco a poco se van suturando.
Una de las dos mujeres que lideran esta novela es Geni, un diminutivo de Eugenia. 
Cuesta encontrar el tono y la forma de hablar de alguien como ella porque aunque nos cueste aceptarlo hay muchas personas con una situación dolorosa, viviendo una realidad dura, llena de obstáculos, sumidas en la oscuridad…


Geni acaba en manos de un mal hombre, alguien que la obliga a bailar en un local de stripteasemientras se convierte en su «novio» y le pide muchas otras cosas.
A veces el destino se convierte en puntas afiladas contra tu corazón y puede romperte en mil pedazos.
No os voy a explicar cómo acaba Geni con dieciséis años en esa situación ni cómo va creciendo ni cómo llega al inicio de la novela porque si os decidís a leerla vais a descubrirlo más adelante. Pero sí puedo avanzar que su historia es muy dura, aunque ella consigue salir de la oscuridad.


Geni parte de una triste realidad, pero nos muestra enseguida cómo su personalidad luchadora quiere salir adelante y encontrar una salida. Porque en la vida hay que tomar riesgos, ser proactivo, no quedarse quieto en un rincón esperando a que todo se solucione por sí solo. 
En la primera parte de la novela, destinos rotos, conocemos su ahora y cómo va a buscar una salida, cuánto tiempo lleva planeándolo, quién está de su lado y cómo llega a Filipinas.
Porque a pesar de los traumas inherentes a su situación, a su deseo de salir adelante, de alcanzar la felicidad, de deshacerse de su pasado, Geni ha de enfrentarse a su pasado para avanzar y conocer a Dan la ayudará a dar un giro a su vida en muchos sentidos.


Tiene una conexión importante con Eugenia que va a ir explorando a lo largo de toda la novela y que la va a unir más a Dan.
Su carácter es decidido y a la vez comedido en algunos aspectos porque la vida la ha convertido en una persona que debe luchar para superar cada uno de sus traumas. Pero ella lo hace. Aprende a buscar nuevos horizontes, se aficiona a la lectura, al buceo, a conocer Filipinas, a soñar.
Una de sus pasiones es el baile. Durante sus años oscuros esa pasión la ha mantenido cuerda porque lo ha disfrutado a pesar de las circunstancias. 


En su viaje por Filipinas aprende muchísimo y descubre otras aficiones llenas de intensas emociones que nos ayudarán a conocer el país, a ahondar en cada una de las islas que conoce junto a Dan, a ver a través de sus ojos cómo Eugenia vive en el momento histórico de la revolución filipina, a encontrarse a sí misma. Porque a veces necesitamos un viaje para poner nuestra vida en perspectiva.
¡Feliz día! J


¿Cómo nos cambian?

¡Buenos días! Parece que el tiempo quiere sumergimos en el invierno, como si las nubes se hubieran propuesto mostrar su hegemonía para borrar el sol de un plumazo y traernos días grises.
Desde que me quedé sin trabajo estoy estudiando inglés de manera intensiva y una de las preguntas que nos han hecho bastantes veces últimamente es si el tiempo me afecta a mi estado de ánimo. Y la respuesta es un sí categórico. 


Cuando me despierto con este clima me siento más melancólica, como si mi emociones se balancearan hacia el lado más nostálgico y pudieran apagarse. 
El sol en cambio me enciende, me llena de sonrisas, de vitalidad, de ilusiones.
Siempre os cuento la importancia de sentir a la hora de escribir porque para mí es una conexión profunda con los personajes, con la historia, con cada situación. Y el clima a veces alienta una forma de escribir, el tono de la escena, mis ideas…


Estoy terminando una bilogía que ha cambiado en varias cosas mi forma de estructurar las historias. Me ha costado y a la vez me ha enriquecido porque buscar retos siempre es la mejor manera de avanzar, de encontrarse, de aprender. Y llevaba tantos años con la estructura de las románticas que darle vida a algo más intimista ha requerido de mucho esfuerzo.
En toda historia suele haber una parte amorosa porque en la vida también la hay. Aunque no todas acaban bien, la mayoría de las personas vivimos relaciones, vibramos con ellas y nos acompañan en el camino. Pero de mis últimas dos novelas ese no es el tema central, sino más bien una parte necesaria para entender las vicisitudes de los personajes. 


Pérdidas, cambios, sueños, obstáculos, secretos, mentiras… ¿Cómo afectan a nuestra vida? ¿Cómo nos cambian? ¿Cómo nos abocan a una dirección o a otra? 
A veces la vida te empuja hacia un lugar que no deseas o no imaginabas, cambiando de una forma irremediable tu entorno, tus vivencias, tus posibilidades. 
No siempre es fácil vencer el rencor o el dolor o la sensación de pérdida cuando te arrebatan la felicidad. Pero hay que aprender a salir a flote, a buscar otra forma de caminar, a encontrar un nuevo rumbo. Porque cuando una puerta se cierra, seguro que mil ventanas abiertas te esperan en algún lugar.


Empecé la que he llamado bilogía Perfumes y acordes cuando tenía unos sentimientos determinados y después, tras perderlos, me costó un mundo de fuerza de voluntad hallar el sendero de regreso a la historia, a los personajes, a sus sentires. Pero cuando uno desea hacerlo, encuentra la manera.
Pronto tendré noticias y seguro que un nuevo trabajo y mil nuevos proyectos porque a pesar del día, sonrío.
¡Feliz día! J  

Médico, Lúa, Médicos sin fronteras (profesiones)

¡Buenos días! A veces la vida nos enfrenta a situaciones dolorosas y acabamos tomando decisiones que afectan a nuestra forma de entenderla porque necesitamos un cambio, un giro, un nuevo rumbo.
Eso le pasó a Lúa cuando se encontró a su marido en la cama con otra mujer. Tras toda la vida con él como único compañero en su corazón y en la parte afectiva, se encuentra de repente sin nada.


Escribir acerca de alguien como Lúa fue un reto muy difícil. Es una mujer con una gran contención en su comportamiento, se niega a dejarse llevar por los sentimientos, a reaccionar en caliente y a no analizar hasta el último punto de las situaciones. Pero en el fondo siente como todos.
Su profesión es interesante, como mínimo para mí cuando escribí el libro. Porque entonces trabajaba con médicos a los que admiraba por su gran trayectoria, por su implicación, por su labor de investigación y por su gran valía. Aunque con el tiempo he entendido que el valor humano de las personas también es importante y hay que aprender a separar la parte profesional de la personal.


Lúa ha deseado desde niña ser médico como su padre, quien falleció en una misión de Médicos sin fronteras, un hombre que le enseñó la valía de la profesión y le inculcó valores humanitarios. Y ella ha seguido sus pasos. Ha sido de las primeras en su promoción al licenciarse en Medicina, ha realizado la residencia en el hospital elegido, con su especialidad clara… Y de repente su vida se desploma.
Ser médico para mí es algo importante porque tienes la salud de las personas en tus manos y has de transmitirles no solo tus conocimientos, sino también confianza, tranquilidad, sosiego… 


Lúa descubre su interior a través de un cambio brusco, porque al encontrarse a Cesc engañándola, y tras enterarse de recortes en el hospital donde hacía la residencia que impiden su contratación, decide irse con la organización que tanto le dio a su padre y embarcarse en una misión que acabará descubriendo su verdadero interior.
La verdad es que siempre me ha parecido loable la tarea de estos médicos que se implican tanto en la ayuda humanitaria, en sus labores en zonas donde apenas hay acceso de la población a la atención médica, en su gran corazón.


Quizás por eso me informé muchísimo antes de escribir la novela e investigué la organización.
Ser médico para mí es una profesión vocacional, de personas que desean de verdad ayudar a los otros, darles opción a una mejor calidad de vida, encontrar formas de mejorar su salud, paliar los síntomas de cualquier enfermedad…
Lúa consigue darse cuenta de la importancia de los sentimientos atendiendo casos difíciles, conociendo otro lado de la medicina y por el encuentro casual con alguien que cambiará su percepción de la vida y desatará sus sentimientos hasta el punto de demostrarle que ser médico es importante, pero también aprender a vivir.
¡Feliz día! J