viernes, 9 de diciembre de 2016

Los sentimentos se amotinan

¡Buenos días! El miércoles tuve una comida increíble con Carme Prtas, la presentadora de Un último día conmigo. Me encantó cómo ha preparado sus notas para explicar algunas partes de la novela y me sentí contenta de escuchar sus opiniones.
Siempre que me explican las sensaciones de mis historias me instan a buscar la manera de llevarlas a la pantalla porque son muy visuales. Para escribir mi cuerpo entra en una especie de trance, se conecta en la distancia con los personajes, los toca, los siente y los vive. Es difícil de explicar, a veces ni yo misma lo entiendo… 


Esa comunión entre mis dos mundos consigue hilvanar la trama, dotarla de sentimiento, llenarla de tacto, olor, sabor y emociones.
Soy incapaz de no sentir, de no empatizar con los demás, de no ponerme en la piel del personaje. Quizás por eso no suelo dominar la cantidad ingente de ideas inconexas que se apoderan de mi mente y disparan nostalgias absurdas.
Es como una dependencia con el pasado que a veces me asalta, como si en algunos instantes no fuera capaz de controlar esa mirada hacia atrás para sentirme cerca de quien no debería. Entonces recaigo y envío mensajes que no debería, siempre con esa absurda ilusión de recuperar una parte de mi alma perdida en esos momentos. Aunque sea una idiotez porque cuando alguien no quiere regresar a tu vida no vale la pena intentarlo.


Mis sentimientos se amotinaron después del reencuentro con David y Margarita, pugnaron por salir a la superficie, por apoderarse de mi piel. Crecieron, inundaron mis venas de esa nostalgia positiva y me invadieron.
No me arrepiento de los mensajes ni de los sentimientos ni de la emoción con la que intenté recuperar una parte de un pasado muerto y enterrado porque me ayudó a darme cuenta de cuánto he madurado estos años porque apenas sentí unas brasas de decepción. Soy muy feliz, tengo tantas novedades maravillosas en mi vida que esta vez el dolor solo me duró unos segundos.


Nunca me cansaré de darles las gracias a las maravillosas mujeres que me acompañan en la vida porque gracias a ellas he dejado atrás esa coraza de inseguridad, me he desprendido de la sensación de caminar en la cuerda floja y he aprendido el valor real de la amistad. Y eso es lo que vale, las personas que me acompañan y me quieren por cómo soy.
Siento demasiado, pienso en exceso, mi mente parece conectada a un cable de encendido a todas horas y se niega a apagarse muchas veces, pero con el tiempo ha entendido el veredero valor de lo mucho que he conseguido estos años. Querer compartirlo con personas del pasado es algo mágico, pero lo realmente increíble es tener a mi lado a la gente que de verdad lleva años apoyándome, queriéndome, mostrándome con actos y palabras lo que significa la verdadera amistad.

¡Feliz día! J

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Primera esquiada

¡Buenos días! Esta semana es rara… Hoy es miércoles y tengo la sensación de que estamos a lunes. Y encima mañana volvemos a tener fiesta…
Es guay porque al fin he conseguido conectar con la novela para avanzar a una velocidad de gigante. Aunque he cambiado por completo mi idea inicial y se está convirtiendo en una historia muy alejada de cómo la concebí.
Espero conseguir un buen cambio de registro sin olvidarme para nada del romance, la aventura y el final apoteósico para una serie que solo me ha aportado buenos momentos.


Estos cuatro días de fiesta me han dado para mucho. Queríamos estrenar las pistas de esquí y subir a la casa de la montaña, pero nuestros hijos están en una edad complicada para estas pequeñas decisiones. Àlex tenía una fiesta el viernes, Irene necesitaba reunirse con una compañera del colegio para terminar un trabajo de inglés y a nosotros nos daban pánico las colas en la carretera previstas para el viernes.
Como teníamos cuatro días por delante decidimos quedarnos hasta el sábado a mediodía y subir entonces. Perder un día de esquí no nos molestó ya que lo normal en estas fechas son colas, agobio y mala nieve.
El domingo nos despertamos muy pronto para llegar a Grandvalira a las 9:40. Nos temíamos colas en la carretera, dificultades para aparcar, a pesar de que tenemos un sitio secreto frente a una ladera, estrés de esquiadores, largas esperas en los remontes…


Por extraño que parezca no había ni una persona en la carretera ni en Pas de la Casa ni en la pista central ni en ningún lado. Aparcamos con rapidez en un espacio vacío de coches y gente y nos preparamos para esquiar durante horas.
Siempre digo que el esquí es un deporte cansado incluso antes de empezar a deslizarse por las pistas. Ponerte las botas, bajar los esquíes del techo del coche, cargarlos hasta en inicio de la pista…  
El día no era demasiado bueno. Pasamos por todos los estados climáticos posibles: nubes, sol, nieve, niebla y viento… Solo nos quedó la lluvia.
La nieve estaba muy bien por la época, solo me molestó el rato de niebla porque cuando el suelo y el cielo se unen me mareo. El domingo me pegué una gran torta en la pista por culpa de ese mareo. Me alucinó que nadie me ayudara a rescatar mi esquí. Tuve que quitarme el otro y subir andado a por él… Por suerte solo fue un susto.


El lunes tuvimos un día alucinante de esquí, con sol, sin gente, una nieve muy pasable y sin frío.
Ayer pasé el día en Barcelona aporreando las teclas con una intensidad increíble… Escribí dos capítulos, seis mil seiscientas palabras… Es un lujazo cuando mi cabeza colabora…

¡Feliz día! J

viernes, 2 de diciembre de 2016

Un reencuentro apoteósico

¡Buenos días! Todavía sonrío al recordar la noche de ayer. Fueron instantes de risas, conversaciones y una felicidad contagiosa.
Hay reencuentros poco afectivos, cuando no encuentras conexión con la persona a la que ves después de muchos años. En esas situaciones me siento pequeña, ansiosa y sin demasiados motivos para sonreír. Y luego existen los reencuentros apoteósicos como el de ayer, con amigos de antaño que vuelven a llenarme el corazón de alegría, amor e ilusión.


De niña tenía unos amigos inseparables, David, Margarita y Eva. Éramos una piña, un grupo de personas dispares que tenían puntos en común. En nuestra época carecíamos de redes sociales, móviles, Internet… Cuando cada uno de nosotros fue a la Universidad nos distanciamos hasta perder el contacto.
Los años sumaron.
A David todavía le conservé entre mis amigos un tiempo, vino a mi boda, fue mi testigo, conseguimos seguir nuestras vidas un tiempo, hasta que tuve a mi primer hijo. Tenía veinticinco años y mi vida cambió radicalmente, convirtiéndome en una madre responsable.


El tiempo pasó con mil momentos increíbles. Mi vida dio un giro al empezar a escribir, a crear, a dejar escapar esa creatividad innata que convivía conmigo dense niña. Pasé años ansiosos, con la sensación de que se me escapaba el tren de las metas trazadas, sin encontrar un resquicio de luz en mi emocionante camino en la escritura.
En medio de ese vendaval Facebook irrumpió en mi vida. Recuerdo los inicios, sentada en el despacho de casa, cuando todavía no tenía portátil ni una rutina ni las alas para volar alto. Los recuerdos de otros tiempos se formaron con rapidez en mi mente, me transportaron a ese pasado remoto donde tenía a mis amigos al lado. Y los busqué.  


Semanas después nos reunimos Margarita, David y yo reanudando de manera tímida nuestra relación. No era el momento, en mi interior libraba una batalla entre las esperanzas rotas y la realidad a la que me enfrentaba cada día. Acababa de perder el trabajo, necesitaba encontrar otro y apenas podía sonreír.
El tiempo volvió a pasar. Mi vida dio otro giro impresionante, reuní a un grupo de amigas que me mostraron el sendero a la amistad verdadera, aprendí a canalizar mis ansias de publicar hacia las de la creación, a disfrutar con cada novela, a descubrir la emoción de acompañar los personajes…


Ayer al fin volvimos a vernos.  Fue en un concierto de David (enlace a suestudio), un gran artista al piano. Margarita y yo nos sentamos a su lado a escucharlo, con los sentimientos a flor de piel, felices, contentas de estar juntas después de tantos años.
El concierto fue alucinante, David y Alfredo, su compañero al piano, nos prepararon un formato en petit comité con explicaciones de cada una de las canciones, una copa de cava y un ambiente inmejorable.
Después nos fuimos a cenar con dos amigos de David que resultaron ser divertidos y con chispa. Fue una cena regada con risas, recuerdos, momentos tiernos y espacio para ser felices.

¡Feliz día! J

jueves, 1 de diciembre de 2016

Sensaciones epidérmicas

¡Buenos días! Hay momentos en la vida en los que necesito rebajar la intensidad de mis sentimientos antes de enfrentarme a darles salida en el papel. Me cuesta, soy una persona visceral, con algún pronto y con mucha empatía con los demás. Me emociono con facilidad, me enciendo con rapidez y hay situaciones que me duelen en el alma y consiguen mantenerme un tiempo en un estado triste.
Sin embargo tengo tantísimos motivos para superar los obstáculos que mi capacidad de disparar sonrisas se ha vuelto perfecta para afrontar los malos momentos.


Llevo un tiempo escribiendo romántica. He terminado nueve novelas de este género y estoy con la décima. Me gusta, es una temática con la que me siento muy cómoda porque tengo una conexión epidérmica con los personajes, me llenan de emociones y consiguen hacerme regresar a la coraza de esa jovencita llena de esperanzas y anhelos, con las reacciones de mi cuerpo ante la atracción, el amor, los desengaños, los buenos y los malos momentos, el primer beso, la primera vez, las primeras citas…
En toda relación amorosa hay momentos picantes, sensaciones eléctricas, instantes de respiraciones agitadas, taquicardia, temblores, deseo y ardor. 


Traspasarlas a las páginas de un libro no es sencillo, hay que encontrar el lenguaje justo para no parecer burda, encontrar la manera de ponderar también los pensamientos que experimentan los protagonistas, sus reacciones físicas, sus sentimientos, su ardor, su necesidad.
Para mí son escenas con alto contenido emocional. Requieren una concentración elevada, un estado empático, un volar hacia el mundo paralelo para sentir, vibrar y expandir mi cuerpo con las palabras. No basta con pensarlo, hay que dejar hablar a las entrañas, al alma, a ese hormigueo en la piel que me llena el estómago de aleteos, a las sensaciones intensas que erizan el vello de mi cuerpo para hacerme partícipe de las emociones de los personajes.


Son escenas llenas de sensibilidad, de ansiedad, de expectación. Hay besos suaves, delicados, tiernos. Otros son pasionales, fieros, viscerales, llenos de tensión. Cada uno requiere una intensidad diferente, un tono más o menos subido, una preparación acorde con la situación, unos pensamientos y acciones que allanen el terreno para transmitir la tensión necesaria.
Cuando escribo primeros besos, escenas de cama o incluso peleas mi cuerpo se llena de sensaciones, sube la temperatura, se enlaza con esas eléctricas reacciones de los personajes, las toca, las siente, las vive, las experimenta como parte de la creación.


Espero lograr el efecto deseado, traspasar al lector esas emociones disparadas, ofrecerle la ansiedad necesaria para conectar él también con los personajes y vivir con ellos esas maravillosas experiencias del primer beso, la primera vez…

 ¡Feliz día! J

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Aventuras literarias

     ¡Buenos días! Parece que poco a poco las cosas vuelven a serenarse y encuentran su lugar, aunque algunas deberían reconducirse para conseguir una mejor sincronía.
       Ayer os desvelé la portada de Cada día te espero a ti. Me parece preciosa, todavía estoy mirándola cada cinco segundos y recordando la intensidad de mis sentimientos mientras la escribía. A veces una novela consigue despertar un sinfín de sensaciones en mi interior revelándose como una fuente inagotable de emociones.


           Escucho Secret love song, la canción que más me ha inspirado en esta trilogía por su tono, sus palabras, la manera en la que los cantantes logran introducirse en mi cuerpo para erizar mis fibras y llevarme de nuevo a Fort Lucas con mis personajes…
       La música suele encontrar un camino directo a mi corazón. Es una fuente inagotable de ideas, sentimientos y escenas. Cada novela tiene su tono, sus canciones, su ritmo, su color.
Para escribir necesito varios estímulos. Música, imágenes, conexión con el mundo paralelo, sensación de avanzar con los protagonistas hasta la resolución de su aventura…


       Hay veces que la trama requiere un impulso diferente, un camino lleno de obstáculos o una travesía serena por su relación. Cada personaje tiene su fuerza escondida, su corazón, su esencia, su manera de hechizarme hasta convertirse en una parte de mi día a día.
      Estoy contenta, emocionada, atacada, nerviosa y casi diría que a punto de padecer un ataque de histeria. La felicidad es un estado mental, una sensación de sentirse plena con los acontecimientos de tu vida. Tener cinco publicaciones previstas para los próximos meses me hace dar saltitos de alegría como Steff, gritar de emoción como Julia, anotar en una libreta las mil razones por ser feliz como Lúa, sonreír como una tonta como Kristie…


        Todas y cada una de mis protagonistas están en mi corazón. A veces me sorprendo recordándolas y pintándoles un ahora lleno de interesantes momentos. Quizás Aurora está ya terminando la universidad y se plantea irse a vivir con Bruno. Marta Noguera sigue presidiendo los sueños de Ángela junto a Mick. Pam… ¡A Pamela le debo dos novelas y media para cerrar su historia con Hugo! Lúa y Matt puede que estén en alguna premier de Los Ángeles. Ernesto y Sussi siguen pasando las noches en el Copacabana para después sentarse en el porche de su casa a hablar. Jessie y Noha están viviendo en Palo Alto con sus dos hijos. Iris y André se han quedado en Nueva York en el apartamento que les unió…


      ¿Queréis conocerles? Solo hay que leer sus historias, conocerlos, darles la posibilidad de acompañaros en una aventura literaria. Seguro que merecerá la pena.

         ¡Feliz día! J

martes, 29 de noviembre de 2016

Cada día te espero a ti. ¿Queréis ver la portada?

     ¡Buenos días! Hoy tenía mil cosas en la cabeza mientras desayunaba. Cuando me enfrento a situaciones difíciles tiendo a darles demasiadas vueltas, como si mi cabeza necesitara analizarlas del derecho y del revés una y otra vez para superar los sentimientos que me vapulean.
     Ayer utilicé esa tristeza para dotar de intensidad a mis personajes. Fue una catarsis increíble porque las palabras brotaban de un lugar de mi alma para llenar el folio de emociones. Era como si pudieran traspasar la frontera entre mi interior y la historia, como si contuvieran la llave de mi serenidad y al filtrarse por los poros de las palabras consiguieran concederme un resquicio de serenidad.


        Esa es mi terapia, cuando un problema me ahoga escribo, creo, me evado a un mundo donde cualquier cosas es posible e intento delinear una historia llena de momentos álgidos.
    No tengo ni idea de si algún día conoceréis Fort Lucas, esa base militar inventada en Texas cerca de un pequeño pueblo llamado Cibolo ni si querréis adentraros en el mundo de Julia y Zack para conocer su aventura, pero la llegada de la portada definitiva ayer me despertó alegrías, llevándose por unas horas el malestar de los últimos días.


       No veía el momento de mostrarla, pero decidí esperar a la entrada de hoy para hablaros de qué significa para mí esta portada. A principios de año os dije que uno de mis propósitos más importantes para 2016 era publicar mis cinco últimas novelas. Dúo la subí yo a Amazon en febrero, Rumbo a ninguna parte salió en mayo con Red Apple Ediciones, Perdida en la niebla quedó finalista en el I Premio Romántic y saldrá durante 2017, Un último día conmigo se publica el próximo doce de diciembre y Cada día te espero a ti llegará a vuestras estanterías el siete de febrero. Por si cumplir estos propósitos no fuera suficiente también escribí dos novelas más y firmé un contrato para cada una de ellas. Son la continuación de Cada día te espero a ti: UDMST y MVST.


         Nunca pensé que diría esto, pero por primera vez en mi vida he soñado y he logrado tocar el cielo con mis manos.
La portada la realizó Shia con la foto que elegí hace tiempo, cuando pensaba subir cada una de mis novelas a Amazon porque pensaba que nunca encontraría una editorial dispuesta a apostar por mí. Su trabajo es increíble, me encanta porque desvela a mi Julia y mi Zack y le otorga un punto de brillantez.
     Os voy a pegar mi propuesta de sinopsis, aunque de momento no es la definitiva así sabréis de qué va la historia:



 
      Julia está a punto de cumplir diecisiete años. Es hija de dos grandes militares condecorados, vive en una base militar desde niña y no debería enamorarse de Zack, un oficial de la Fuerza Aérea estadounidense de veintisiete años. Pero pocos minutos después de conocerle ya es incapaz de dejar de pensar en él. Es un amor prohibido e imposible, sin embargo Julia no tiene intención de que eso obstaculice el camino hacia su objetivo y utilizará todos sus recursos para seducirlo.
      Zack es un hombre recto, lleva toda la vida deseando convertirse en parte de la élite de Fort Lucas para pilotar cazas del ejército. Conocer a Julia pone su vida del revés. Es menor de edad, la hija del General, la hermana de su mejor amigo y once años más joven que él. No quiere sucumbir a la tentación y lucha con todas sus fuerzas contra la atracción que hay entre ellos, contra las provocaciones de Julia, contra sus sentimientos.
     Pero el amor es un sentimiento difícil de controlar, no entiende de normas, de edad ni de prohibiciones.


      ¡Feliz día! J

lunes, 28 de noviembre de 2016

Escribir, sentir y vibrar

     ¡Buenos días! El fin de semana se ha llenado de momentos en familia, con un concierto increíble, una cena perfecta con parte de los músicos y una celebración de cumpleaños muy emotiva.
      Estamos los ocho, no hay mal que por bien no venga. Ayer mi madre sopló las velas con la presencia de todos los integrantes de la familia sin excepción.
Las horas libres las dediqué a terminar con la última corrección de MVST y a centrar la última historia de esta serie que solo me ha reportado alegrías y buenos momentos. Tengo unas ganas de enseñaros las portadas de la primera trilogía…


     Me está costando plantear la estructura de CDSFYST. En mi cabeza la trama es de una manera y no acabo de encontrar cómo transmitirla a las páginas de forma lógica. Aunque poco a poco defino qué quiero y hasta dónde me interesa llegar.
     Por suerte mi cabeza tarde o temprano se centrará y encontrará la forma de darle un final a la altura a las peripecias de los chicos de Fort Lucas. Porque en el fondo tengo muy claro cómo ha de ser. Veo la luz al final del túnel, la apoteósica despedida de Julia, Zack, Kristie, Luke, Dennis, Steff, Swan, Penny, Ethan, Wyatt, Austin, Bryan, Rob, Maggi… ¡Ains! ¡Cuánto me han aportado estos personajes! Hay instantes en los que los echo tanto de menos que releo algún pedacito de su historia.


     Cuando las cosas van mal me animan, me despiertan sonrisas y me llenan de momento preciosos.
Me va a dar muchísima pena dejar atrás a este grupo, llevan acompañándome algo más de un año, se han convertido en parte de mi día a día y me ha encantado compartir con ellos sus peripecias dándoles color en el papel.
     A veces me preguntan cuál es mi novela preferida de las que he escrito. Para mí siempre gana la que tengo entre manos porque mientras escribo necesito que todo mi cuerpo sienta y se llene de las emociones de los personajes.


      Sin embargo le he dado muchas vueltas a cuál de mis protagonistas masculinos y femeninos prefiero y ahí sí tengo respuestas. Sin duda los hombres son Swan (MVST), Hugo (La baraja) y Matt (Un último día conmigo). Las mujeres Julia (trilogía Sin ti), Steff (MVST) y Margaret (Dúo).
    El sábado por la noche fuimos a escuchar a un grupo de música que nos encantó. Jazznesis (enlace). La cantante, Mar Vilaseca, creo que es una gran futura promesa de la música. Disfruté de versiones de canciones de los setenta en clave de jazz, con la voz de Mar en algunos instantes.

      ¡Feliz día! J