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El brillo de la esperanza

¡Buenos días! Hoy me despierto con la emoción de terminar una semana cargada de instantes alucinantes, con un sinfín de noticias de esas que pueden ser explosivas, brillantes y llenas de emoción, o pueden acabar en nada, en un callejón sin salida, en un final abrupto, pero emocionante.
¿Cómo encaráis esos momentos? ¿Es vuestra esperanza fuerte?
La mía lo suele ser. Soy soñadora, me ilusiono con rapidez y me implico en todo aunque luego no salga. Porque es mi naturaleza, la de sentir esas cosquillas de anticipación en el cuerpo, la ilusión crecer en mi interior cuando un nuevo proyecto puede irrumpir en mi vida.

Imagen de Bessi en Pixabay 

Y me gusta ser así. Aunque a veces la vida me lleva a redimensionar mis expectativas, no renuncio a la esperanza.
La esperanza para mí es multicolor, llena de instantes y de imaginación, de música, de luces brillantes, de fuegos artificiales.
Hay que ver siempre la parte positiva de los acontecimientos. Y vibrar con las posibilidades. Porque es la única manera de disfrutar de la vida, de encontrar pedacitos de felicidad, de sonreír. Y si las cosas no salen como creías, aprietas los dientes, buscas la experiencia positiva de la situación y sonríes. Porque la esperanza necesita de tus sonrisas.

Creer y sentir. Para mí esas son las dos premisas básicas. Creer en uno mismo, en conseguir tus metas, aunque sea a menor escala, en alcanzar esa ilusión trazada, en avanzar  hacia el lugar deseado. Y sentir la magia del camino, ese hormigueo en la piel cuando hay un avance, las mariposas en el estómago cuando recibes una noticia al respecto, la capacidad por imaginarse consiguiendo ese pedacito de cielo. 
A veces basta con experimentar con la mente la consecución de un objetivo, cerrar los ojos y vivirlo, permitir que la esperanza tinte de imágenes y sensaciones la idea de llegar ahí, como si por unos momentos pudieras hacerlo real.
Esperanza. Esa es la base para positivizar, para encontrar la medida exacta de ambición y no dejar nunca de soñar. 

Imagen de Jill Wellington en Pixabay 

Porque la esperanza es eso, soñar, desear, imaginar y sentir. Es dejarse llevar por la ilusión, es volar alto, es sonreír, es caminar por un sendero donde, a pesar de las curvas, solo ves las flores y el cielo azul, brillante, capaz de iluminarte incluso en la más oscura de las negruras.
Así que tengo esperanza. En encontrar un nuevo proyecto laboral de esos en el que pueda volcar toda mi emoción y energía, en encontrar muchos lectores para la maratón de publicaciones que se van a suceder en los próximos meses, para dar ese salto que me guardo en la chistera a nivel literario, que quizá consiga hacerme bailar de alegría en medio de una librería mientras lloro de emoción —si pasa, no me he vuelto loca, solo es mi felicidad y esa parte mía tan emotiva y sensible—, para seguir en la brecha.
¡Feliz día! J

El tiempo lo cura todo

¡Buenos días! Parece que dentro de poco volveremos a estar en casa, confinados, sin posibilidad de caminar con libertad por la calle o de disfrutar de nuestra independencia. Es duro ver cómo un virus es capaz de paralizar el mundo, de hacernos cambiar todas nuestras costumbres y de derrumbar la economía con esta contundencia.
Ojalá el destino nos traiga a todos esperanza y una buena dosis de ilusión porque cada día me enfrento más a personas perdidas en la oscuridad de este momento tan surrealista.

Foto de Olya Kobruseva en Pexels

Hace un año mi vida era tan diferente… Sentía de una forma muy alejada a la de ahora porque cuando has luchado con uñas y dientes por algo y se te escapa de las manos, o simplemente lo pierdes, cuesta encontrar el rumbo o, en mi caso, centrar las emociones.
Si alguien no admite algo así es que no es humano, porque cuando lo has dado todo por un trabajo y de repente se acaba, aunque sea en buenos términos, tu corazoncito no puede salir indemne, como mínimo si realmente te has implicado en ese trabajo y lo has sentido tan tuyo.
El tiempo lo cura todo. Es cierto y a la vez no lo es. Te ofrece perspectiva, te ayuda a ver las cosas desde otro ángulo, mitiga los sentimientos de forma que ya no son punzantes ni hirientes. Porque si siempre sintiéramos igual de intenso acabaríamos enfermos, ¿no?

Foto de Mochammad Algi en Pexels


A mí el paso del tiempo me ha ayudado a encontrarme. No sabía que estaba perdida, pero resulta que muchas veces hay que perderse para encontrarse, y tantos años sometida a un estrés elevado, con mil cosas en la cabeza, haciendo que mi mente trabajara al triple de una capacidad normal, implicándome tanto, me había hecho perder el foco y no disfrutar lo suficiente del camino. Aunque no me arrepiento lo más mínimo y el día que encuentre un nuevo reto laboral voy a volver a dar el cuatrocientos por ciento de mi implicación, porque la que es así, no cambia.
Lo que sí ha variado es cómo me enfrento a según qué situaciones, cómo las valoro y las encajo. Porque la serenidad de estos meses, sabiendo que no era un momento idóneo para encontrar un trabajo cuando a mi alrededor la gente lo pierde, me ha traído una nueva gestión de las emociones y me ha ayudado a encontrarme en esta nueva versión de mí misma donde identifico las amenazas venideras, busco las posibles soluciones, lo doy todo para lograrlas y no me angustio por todo aquello a lo que no puedo llegar o depende de los demás.

Foto de Claire Morgan en Pexels

Es una filosofía perfecta de vida, porque no he dejado de ser yo misma, de emocionarme con los retos, con las entrevistas, con las mil posibilidades de futuro, y sé que cuando aterrice en un nuevo trabajo voy a volcar todas mis energías en él. Pero sin sentir la presión de esa manera ni angustiarme por las variables incontrolables. 
Planificar a muerte. Pero sin perder la sonrisa ni dejarse llevar por la búsqueda infructuosa de solucionar lo imposible.
¡Feliz día! 

 

Protagonistas femeninas

¡Buenos días! Ayer se me fue el santo al cielo y no escribí en el blog. A veces necesito pararme a respirar y aprovechar la soledad de la mañana para darle vueltas a mil cosas importantes que me pasan por la cabeza.
Me encantaría decir que he decidido algo o que puedo decidirlo, pero no es así. No todo depende de mí y nada puede alinear los astros para cambiar las cosas e inclinarlas a mi favor, así que sigo indecisa, sin demasiadas esperanzas en desencallarme y escribiendo con la emoción de siempre. Por suerte eso no decae, es parte de mi día a día y me absorbe por completo llenándome la cabeza de ideas, de momentos, de personajes y de mil sentimientos.


Ayer mantuve una conversación interesante con una amiga acerca de mis protagonistas femeninas y con cuáles me sentía más identificada. De todas ellas la que más se parece a mí es sin duda Marta Noguera, la protagonista de El secreto de las cuartetas. Pero todas tienen una porción pequeñita de mi alma. Porque para crearlas necesito recurrir a mi interior.
Marta Noguera es una mujer perseverante que lucha con uñas y dientes para recuperar a su hija. A partir del momento en que descubre la conexión entre las profecías de Nostradamus y el rapto de la pequeña se convierte en una mejor versión de sí misma, convirtiéndose en autodidacta a la hora de descifrar las crípticas profecías sin perder nunca su parte más frágil.


Julia Nelson, protagonista de la trilogía Sin ti, tiene un carácter muy parecido al de mi hija y al mío cuando tenía su edad, aunque con los años lo he moldeado y en algunos aspectos es más parecida a Irene que a mí. Alegre, perseverante, caprichosa, luchadora, fiel a sus principios, con ideas un poco locas y mucho amor que dar.
De joven soñaba con tener una hija algún día llena de vitalidad, con compartir con ella muchas de mis aficiones, con ser un equipo compenetrado, pero la realidad es otra. Irene tiene ese don de Julia para conocer gente e integrarla en su grupo, con una vida social intensa. No le gusta bailar como a mí, no me acompaña en esa actividad como solía fantasear cuando todavía no tenía hijos ni confía tanto en mí como para contarme su vida. En realidad nuestra relación se parece a la de Aurora con su madre al principio de Rumbo a ninguna parte.


En muchas reseñas la han criticado, incluso han afirmado que es imposible tratarse así madre e hija. Pero tengo tantas amigas con hijas adolescentes en la misma situación que a veces me alucina leer esas afirmaciones de boca de chicas de la misma edad que Irene.
Ayer el canal de YouTube Amantes literarias publicó un vídeo con varias reseñas de ebooks y hablaron de Dúo (enlace).  A partir del minuto 7:27 de un vídeo de 10:01 minutos. ¡Todo capicúa! Me alegro un montón de que les haya gustado, esta historia es muy especial para mí. Y Romantic ediciones ha lanzado un gran sorteo con Perdida en la niebla en él (enlace). ¡Suerte a tod@s!

¡Feliz día! J

Afán lector

¡Buenos días! Ayer escribí un párrafo divertidísimo en mi actual novela y todavía estoy maravillada con esa realidad porque la vida me ha traído muchísimas cosas buenas y quizás la mejor sea la lectura y la capacidad de crear historias mías en el papel.
Leo una barbaridad desde que aprendí a juntar las letras, siempre he sido muy intensa a la hora de descubrir aventuras y de joven llegó un punto en el que me saqué el carnet de la biblioteca para devorar libros sin tregua. (Mi presupuesto no daba para tantos deseos lectores y mis estanterías rebosaban demasiado).


Empecé con lecturas para niñas porque apenas era una mocosa. Recuerdo que a los seis años tuve una enfermedad que me llevó al hospital durante quince días y lo único que mantuvo un poco cuerda fueron los libros. Lo curioso es que soy incapaz de saber cuál era esa serie que mi padre debía comprarme con una regularidad desesperante. Solo me recuerdo escondida tras las páginas mientras los médicos me examinaban en busca de una explicación a la embolia que me había dejado la parte izquierda del cuerpo paralizada y a la fiebre imposible de revertir. Al final resultó ser una enfermedad tropical llamada Fiebre Q y salí en los libros de medicina como un caso insólito porque jamás había viajado más allá de Europa. Dictaminaron que me había picado un mosquito portador…


A partir de ese momento mi afán lector se incrementó. A veces incluso desafiaba a mis padres escondida bajo las mantas en la cama por las noches, armada con una linterna y un libro.
Entonces ya sabía que de mayor quería crear esas historias, darles vida en un papel, encontrar la forma de convertirlas en uno de esos libros que devoraba con una necesidad voraz de averiguar cómo continuaban. Porque para mí eran magia, una sucesión de palabras capaces de arañar mis emociones e inundar mi corazón haciéndome vivir aventuras sin igual.
A veces, al hablar con personas ajenas al mundo lector ponen los ojos en blanco cuando les digo que suelo leerme unos doce o trece libros al mes. En muchas ocasiones me acusan de leer en diagonal. Y a veces lo hago, cuando esa novela no me acaba de convencer, pero en general no me salto nada porque suelen interesarme.


Creo que si no fuera escritora sería blogger de libros porque muchas veces siento la necesidad de hablar de ellos, pero desde mi posición jamás voy a opinar de forma pública del trabajo de una compañera. Sé cuánto se valoran esas reseñas y el daño que pueden hacer cuando no son positivas, así que me las callo o las hablo con mis amigas en privado.
Con los años he aprendido a encontrar mi gusto lector y a decidirme por novelas que se encuadran en él. Aunque llevo una temporadita que no acierto y acabo dándole vueltas a cómo es posible elegir tan mal o que autoras seguras me decepcionen. ¡Habrá que seguir buscando un libro que me emocione!

¡Feliz día! J

¿Te apuntas a un book tour?

¡Buenos días! Por fin he encontrado una lectura que me atrapa y me paso las horas libres enganchada al libro, con deseos de saber qué sucede y cómo va la autora a resolver las mil incógnitas presentadas. ¡Por fin un libro maravilloso!
Lo tengo claro, es la forma de narrar lo que logra engancharme o alejarme de la historia. Necesito pasión, que los párrafos exuden sentimientos, que las emociones sean palpables en cada escena y que se escriba mucho en pocas palabras.


Me gustaría pensar que mis novelas tienen una carga sentimental importante, como mínimo es mi intención al darle vida a las tramas.
A veces releo un trocito de una, le doy un par de vueltas, la siento crecer de nuevo en mi interior hasta apoderarse de mi corazón. No necesito más para transportarme a un instante en concreto, cuando escribí esa escena, y volver a sentir el torbellino de emociones que me asaltó mientras aporreaba las teclas con el frenesí de la inspiración.


Ojalá esos sentimientos traspasen las páginas para sacudiros un poco, se plasmen en las acciones, los diálogos, el avance de la historia. Ojalá esa maraña de emociones que se empeñan en asaltarme de una forma demasiado intensa para afrontarlas sin un teclado cerca saltaran de las palabras para llenar vuestros corazones.


Mientras escribo, muchas veces me sorprendo llorando, riendo, aguantando la respiración, con latidos acelerados, ansiedad, esperanza… Antes aspiraba a un imposible, ahora solo deseo haceros sentir esa magia de emocionarse a través de las palabras y ser capaz de visualizar las escenas acompañados de un aura llena de sentimientos.
Después de organizar dos libros viajeros (o book tours), y a la espera de recibir el primero de mis libros que han viajado de blog en blog, me he decidido a preparar uno de Un último día conmigo.


Bases:
 1. Si quieres participar comenta esta publicación desde el 13-7 hasta el lunes 17-7 a las 12:21.
 2. Solo serán 8 blogs.
 3. Enviaré la novela este mes de julio.
 4. Se puede quedar 15 días como máximo en cada parada.
 5. Se debe publicar una reseña del libro después de leerlo.
 6. Habrá un regalito para cada participante.
De momento ya hay tres blogs apuntados, ¿os apetece ser los que faltan para llenar el cupo?

¡Feliz día! J

¿Qué le dirías a los que empiezan?

¡Buenos días! El fin de semana ha sido perfecto, con dos días interesantes en la montaña acompañada de mi marido, la visita de mi suegra y los tíos de mi marido, un paseo con amigos y muchas horas para leer y reencontrarme con mis personajes escribiendo una nueva historia.
ECDA es una novela diferente a cómo la planteé. Cambia cada día, adaptándose a nuevas ideas, reorganizándose, sumando folios por delante y no por atrás… Y es que a veces la escritura me lleva hacia un lugar alejado del que en un inicio pensé y necesita una reestructuración de los inicios, con muchas horas de relectura y corrección.


Lo hago con ilusión, dándole vueltas a las nuevas tramas en mi cabeza, ordenando la información para crear laberintos llenos de emoción, viendo la forma en la que la historia encuentra su fluidez y sin dejar de sentir la emoción de aporrear las teclas del ordenador.
Hace poco contesté a una entrevista esa pregunta que casi siempre sale: ¿Qué le dirías a los que empiezan?  A ver, yo me siento siempre una principiante porque cada día aprendo algo nuevo. Y, a pesar de tener casi doce novelas publicadas y otras diez escritas, sigo considerándome una escritora pequeñita.


Mi respuesta siempre es la misma: disfruta del camino, no te rindas nunca, sé capaz de sentir la historia en tu interior y de saborear el proceso creativo sin dejar de ser feliz al proyectar y escribir.
El mundo literario no es fácil, o como mínimo nunca lo ha sido para mí. Tardé trece años en publicar mi primera novela y fue autopublicación en Amazon. Pasé unas épocas horribles, con la frustración como compañera. Me enfrenté a una realidad muy distinta a la esperada, con el alma continuamente en espera y los nervios crispados.


Hasta que un día descubrí la magia de escribir, la felicidad de reunir a unas cuantas amigas que me leían y comentaban mis manuscritos, de vibrar con cada creación, con cada protagonista, con cada historia. Y entonces entendí lo verdaderamente importante: disfrutar de la escritura.
Crear los tableros de Pinterest mientras dibujo la trama en mi mente, la banda sonora para darle un tono, los sentimientos que van a escaparse al papel, un mundo paralelo… Eso es lo que me impulsa a no dejar nunca de escribir ni de soñar.


El viernes salió una nueva reseña de Un día más sin ti en el blog Estoy entre páginas (enlace). Cristina parece contenta con los giros de la trama, con los nuevos personajes, con la intensidad de la escritura… Es bonito leer estas opiniones…

¡Feliz día! J   

La prudencia ante todo

¡Buenos días! Mientras me planteo cómo encarar algunas tramas de mi nueva novela en la cabeza preparo cosas para las antiguas, las repaso, las releo, las siento de nuevo crecer en mi interior.
De los muchos mensajes que recibo para que os cuente algo acerca de No puedo vivir sin ti hay algunos que me hacen sonreír por cómo se describen los sentimientos de la lectora en ellos.  Es bonito sentirme acompañada por ellas y saber que mis «niños» han logrado llegarles al alma.


No puedo hablar todavía de la novela, no me dejan ni publicar la sinopsis, pero prometo una trama llena de intensidad, pasión, acción y muchos obstáculos para superar. Un final bonito, aunque con un toque. Un epílogo necesario para cerrar la historia. Y unos personajes que han evolucionado con el tiempo, aunque sin perder nunca su identidad.
Llevo demasiado tiempo hablándoos de ellos, dejando una huella impresa de lo que significan Julia y Zack para mí, intentando desligarme de un par de personas inventadas que se han introducido en mi alma para tatuar ahí su esencia, sus nombres, su paso por mis libros. Supongo que necesito desengancharme.


Estas últimas semanas me han pasado algunas cosas sorprendentes. Todavía me quedo absorta muchas veces releyendo los mensajes, reviviendo las llamadas telefónicas, asimilando los e-mails…
Es una sensación extraña, de irrealidad, junto con una vocecita que me susurra al oído que no va a pasar nada grande después, que solo es una nota de ilusión exenta de esperanza.


Hace unos años hubiera saltado de emoción, hubiera llorado como una idiota, me hubiera puesto a temblar, a tartamudear incluso al coger el teléfono, emocionada, saboreando la posibilidad de tocar el cielo, a la espera de ese quimérico momento donde todo cobrara sentido.
Y ahora… Pues me parece genial, para qué nos vamos a engañar, pero se impone la prudencia. Porque al final es como cuando buscas trabajo, puedes ir a muchas entrevistas con la ilusión de saber que te han venido a buscar para acudir, pero al final encontrarte con que no os entendéis o con que hay otro candidato mejor.


Vale, me voy a permitir tirar dos cohetes, a sonreír, porque al final se trata de disfrutar la parte positiva de cada instante, pero nunca más me voy a dejar arrastrar por la ilusoria sensación de que algo grande está por venir. Con algo pequeñito me conformo…
La pura verdad, esa que subyace en el fondo de mi corazón, es que la vida me ha llevado a un lugar donde valoro cada logro como si fuera el mejor y en el que aprecio cada una de las metas conseguidas, aunque sean a pequeña escala. Y a veces es mejor quedarse con una pequeña victoria que desear ganar una guerra imposible.

¡Feliz día! J

Templar el carácter

¡Buenos días! Sigo sin solucionar del todo mi problema de internet en casa, aunque he conseguido navegar con el ordenador. Parece mentira lo difícil que es acostumbrarse a la falta de tecnología, volver a mirar la tele convencional, estar desconectado del mundo…
Últimamente se suceden las noticias interesantes, pero me he dado cuenta de que me tomo las cosas de una forma diferente. No me deslumbran las llamadas ni las propuestas porque tengo un sexto sentido que me indica una realidad diferente a la de antes. Quizás no salga nada y acabe en el mismo lugar en pocos días y no quiero vivir pendiente de una espera interminable.


El paso de los años me ha cambiado en muchísimos aspectos. A veces, cuando doy vida a un personaje y me planteo cuál va a ser su evolución, me entra miedo en algunos aspectos porque me parece difícil un cambio demasiado agresivo.
Se puede moldear el carácter, encontrar una senda para avanzar hacia un estadio distinto, pero en el fondo hay una forma de ser que subyace siempre. Si eres frío y metódico no puedes convertirte de repente en temperamental, pasional y lleno de sentimientos. Tampoco puede pasar al revés.


El ejemplo más claro de esta realidad es Lúa, la protagonista indiscutible de Un último día conmigo. Es una mujer racional, con una tendencia insana a aprisionar sus sentimientos sin darles salida, incapaz muchas veces de dejarse llevar, con una rigidez de carácter que va flexibilizándose poco a poco, pero nunca llega al otro extremo.
Eso mismo me ha pasado a mí. He perdido ese idealismo del inicio, esa emoción primaria que me hacía sentir a punto de dar un giro a mi vida, esa sensación de estar en la cresta de la ola, presa de las esperas. Con el tiempo he atemperado esas emociones, convirtiéndolas en las que me llevan a crear historias, a moldear un mundo ajeno a mi ahora, a sumergirme en tramas intensas.


Ya no veo una escalera interminable frente a mí ni me imagino en la cima en cuatro segundos. Pienso cada giro, medito con tranquilidad y le doy la dimensión justa a cada instante. No quiero dar un paso en falso porque me he deslumbrado ni tirar cohetes antes de hora ni dar saltitos de alegría por pequeños logros. Prefiero pisar suelo firme, encontrar una senda realista y ser feliz sin construir castillos en el aire.


Estas últimas dos semanas se han llenado de llamadas imprevistas. Hace unos años hubiera dado saltitos de alegría, en cambio ahora mi reacción es más templada. Prefiero ser más fría, analizar a realidad y no dejarme llevar sin tener un mínimo de seguridad. Aunque nunca dejaré de sonreír ante estas emocionantes llamadas ni de ver el lado maravilloso de haber llegado hasta aquí. Pase lo que pase esa parte es increíble.

¡Feliz día! J

Emociones

¡Buenos días! El calor abrasador sigue ahogando las calles de Barcelona. Es asfixiante, pero a mí me gusta más el calor que el frío, la niebla o la lluvia.
Ayer tuve una preciosa conversación con una amiga. Cuando pronuncio esa palabra se me llena la boca con una ilusión intensa, dándome cuenta de su significado, de los años trascurridos desde que me parecía un sustantivo hueco en mi vida.


Amiga. Ufff, ese concepto se me escapaba de joven, cuando lo único importante para mí eran esas historias que llenaban mi cabeza de mil sensaciones, de mil ideas, de mil personas que no conocía, pero me parecían reales.
A veces necesitaba quedarme quieta, cerrar los ojos y respirar para ver cómo enfrentaba las emociones que me invadían sin previo aviso. Eran como un huracán que arrasaba con mi serenidad, como si de repente mi cuerpo fuera presa de un amasijo de sensaciones ajenas al momento.


Tenía una empatía demasiado arraigada con los protagonistas de las películas, series y libros que devoraba sin recuperar el resuello, enganchada a las páginas de las novelas sin despagar los ojos de las mágicas palabras que me engullían en un remolino de emociones. Y a veces pensaba en ellos, en mis historias particulares, aquellas que me inventaba cada noche antes de sucumbir al sueño, y esas sensaciones se expandían por mi cuerpo como si fueran un veneno para mi serenidad, como si no les importara el momento o mi realidad.


En esa época no sabía cómo centrar esa maraña inconexa de sentimientos ni cómo encarar la necesidad de mi mente de darles vida a las historias leídas o inventadas. Porque a veces me detenía en medio de una clase, de una conversación, de una cena, de cualquier instante y algo me recordaba a aquel personaje varado en una página de un libro, de una pantalla o de mi imaginación. Y necesitaba saber qué le pasaba, materializarlo para agarrar su mano y hacerle mil preguntas, convertirlo en mi verdadero amigo y pasear con él por mi realidad.


Lloro con facilidad al leer o ver películas, de emoción, de tristeza, de empatía, de felicidad. Siento cien veces más que los demás. Me cuesta no hacerlo. Pero durante demasiados años no sabía cómo contener ese mundo de emociones. Hasta que decidí internarme en mis mundos paralelos, dejarlos salir en un folio de Word, formar palabras, frases y párrafos llenos de significado, cargándolos de esa carga emocional que me ahogaba.


Os quiero dejar la reseña que la administradora del blog Tesorera de libros publicó ayer sobre Cada día te espero a ti (enlace). Poco a poco la web se llena de opiniones, de reseñas, de personas que hablan acerca de Julia y Zack, de Fort Lucas, de Swan (aixxxxx, mi Swan), del Maggi’s, de esa historia que me arrebató el alma durante demasiado tiempo, llevándome a Texas con mil emociones.

¡Feliz día! J     

La magia de los libros

¡Buenos días! El calor se ha instaurado en Barcelona llenándome de asfixia durante las horas diurnas. Por suerte en la oficina gozamos de un perfecto aire acondicionado, mi casa es muy fresca y tengo la suerte de contar con una piscina a la que ir algunas tardes.
Ayer cambié radicalmente mi idea de pasarme las horas libres encerrada en casa escribiendo. Esta vez voy a escribir despacio (lo digo muy en serio). Quiero dar cabida a la lectura, al sol, a los paseos a la luz del ocaso, a las conversaciones largas y a las relaciones con mis amistades. Creo que necesito regresar a un lugar donde pueda abarcar otras actividades aparte de mi frenética necesidad de aporrear las teclas.


Cierro los ojos y recuerdo la visión que tenía de niña de los escritores. Me parecían dioses, personas superiores, seres encerrados en un cuarto aislado donde daban salida a sus ideas para crear magia. Porque para mí los libros eran eso, una sucesión de encantamientos que me trasportaban con la mente a otro lugar donde me convertía en una heroína que surcaba el mundo con las emociones a flor de piel.
Cada noche me dormía soñando convertirme en uno de esos especímenes que lograban arrancarme sonrisas, lágrimas, ansiedades, ilusiones y esperanzas. Quería ser capaz de dotar las páginas de sentimiento, crear personajes con carácter definido, enredarme en las tramas, dejar volar mi imaginación más allá de los confines conocidos.


Mis historias poblaban esa mente hiperactiva de siempre, me alejaban de la gente, me poseían, me llenaban la cabeza de sensaciones, de ansiedades, de desventuras, de la emoción de ser parte de una historia y conseguir dirigir sus hilos.
A veces esa imaginación traspasaba los límites para poseerme de una forma demasiado real, como si pudiera ser parte de mis invenciones. Soñaba despierta, me convertía en esa protagonista que presidía mi inspiración y actuaba extraño. A veces demasiado.
Con los años asenté cada una de mis capacidades, conseguí dejar para el papel las historias inventadas y vivir mi vida con la emoción que merecía, centrando mi realidad, encuadrando cada uno de mis mundos en su lugar, sin interferir entre ellos más allá de unos límites.


A medida que avanzo en esta profesión descubro que nada es como me lo imaginaba. Los escritores somos personas corrientes, con vidas, familias, trabajos, ilusiones, angustias y esperanzas. Somos de carne y hueso, no hacemos magia, solo intentamos dotar las palabras del hechizo necesario para traspasar el papel y llevar al lector a vivir la aventura que ocupa nuestras mentes de forma obsesiva durante un tiempo.
Ayer salió una reseña de Un día más sin ti a la que temía (enlace). Emma, del blog Historias de algodón, fue una de las lectoras a las que Julia no le cayó bien, bastante crítica con CDTEAT y con muchos peros… Igualmente cuando la editorial me propuso mandarle la continuación decidí arriesgarme porque en la vida hay que escuchar y entender que cada uno tiene su forma de pensar, aunque duela a veces y no sea el mismo que el mío. Valió la pena. Aunque no le haya encantado parece que le ha dejado la intriga para seguir leyendo la última parte de la entrega y ha encontrado algunas cosas positivas.

¡Feliz día! J

Los sueños se cumplen

¡Buenos días! A veces los sueños se cumplen… Solo a veces… Aunque sean sueños redimensionados, aunque tarden años, aunque las cosas salgan diferentes a como mi imaginación las ideo de niña, los sueños se cumplen.
Cuando cierro los ojos recuerdo esa imagen de una larga cola frente al FNAC para firmar libros, el reencuentro con personas queridas, la idea de conocer a alguna lectora, el calor de sentirme acompañada por los míos…


Sin embrago ahora soy feliz con la realidad, mucho más feliz de lo que una vez imaginé. Cuatro libros publicados con editorial, dos más que llegan en los próximos meses, proyectos, mensajes de lectoras, sensaciones mágicas… No se puede pedir más…
Este fin de semana tengo el Book’s ladder, donde presentaré la segunda parte de la trilogía de Zack y Julia. Estoy nerviosa con esta novela, Un día más sin ti porque para mí tiene un punto importante de intensidad, es la de en medio, la que ni empieza ni termina, aunque hay una trama que se inicia aquí y termina en No puedo vivir sin ti.


Y es que nuestro querido malvado se vuelve cada vez peor. Me encantó dar vida a este villano porque tiene una mente maquiavélica, no hace daño de manera directa, es retorcido, siempre busca cómo herir sin ensuciarse las manos.
Aunque quizás al final de la novela parece otra cosa…
Recordad que el libro está en pre-venta con la posibilidad de pedirlo firmado (enlace) si lo ponéis en las notas durante el proceso de compra.


Estoy ilusionada, nerviosa y llena de emociones por este Sant Jordi. Quizás no voy a tener esa enorme cola de mis sueños infantiles ni voy a reencontrarme con personas de mi pasado, pero seguro que sí estaré acompañada de personas importantes para mí.
Me encantaría veros, saludaros, abrazaros y compartir con vosotros mi alegría de este día.

 ¡Feliz día! J

Los sentimentos se amotinan

¡Buenos días! El miércoles tuve una comida increíble con Carme Prtas, la presentadora de Un último día conmigo. Me encantó cómo ha preparado sus notas para explicar algunas partes de la novela y me sentí contenta de escuchar sus opiniones.
Siempre que me explican las sensaciones de mis historias me instan a buscar la manera de llevarlas a la pantalla porque son muy visuales. Para escribir mi cuerpo entra en una especie de trance, se conecta en la distancia con los personajes, los toca, los siente y los vive. Es difícil de explicar, a veces ni yo misma lo entiendo… 


Esa comunión entre mis dos mundos consigue hilvanar la trama, dotarla de sentimiento, llenarla de tacto, olor, sabor y emociones.
Soy incapaz de no sentir, de no empatizar con los demás, de no ponerme en la piel del personaje. Quizás por eso no suelo dominar la cantidad ingente de ideas inconexas que se apoderan de mi mente y disparan nostalgias absurdas.
Es como una dependencia con el pasado que a veces me asalta, como si en algunos instantes no fuera capaz de controlar esa mirada hacia atrás para sentirme cerca de quien no debería. Entonces recaigo y envío mensajes que no debería, siempre con esa absurda ilusión de recuperar una parte de mi alma perdida en esos momentos. Aunque sea una idiotez porque cuando alguien no quiere regresar a tu vida no vale la pena intentarlo.


Mis sentimientos se amotinaron después del reencuentro con David y Margarita, pugnaron por salir a la superficie, por apoderarse de mi piel. Crecieron, inundaron mis venas de esa nostalgia positiva y me invadieron.
No me arrepiento de los mensajes ni de los sentimientos ni de la emoción con la que intenté recuperar una parte de un pasado muerto y enterrado porque me ayudó a darme cuenta de cuánto he madurado estos años porque apenas sentí unas brasas de decepción. Soy muy feliz, tengo tantas novedades maravillosas en mi vida que esta vez el dolor solo me duró unos segundos.


Nunca me cansaré de darles las gracias a las maravillosas mujeres que me acompañan en la vida porque gracias a ellas he dejado atrás esa coraza de inseguridad, me he desprendido de la sensación de caminar en la cuerda floja y he aprendido el valor real de la amistad. Y eso es lo que vale, las personas que me acompañan y me quieren por cómo soy.
Siento demasiado, pienso en exceso, mi mente parece conectada a un cable de encendido a todas horas y se niega a apagarse muchas veces, pero con el tiempo ha entendido el veredero valor de lo mucho que he conseguido estos años. Querer compartirlo con personas del pasado es algo mágico, pero lo realmente increíble es tener a mi lado a la gente que de verdad lleva años apoyándome, queriéndome, mostrándome con actos y palabras lo que significa la verdadera amistad.

¡Feliz día! J