Sigo corrigiendo.....


            Sigo corrigiendo, buscando la manera de tocar la novela sin dañar la estructura y la historia. Incluso pienso que la parte pasional de los personajes me gusta y está bien medida, aunque si una experta me dice que no es cierto debo escucharla, ¿no?
            La verdad es que soy una persona a la que no le cuesta nada escuchar y seguir los consejos de los demás, no pienso que lo mío es lo mejor ni que ya he nacido enseñada. Me ha costado un esfuerzo considerable llegar hasta aquí, he pasado mucho de mi tiempo aprendiendo, leyendo, buscando la manera de mejorar los escritos y la técnica. Y si me dicen que todavía me faltan cosas que aprender, pues sigo estudiando.
            Ya he comentado en muchas ocasiones que para mí El Secreto de las Cuartetas es mi novela más importante, una a la que me une un sentimiento difícil de olvidar. Marta Noguera es una mujer con mucha fuerza, un personaje que atrapa al lector por su propia historia, por sus descubrimientos, por su vida truncada de repente.
            Construir a Marta no me fue difícil, incluso la historia, que mezcla las profecías de Nostradamus con la historia reciente, salió sola, fue edificándose a una velocidad pasmosa, llenando el papel sin detenerse. Era como si las palabras y las sensaciones me ahogaran si las dejaba dentro, como si las tuviera en la tráquea, entorpeciendo el tráfico de aire hasta que les permitía surcar el teclado con rapidez.
            Lo mismo me sucedió con La Baraja. La idea cuajó una Semana Santa, subiendo por los telearrastres del Puigmal, mientras mi mente se enzarzaba con la creación de algo nuevo, de algo relacionado con el Tarot, unas cartas que había estudiado de pequeña y que guardaban muchos secretos.
            A principios de mayo del año pasado inicié la escritura. Había imaginado a Pam Casas, la protagonista, de una manera, pero a medida que me introducía en su historia iba cambiando, adquiriendo una personalidad que no cuadraba en absoluto con la mujer que había ideado al principio.
            Es curiosa esa manera de escribir que tengo y no puedo abandonar. La idea del principio se va transformando a medida que me siento delante del ordenador y mi mente teje la trama. Y entonces no me queda otro remedio que ir adelante y atrás, retocando momentos, escenas, sentimientos para que cuadren con lo que acabo de escribir.
            Quizás los lazos afectivos con La Baraja son más endebles por lo rápido que la escribí. En mayo empecé y a finales de julio la acabé, 202 folios de una tirada, casi sin respirar. Y la historia enganchaba y era original y le gustaba a mi agente y estaba bien estructurada, y…
            Ahora que la he retomado me siento orgullosa de haberla escrito. Poco a poco le voy otorgando el cariño que se merece, situándola en el lugar que le corresponde. Creo, y no quiero resultar soberbia, que tiene una trama interesante en la que se cruzan otras mucha subtramas. Pero lo que también aprecio es que el ritmo trepidante que estoy rebajando es parte de la intriga y de la propia novela, igual que la carga emocional de los personajes y todo cuanto rodea a La Baraja que busca Pam y muchos otros.
            Ayer Jordi apuntaba a que pinto mi manera de corregir un tanto bucólica. Pues para mí lo es. Me siento en el exterior, en el jardín, con el ordenador abierto en el regazo. Permito que la brisa me acaricie mientras leo y releo y vuelvo a releer una y otra vez los capítulos. ¡Me encanta estar en contacto con el exterior! Siempre he necesitado luz natural para trabajar, y me encanta hacerlo al aire libre. Muchas veces me voy a la piscina con el ordenador o a un parque o a cualquier lugar donde no permanezca encerrada entre cuatro paredes. ¡Por eso el verano es la mejor época para mí!
            Bueno, mañana os seguiré contando cosas, ¿OK?
            ¡Feliz fin de semana a todos!

Corrigiendo....

            ¡Buenos y preciosos días! Parece que el verano ha decidido a instalarse al fin en el clima y nos está regalando los días de sol y playa que clamábamos desde el inicio de las vacaciones. ¡Ya era hora! ¡Que más que un pueblo de la Costa Brava parecía que estuviera en Siberia!
            Hoy voy a hacer una entradita corta, que ayer tuve una cena con unos amigos y me fui a dormir tarde. ¡Mirad a qué horas escribo! La verdad es que fue una cena muy divertida, ¡la risoterapia me sentó a las mil maravillas! ¡Y cené un montón! Demasiado, diría yo, porque todavía tengo el arroz esperando a que mi estómago se digne a digerirlo,…
            ¡En fin! Ayer me pasé toda la tarde estirada en una hamaca en el jardín trabajando en le novela. Mi hijo se había ido con unos amigos a pasar el día fuera, mi marido se había llevado a mi hija y a su amiga a dar una vuelta en barca y mis padres se habían ido a jugar a Bridge. ¡Así que encontré la soledad necesaria para encar la corrección!
            Para ser crítica y realista, he de decir que la novela tiene algunas de las carencias a las que apuntaba Lola, pero en general creo que su sensación de estrés tiene más que ver con la carga emocional de los personajes y las circunstancias a las que se enfrentan. Y me está costando mucho rebajar esa carga, porque es parte de la historia, ¡sus descubrimientos resquebrajarían la coraza que protege a cualquiera!
            Estoy intentando buscar una alternativa, escribir algunas pausas y no tener al lector tan inmerso en el sentimiento que emana de las páginas, pero me está costando mucho. Tengo el problema de que la historia me gusta y en algunos momentos me atrapa. ¡Y eso que me la sé de memoria!
            Las pocas personas que la han leído me han hecho algunas indicaciones al respecto de la trama que he escuchado y meditado. Pero todos coinciden en que la novela tiene una historia que atrae al lector y que despierta la suficiente intriga como para seguir leyendo sin parar. ¡Y eso es algo muy positivo para mi autoestima!
            Tengo la intención de seguir adelante con la corrección, de buscar la manera de rebajar ese ritmo trepidante que a mí me gusta tanto en una novela, y que busco siempre que leo, para conseguir un producto más a la altura de las expectativas de mi agente.
            Aunque sigo tranquila en lo que se refiere a publicar y ya no lo tengo como una meta necesaria para avanzar, sí he visto algo en el tiempo que le estoy dedicando a La Baraja. Creo que tanto esta novela como los dos secretos (El Secreto de las Cuartetas y El Secreto de los Cristales) son lo suficientemente interesantes como para luchar por ellas.
             Así que voy a seguir adelante con el blog, con las correcciones y con la esperanza de algún día ver mis sueños cumplidos, aunque no sea de la manera tradicional y tarde muuucho tiempo. Y, sobre todo, lo voy a hacer con ilusión, alegría y sin presión. ¿Qué os parece? 
            ¡Hasta mañana y feliz viernes!

Un poco más de prigenios

            ¡Qué rápido me están pasando los días! Es como si el reloj se adelantara solo y no tuviera ni tiempo de ver cómo los segundos caminan incansables hacia un nuevo día. La mañana la pasmos en el mar, navegando y bañándonos en calas preciosas, con unas aguas cristalinas que te regalan la visión de los fondos marinos. Los mediodías los paso estirada en la hamaca del jardín, con el ordenador abierto en el regazo, puliendo La Baraja, y las tardes se suceden entre la clase de vela de la niña, paseos por el pueblo, por Palafruguell, por los alrededores. Y mientras espero a que mis dos hijos aparezcan para cenar, vuelvo a abrir el ordenador, para corregir un poquito más.
            No me estresa escribir, es parte de mi vida, si no pudiera encontrar esos momentos de soledad para darle al teclado me marchitaría. Ahora que lo hago sin obsesiones nublándome el raciocinio disfruto con cada segundo que paso frente al ordenador, creando, puliendo, releyendo las historias que ya he hilvanado e ideando la nuestra Los Cobres de la Evolución. ¿Qué os parece el nuevo título?
            Estos días me he encontrado a varias personas de mi pasado, unas que fueron muy amigas y otras que no tanto. Y me ha hecho mucha ilusión saber de sus vidas, volver a verlas, descubrir cómo han cambiado los rumbos de nuestras existencias. ¡Soy tan diferente de cuando venía aquí los veranos de jovencita! A la luz de los encuentros he descubierto lo mucho que la vida me ha regalado, la seguridad que he ido ganando con los años, mis cambios, mis nuevos anhelos, las ilusiones que me aportan las nuevas amistades. Siempre suspiro por no perder el contacto con todas las personas que han sido importantes en mi devenir, tanto las pasadas como las presentes. Soy feliz sintiendo a la gente cerca, teniendo su cariño y dándoles el mío, porque, ¿qué sería de nosotros si no compartimos nuestros afectos?  
            Me han pedido que no adelante demasiado la trama, que mucha gente está de vacaciones y no tiene tiempo para leer cada día la entrada. Y como quien me conoce ya sabe que soy metódica y perseverante, que si me prometí a mí misma escribir un post diario lo voy a hacer, pues me parece bien la propuesta de una de mis amigas: la trama sólo avanzará un día a la semana hasta final de agosto, ¿os parece bien los miércoles?, el resto lo usaré para divagar acerca de la historia y de los datos que han de documentar. ¿Os parece bien?
              ….Bien, he mirado la Web que me sugirió M. y he decidido incorporar unos pequeños cambios a los prigenios: en los albores de la civilización egipcia existían otras tres muy importantes: la Hattusa, la Egea y la dinastía Shang, así que vamos a hacer algo distinto con esos prigenios: vamos a hacerlos nacer a cada uno en una de esas civilizaciones, como signo de que la evolución se inicia en cada una de ellas.
            Siguiendo el hilo del comentario de José Antonio, he decidido hacer lo siguiente: en el sexto capítulo, cuando tenemos a Vladymir en las escaleras, sólo aportaremos una pequeña dosis de información acerca de los prigenios. Luego incidiremos en él, en su oscuro pasado, en su búsqueda de los cofres, en cómo encontró los otros tres y absorbió su poder, desarrollando casi al máximo su cerebro.
            Y en el capítulo siguiente, el séptimo, nos iremos atrás en el tiempo, hasta la época donde nacieron los instigadores de la historia para sembrar las bases del resto de la novela. Se dará una visión de cada uno de los cuatro niños, de la manera en la que se interrelacionan cerebralmente, de sus visiones del futuro de la humanidad y de la manera en la que deciden investigar cómo entorpecer a la naturaleza.
            Lo de la dualidad lo encuentro importante para el relato y la trama que tengo en la cabeza. Ellos experimentan con todos los niños que nacen evolucionados, pero lo hacen por separado, cada uno en su lugar de origen. Nunca se encuentran físicamente, lo hacen a través de la telepatía y de sus sensaciones.
            Cuando esconden el secreto de la evolución en los cofres se distribuyen el trabajo y deciden no volver a contactar nunca más, para evitar que nadie les relacione en un futuro. Lo de la marca en forma de media luna lo olvidaremos, realmente se parece demasiado a El Secreto de las Cuartetas, así que no habrá rasgo distintivo para ellos.
            Durante unas generaciones se constata que ha funcionado su método para frenar la evolución en los humanos. Sólo en contadas ocasiones hay un nacimiento que los alerta. Los descendientes de los prigenios se convierten en guardianes y son bendecidos con el don de detectar a los evolucionados en el momento de su nacimiento. Su misión consiste en erradicarlos y en conservar el secreto de los cofres.
            Un milenio después nace Isaac, un niño que ha evolucionado hacia otro estadio superior, uno que la naturaleza le ha concedido para evitar ser detectado por los guardianes. Isaac crece conservando todo su potencial y es capaz de escuchar las mentes de los descendientes de los prigenios….
            Así se acaba el capítulo, iniciando un nuevo misterio. ¿Quiénes son los malos? ¿Isaac? ¿Los prigenios? ¿Qué lazos los unen con Vladymir? ¿Y con Sara? ¿Y con Ignacio? ¿Y con Úrsula y Andrea?
            ¡Mañana más!
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La historia de los prigenios

  
          ¡Buenos días! Últimamente me estoy retrasando en las entradas, ya lo sé, ¡pero es que estoy de vacaciones! No voy a dejar de escribir, eso está claro, si dejo que las historias germinen en mi interior sin darles salida acaban ahogándome, sin embargo ya no tengo mi rutina diaria y me cuesta un poco más encontrar el espacio para aporrear el teclado.
            Ayer la zona de comentarios fue un desierto total, pero las estadísticas matutinas muestran que tuve 53 visitas a lo largo del día. ¡Es una pasada! ¡Gracias! Yo pensaba que en agosto el blog descendería en lectores y que tendría que replantearme el ritmo de la historia….
            ¿Qué os parece si hacemos un alto en la trama y analizamos a los prigenios e Isaac? Tanto M. como José Antonio tenían un poco de lío mental, y he de confesar que yo también. ¡Cómo siempre escribo en solitario y puedo ir adelante y atrás sin problema! Pensad que es la primera vez que tengo lectores, en mi familia nadie me lee y hasta la fecha escribía las novelas a mi ritmo, rápido y seguro, cambiando la trama a medida que mi cabeza tejía nuevos matices. ¡Por eso el otro día os dije que estaba todo desordenado!
            Bien, vamos a repasar lo que tenemos hasta ahora de los prigenios: por decisión popular  de los comentaristas del blog nacieron al inicio de la época egipcia. Entre ellos se estableció una conexión desde el momento en el que empezaron a hablar, se sentían en la distancia, se comunicaban a través de su mente y eran distintos a todos los de su entorno.
            Su comprensión de las cosas que les rodeaba distaba años luz de sus compañeros y familiares, tenían unas capacidades fuera de lo común para esa época y podían dar una explicación coherente a muchos de los misterios que los envolvían.
            A una edad temprana se buscaron. Todos habían nacido en el mismo año, todos tenían las mismas marcas de nacimiento bajo la espalda, una mancha marronosa en forma de media luna, y todos habían comprendido que eran la nueva etapa evolutiva de los humanos. Sus congéneres sólo utilizaban una porción diminuta del cerebro, un cerebro que la naturaleza había preparado para dar un salto cualitativo en las facultades que otorgaría a las nuevas generaciones.
            Al principio se establecieron cerca de Tebas, en un lugar apartado, sin mostrar al mundo la nueva realidad. Sus ansias de saber, de descubrir a otros como ellos, de compartir sabiduría con los demás, los llevaron a utilizar su potencial para sembrar ideas revolucionarias en las personas influyentes del reino y así dotar a la comunidad de recursos médicos, científicos y arquitectónicos.
            Sus intenciones eran buenas, tenían buen corazón y la mente abierta para compartir con los demás su realidad, pero al mismo tiempo se mostraban prudentes, a la espera de acontecimientos. Cuando las primeras tramas palaciegas les descubrieron las luchas que las ansias de poder desataban entre los suyos, empezaron a dudar de seguir alentando a la población a avanzar hacia un destino común, por eso se detuvieron en su afán de compartir sus saberes.
Se dedicaron entonces a estudiar de manera intensa a toda la población egipcia, en busca de las señales que les mostraran lo que los indicios ya les indicaban a gritos: que la naturaleza humana es dual, que la maldad y la bondad conviven en ella de manera desigual, que la balanza no siempre se inclina hacia el mismo lado y que muchas veces el mal gana la batalla al bien.
En ese instante, a la edad de catorce años, se replantearon sus ideales y decidieron buscar la manera de investigar más allá del tiempo para averiguar qué destino les esperaba a los humanos. Sabían que había otros como ellos, nacidos en otra generación, una generación que había engendrado a diez niños evolucionados. La conexión que los unía a todos les había puesto en contacto y se habían metido sin dificultad en sus mentes para llamarlos.
            Gracias a sus capacidades lograron entender cómo romper la linealidad del tiempo sin necesidad de moverse del sitio, su mente funcionó como una antena parabólica que recibía imágenes inconexas de un futuro lejano, igual que les pasaría en los años venideros a los profetas. Las desgracias que vieron les rompieron el corazón: batallas sangrientas para conseguir dominar los dones de los evolucionados, personas con la marca bajo la espalda que utilizaban sus adelantos genéticos para subyugar a sus compatriotas, sangre, ansias de poder, maldad aplastando la bondad,…
            Esas visiones les hicieron cambiar su forma de ver la vida. Decidieron encontrar la manera de frenar el avance evolutivo en la raza, una raza condenada por su naturaleza dual. Los cuatro se erigieron como los guardianes de la media luna y empezaron a investigar con los recién llegados, niños con sus mismas capacidades, niños que eran una amenaza para la humanidad, niños que se convirtieron en cobayas y decantaron la balanza de los prigenios. Porque aunque sus intenciones eran nobles, sus métodos los acercaron a la maldad que querían erradicar.
            A partir de ese instante se dedicaron a encontrar la manera de anular la evolución, así que rastrearon cada nacimiento, llamando a los nacidos con sus dones para estudiarlos y matarlos cuando ya no les servían, porque no podían dejar que sucediera lo que habían visto y esos niños eran una amenaza para la raza humana.
Diez años después habían encontrado la manera de neutralizar a la naturaleza. Utilizaron ese saber en la humanidad, encriptaron todos sus descubrimientos en unos papiros que dotaron de propiedades increíbles para que no se ajaran con el paso de los años y los encerraron en cuatro cofres con una media luna grabada en la tapa. Y se despidieron con la promesa de crear cada uno una estirpe de guardianes que debían proteger los cofres y erradicar a los que escaparan a sus manipulaciones.
            Lo que en un inicio era bondad y protección los había erigido como una comunidad con fines un tanto dudosos. A partir de ese instante los descendientes de los prigenios gozaron de una única capacidad: la de detectar con la mente a los pocos evolucionados que nacieran para poder atraerlos y deshacerse de ellos. Pero no contaron con la nueva evolución, una que consiguió traer al mundo a Isaac, un niño capaz de evitar su rastreo…
            ¿Qué tal? ¡Quiero opiniones! ¿Ya no hay tanto lío mental? ¿O vuelvo hacia atrás? 
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Los prigenios e Isaac (la trama 13)

         Ayer el sol nos concedió una tregua a lo veraneantes, lució impoluto, con astucia, alegre y dicharachero y se dignó a broncearme un poquito la piel que estaba más blanca que de costumbre por la falta de días espléndidos. ¡Así que estoy contenta! Aunque mi niña no tuvo su clase de vela por falta de viento, ¡no se puede tener todo!
            Aquí los días transcurren deprisa, es como si de repente los minutos se me hubieran escurrido de las manos y casi no hubiera tenido tiempo de percatarme de su avance silencioso. Mi hijo mayor está en pleno inicio de la adolescencia, se pasa el día acompañado de un grupo de amigos y amigas, disfrutando, viviendo nuevas experiencias. Mi niña no se separa de su amiga del alma, la misma de siempre, con la que se ven todo el año y se lo pasan en grande. Mis padres también están en la casa, siempre dispuestos a pasar un rato agradable charlando y contando anécdotas. Mi marido y yo tenemos tiempo para descansar, pasear, ir en bici,… ¡Lo que no encuentro es espacio para el pulido de La Baraja! Cuando abro el ordenador y lo intento… ¡zas! Aparece alguien y se me esfuma la soledad que necesito. Así que de momento avanzo a paso de tortuga.
            Le he dado vueltas a la trama de nuestro relato y al título. Las preguntas de José Antonio eran muy acertadas, porque todavía no había tenido tiempo de madurar el momento histórico en el que aparecen los cuatro niños con una evolución genética distinta a los demás. Ayer hice los deberes un poquito. Os cuento: no pueden aparecer en la prehistoria, en esos momentos el hombre estaba demasiado retrasado en su evolución como para dar un salto tan increíble, así que necesitaríamos situarnos en las primeras civilizaciones, cuando el hombre estaba suficientemente adelantado como para enfrentarse a un nuevo estadio evolutivo. ¿En la civilización egipcia? ¿En la griega? ¿En la romana? ¡Escribid ideas!
            En cuanto al título, mi idea no era enlazar la historia con el Génesis (eso ya lo trate en mi primera novela: La Luna de Ónixon), más bien se trata de frenar los avances genéticos de la especie, ralentizar su evolución y condenarlos a una utilización ínfima de su cerebro, un cerebro que ha sido creado para funcionar a pleno rendimiento. Con ese acto nuestros antepasados entorpecieron el progreso de la humanidad y quién sabe qué más,… Así que podríamos titular el relato: Los Cofres del Saber. ¿Qué os parece?
            …Bueno, habíamos dejado a Vladimir en la escalera, recordando la historia del inicio, cuando los cuatro niños, ya adultos, escondieron el secreto de la evolución en cuatro cofres y se separaron para preservarlo. Por un lado pretendían salvar a la humanidad de las ansias de poder, de las guerras, de la lucha por conseguir los dones concedidos a unos pocos,… Pero por el otro sus métodos fueron discutibles, utilizaron como cobayas a los nacidos con avances evolutivos, encontrándolos a través de la telepatía, metiéndose en las mentes de todos los recién nacidos,.
            Durante los milenios posteriores los descendientes de los cuatro prigenios se han dedicado a preservar los cofres y a erradicar a los pocos que nacieran con alguno de los dones, puesto que el método para frenar la evolución no es infalible y la naturaleza ha logrado salvar los obstáculos en algunos momentos puntuales. Sólo unos pocos han conocido la existencia de los cofres y han sido elegidos para convertirse en rastreadores
            Pero hubo un caso que se les escapó, un niño nacido al mismo tiempo en el que se ocultaba el secreto con un don especial: la capacidad de bloquear la telepatía de los pigenios y mantenerse a salvo. Isaac crea una estirpe de humanos evolucionados, a cada generación nace algún descendiente con sus mismas capacidades, pero pocos sobreviven a la caza. Sin embargo algunos se salvan….
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Vladimir y los cofres (la trama 12)

            ¡Hola! Hoy no sé si voy a ser capaz de proseguir con la trama, todos mis circuitos están de vacaciones y esta casa está llena de gente y barullo durante el día, ¡un barullo encantador y dicharachero que me ayuda a olvidar por unos días el estrés del trabajo! ¡Pero también me distrae de las novelas, los relatos, la lectura y los escritos! Es como si el tener muchísimas cosas que procesar mi cerebro se apartara de la realidad cotidiana y me regalara unos días de descanso. ¡Me he levantado a las 7.11! ¡Es increíble!
            Ayer logré ir al mar. El día se abrió bastante tarde, pero nos regaló unas horotas de sol y calor. ¡Y el mar estaba genial! La barca estaba llena a rebosar de amigos y niños, no había demasiados vecinos en la cala y la trasparencia del agua era maravillosa. Y hoy parece que tendremos un día genial.
            Quiero mandar un beso muy grande a mis compañeros de trabajo. ¡Están todos en la oficina! Espero que me echéis un poquito a faltar. ¡Aunque me consta que tenéis un montón de trabajo! M., Senda, no os canséis mucho, ¡y pensad que me acuerdo de vosotras! ¡Y también en los demás! ¡Un Besico!
            ¡Vamos allá! ¡A ver si logro seguir con la trama!
            …. Ahora cambiamos de capítulo. Dejamos a Ignacio y a Sara en el callejón, con el atacante desaparecido, la chica sangrando en el suelo y el mago acercándose a gran velocidad. Es la hora de hablar del hombre de las escaleras y dar algunas pistas acerca de su pasado y de su conexión.
            En casa de Sara el hombre misterioso que amenaza a la joven con la mirada sigue quieto en la penumbra, en el rellano de las escaleras. Las sombras de la noche esconden su físico, sólo se entrevé una silueta alta, delgada, con largos cabellos lacios que caen al lado del rostro de manera un tanto descuidada. Su postura es estática, casi pétrea, como si fuera una escultura. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho, con las manos abiertas a ambos lados de las mejillas, unas manos que desafían la oscuridad con su palidez extrema, sus largos y finos dedos, las uñas cuidadas y un poco crecidas. Sus ojos negros relucen en la negrura, como si fueran dos faros iluminando la noche con un brillo especial.
            En la mente del hombre se leen los años de aprendizaje, sus múltiples crímenes en pos de la búsqueda de los cofres, de la sabiduría que esconden, del poder que de ellos emana para una persona que logre dominar sus secretos. Y él es esa persona, el único capaz de desafiar los obstáculos que se presentan en el camino, con un férreo control de las emociones y una clara determinación.
            Se llama Vladimir, proviene de las legendarias tierras de Transilvania, del lugar donde los mitos hablan de vampiros, del Conde Drácula, de Vlad el Empalador, de sangre, de los hombres adoradores de la oscuridad, moradores de las sombras. Él odia la luz, el día, el sol. Adora la noche, la luna, la negrura, los instantes en los que su figura queda relegada a la invisibilidad y sólo sus ojos poderosos logran caminar tranquilos por las sendas de la maldad.
            Los cofres que busca aparecieron en el origen de los tiempos, cuando cuatro niños nacieron con una evolución genética que los adelantaba a su tiempo y les concedía unos poderes infinitos. Eran dos hombres y dos mujeres, pertenecientes a cuatro familias, capaces de dominar los cuatro elementos, de hablar con la mente, de volar con los pensamientos, de mover objetos sin tocarlos, de encender el fuego sin utensilios, de trasportarse de un lugar a otro, de recibir imágenes inconexas del devenir de los tiempos, de poseer a otros con la mirada, de entrar en sus mentes, de leer sus pensamientos…
            La visión de las luchas y el horror que despertaría en la humanidad la evolución genética que estaba prevista los previno acerca de la necesidad de encontrar la manera de frenarla, de relegarla a un lugar escondido y recóndito, de albergar el poder dentro de cuatro cofres donde se guardaban unas instrucciones encriptadas acerca de cómo reconducir la verdadera evolución en los hombres.
            Durante cuarenta años esos cuatro niños estudiaron la manera de frenar los avances genéticos previstos para el futuro y erradicaron a los que nacieron con esos avances. En pos de la ciencia los estudiaron, experimentaron con ellos, los utilizaron como conejillos de indias para encontrar la manera de dejarlos sin sus poderes, sin sus posibilidades de avanzar, de explorar los dones que la genética les había concedido.
            Esas prácticas les convirtieron en unos seres despreciables, quienes por el bien de la humanidad se dedicaron a prácticas sangrientas, deshaciéndose de sus congéneres, de sus iguales, condenando a sus hijos a no ostentar sus dones, relegando a la humanidad a una evolución distinta a la prevista por la naturaleza. Eso los convirtió en seres de la noche, oscuros, extraños, perversos.
            Un solo hombre se salvó de sus experimentos. Era un niño llamado Isaac, nacido en un paraje lejano, un tanto apartado. El chico tenía una conexión especial con el fuego y podía bloquear sin dificultad los embistes de sus iguales, quienes buscaban a los elegidos por la evolución metiéndose en sus mentes….
            ¡Ups! Mañana más, ¡qué es demasiado largo!!!!!    
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