¿Giramos la bola del mundo?

11:14 Pat Casalà 2 Comments

¡Buenos días! Mi mente parece decidida a aparcar las ideas para disfrutar de unas merecidas vacaciones. No quiere idear historias ni pararse a pensar en las ya escritas, se dedica a llenarme de serenidad, como si los días solo contuvieran una lenta melodía llena de notas interesantes.
Por las tardes me dedico a hacer recados, a llevar los libros a destinatarios interesados en comprarlos y a planear viajes que de momento no voy a hacer. Para mí el Skyscanner es adictivo. Me encanta poner fechas de salida y de llegada desde Barcelona a cualquier lugar y así explorar los posibles destinos, con la emoción de descubrir el millar de opciones que ofrecen.


De momento este año nos toca quedarnos en casa hasta que nos digan la fecha del viaje a USA de mi niña y pasarnos los días soñando despiertos con destinos increíbles sin decidirnos a ir a ninguno.
La idea de pasar un verano tranquilo en mi casa de la Cerdanya, acompañada del Mac y sin otra obligación que tomar el sol, pasear, escribir, leer y disfrutar de la naturaleza sin los horarios rígidos de la rutina laboral me parece la mejor opción viable para desconectar un tiempo, pero no descarto conseguir un tiempo para hacer algo diferente, como coger el coche y perdernos por las playas del sur de España unos días…


Me apetece tomar el sol, no pensar en las obligaciones, alejarme del móvil, de las redes sociales, de las búsquedas en Internet, de cualquier cosa que sea una obligación.
Si pudiera pondría rumbo a ninguna parte, giraría la bola del mundo de Bruno y Aurora para decidir un destino cada pocos meses para visitar mil sitos interesantes. Pero la posibilidad de llenar una mochila con cuatro cosas para volar a sitios desconocidos sin pensar en otra cosa que disfrutar del momento parece demasiado alejada de mi realidad.


Los títulos de mis novelas siempre tienen una mención especial en sus páginas, son palabras que pronuncia uno de los personajes o ideas acerca de la trama que cobran mucho sentido al leerla.
Rumbo a ninguna parte saca su título de la idea de Aurora del futuro, resumida en este diálogo con Bruno:

—¿De verdad te gustaría desaparecer? —pregunta el chico sin soltarla—. ¿A dónde irías?
—Pondría rumbo a ninguna parte. —Aurora se permite una leve sonrisa—. Me encantaría hacer lo mismo que Lucas y Sara en la serie Los Hombres de Paco… No me mires así. Me encantaba esa historia de amor.
Él le acaricia la mano con delicadeza, deseoso de acercarla otra vez.
—¡Eres una friki! ¿Los Hombres de Paco?  —Se carcajea un segundo y ella esgrime una mueca de vergüenza—. ¡No te lo tomes así! No te imagino enganchada a esa serie tan cutre… Cuéntame lo que hacen esos dos, me has dejado intrigado.
—No les dejan estar juntos por la diferencia de edad y deciden escaparse. —Se muerde el labio inferior—. Para elegir el destino ruedan una bola del mundo con los ojos cerrados y fijan su rumbo donde quedan sus dedos unidos al detenerse. Les sale Madagascar.
—Sería increíble hacer algo así.
—A mí me gustaría cambiar de lugar cada medio año, no echar raíces, trabajar un tiempo en cada sitio, con una mochila, sin más obligaciones que ser feliz. Y cada seis meses rodar la bola del mundo, a ver dónde me lleva el azar.
—¡Mola! Pero siempre llega el momento de quedarse en algún sitio, ¿no? Ser un trotamundos está bien unos años, pero no toda la vida.


¡Feliz día! J

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