Con la música a otra parte

7:07 Pat Casalà 4 Comments

      ¡Buenos días! Uffff, hoy de bueno no tiene nada… Hace más fresco que los últimos días y el suelo está húmedo tras la lluvia de la noche. Esta primavera es extraña, el tiempo oscila constantemente, como si pudiera bajar y subir con naturalidad las temperaturas del termómetro.
      Ayer fue un día de emociones, lleno de instantes álgidos, de recuerdos y de pensamientos intensos, de aquellos que te abstraen del presente para presentarte un futuro multicolor. 
     Mientras cientos de personas le decían el último adiós a Marco Rossi, uno de los componentes del mítico grupo Los Mustang, compañero musical de mi padre durante los últimos dieciséis años y gran amigo de la familia, mis recuerdos me remontaban a instantes del pasado, donde compartimos escapadas con él.
      Y mi cabeza, ávida de darle vueltas a las cosas, se percató de algo. Mientras mi padre se despedía con unas emotivas palabras pensé en cómo debe sentirse, igual que cuando hablaron Ariadna, Marta, Álex y Sandra. En instantes puntuales de la ceremonia mi padre y Betito tocaron con sus guitarras temas que interpretaban con Marco. ¡Fue increíble!
     Para rendirle el homenaje final mi padre aprovechó las grabaciones de los solos de Marco para acompañarle con su guitarra, junto a Betito. Y fue precioso. A un músico se le debe despedir con acordes, componiendo una sonrisa y recordándolo rindiendo homenaje a  su arte.

      Hay veces en las que un acto nos conmina a sentir, a imaginarnos a nosotros en ese lugar, a pensar cómo será nuestra despedida. Ojalá pueda terminar mi vida con ese derroche de personas que me quieran, es importante dejar una huella de tu paso por el mundo gracias a tus acciones con los demás.

La Web de mi padre y Marco está llena de su música (enlace). Es precioso tener un amigo así al lado, disfrutar de él durante años y tener tanto que ofrecer al mundo. La música es un medio de expresarse increíble, consigue emocionar, hablar sin necesidad de palabras, levantarte el vello del cuerpo y hacerte llorar, reír, sorprenderte…
      Cuando los primeros acordes de Santana sonaron en la  guitarra de mi padre recordé los años en Calella, cuando esa misma melodía nos acompañaba en la hora de la siesta. Cuando habló de nuestra escapada a Courchevel con Marco, Carmina y sus hijos, lloré, porque fueron momentos maravillosos de nuestras vidas. Y me vino a la memoria el único día que canté con mi padre y Marco, junto a mi hermana, al celebrar los sesenta años de mi padre. ¡Desafino tanto! Jejejeje, pero gracias a sus consejos conseguí entonar por una vez…
     Quizás la vida me llene de buenos amigos, es importante rodearse de gente que te quiera, tener a tu familia al lado, no permitir que el tiempo y la distancia estropeen cualquier vínculo con la felicidad.

¡Feliz día! J

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