Una semana más....


            ¡Buenos días! Empezamos otra semana con la mayor de las alegrías y una gran energía para acompañarnos en los últimos días antes de la llegada de la Navidad. ¡Ya tengo la casa decorada! ¡Y todos los regalos comprados, envueltos y preparados para irse a las manos de sus propietarios! ¡Qué ganas tengo de ver sus reacciones!!!
            Esa es para mí la magia de la Navidad: regalar objetos que encierren algún sentimiento, que alegren la vida a las personas que tenemos alrededor, que les ayuden a cumplir alguna de sus ilusiones. Aunque a veces cumplir estas premisas sea difícil…
            Y, como no, también me encanta dar vueltas por mi ciudad, caminar por las calles iluminadas, escuchar la música que ambienta algunos lugares, ver los disfraces navideños que inundan las tiendas y disfrutar con las decoraciones con las que se visten muchos escaparates.
            No es la fiebre consumista lo que me impulsa a salir a la calle a remover cielo y tierra para encontrar el preciado tesoro que hacer llegar a las manos de mis familiares, es más la esencia de descubrir las ideas que han aterrizado en las estanterías, los cachivaches que las llenan con su callada manera de anunciar los adelantos que nos invaden. Evidentemente algunos son útiles y otros no dejan de ser meros instrumentos para vaciar los bolsillos, pero siempre se aprende algo nuevo al verlos.
            La verdad es que me espera un maratón de semana, así que voy a intentar no fallecer en el camino…. ¡Aunque todo lo que me viene por delante me hace muchísima ilusión! Los primeros tres d´çias de la semana tengo una acumulación de trabajo que no me va a permitir ni respirar. El martes tengo la función de mi hija en el colegio, el jueves una comida de empresa y una cena con las amigas, el viernes otra cena con unos amigos y el sábado ya es Nochebuena, ¡así que a cocinar! Si a eso le sumo la comida de Navidad y la de San Estevan, ¡casi voy a necesitar un globo para desplazarme el día 27! ¡Es que no sé si voy a pesar demasiado como para levantarme por mi propio pie!
            Todos tenemos cantidad de celebraciones, comidas, cenas y alegrías esta semana. Se trata de vivir al máximo estos momentos de felicidad y cercanía con los nuestros, de disfrutar de cada conversación, de cada instante, de cada segundo y permitir que la esencia misma de las fiestas nos alegre el corazón.
            Vamos a intentar aparcar las angustias y las penas por unos días y a compartir la alegría con nuestras familias y amigos, así cogeremos fuerzas para iniciar un año 2012 con un montón de energía positiva. ¡A ver si este año todo se arregla para todos!
            Tengo muchísimas esperanzas puestas en este nuevo año, algo me dice que va a ser grande para todos, que vamos a encontrar nuestros caminos y que el sol va a brillar otra vez. ¡Tarde o temprano esta maldita crisis ha de terminar!
            Me encantaría lanzar un globo sonda de optimismo para aquellas familias que lo están pasando mal y alegrarles un poquito, a ver si esta Navidad pueden disfrutar de reunirse con sus allegados y entre todos logran componer una estampa perfecta.
            Si en una familia hay alguien con dificultades seguro que uniendo esfuerzos se puede celebrar una gran comida navideña. Si cada uno de los miembros de esa familia aporta su granito de arena se puede lograr algo mágico, una comida perfecta, unas horas de ilusión, felicidad y alegría.
            Y… ¡Me estoy repitiendo! ¡Debe ser el espíritu navideño y la película ñoña que vi ayer! Bueno, mañana continuaremos con Los Cofres del Saber, que ya va siendo hora de avanzar con la historia, y hoy casi lo voy a dejar aquí, que está visto que la inspiración me ha abandonado…
            ¡Así que me voy a trabajar!!!

Mi lista de regalos


            ¡Buenos días! El domingo se despierta con intensas sensaciones tras unos sueños increíbles. Parce que mi cabeza no se resigna a retener las novelas y me bombardea con ellas mientras duermo. ¡He vivido una súper aventura de Pam! ¡Y parecía tan real!
            Esperemos que las cosas vayan asentándose y recupere el tiempo para teclear, que entre trabajo, compras y decoraciones casi no he tocado mi ordenador pequeño. ¡Además estoy en un capítulo que me está costando muchísimo!
            Ayer compré regalos estupendos, de esos que tienen alma y ayudan a componer sonrisas en todos los rostros ajados que encuentro en el camino. ¡Espero ansiosa el día de Navidad para ponerlos bajo el árbol! ¡Y para ver sonreír a la gente que quiero! Eso es un gran regalo para mí.
            La atmósfera que no acompaña este año es densa y cargada. A medida que escruto los rostros de las personas que circulan por la calle, sentada en un banco o caminando entre ellos, me doy cuenta de la crispación, los nervios y la destemplanza que nos acompaña. Es como si esta maldita crisis se estuviera llevando la capacidad de vivir con ilusión.
            Quizás llevamos demasiado tiempo dándole importancia a los regalos materiales, a la cantidad de dinero que cuesta uno en concreto, sin pararnos a pensar en nuestras necesidades reales, en lo que de verdad vamos a usar, en nuestras prioridades absolutas.
            Muchas veces se desea algo con fervor porque creemos que nos va a conceder un trocito de esa felicidad que buscamos desesperadamente, pero cuando lo tenemos entre las manos sólo nos concede unos instantes de ilusión que luego se desvanece al desear otra cosa aún mejor.
            Es como si nos hubiéramos convertido en máquinas programadas para desear y no gozar de la consecución de los deseos, como si la facilidad con la que logramos muchas de las cosas en la vida nos hiciera pensar que todo es sencillo, que con sólo desear se puede obtener. Y eso es algo que debemos cambiar, porque muchas veces se ha de luchar con uñas y dientes para lograr algo y se ha de aprender a valorarlo de otra manera y, sobre todo, se ha de aprender a alargar la ilusión de haberlo conseguido.
            A medida que pasan los años voy aprendiendo a no pedir ni necesitar cosas materiales, así que mis anhelos se concentran en ilusiones, sueños y esperanzas. Eso es lo que yo pido: tener a mi familia al lado, verlos sonreír, sentir y vibrar; estar con mis amigas y amigos, que me quieran por lo que soy y nunca por lo que crean que aparento, que sean felices, que pasemos buenos ratos, que seamos capaces de reírnos juntos,…; caminar por la vida con una mochila cargada de ilusiones, unas que puedan convertirse en esperanzas y que algún día puedan cobrar forma.
            ¿Y por qué no pedir unos sueños multicolores? ¿Por qué no pintar nuestra vida con un  arco iris que irradie luz y felicidad? ¿Por qué no abandonar la tristeza y la ansiedad que produce el querer más y concentrarnos en vivir lo que tenemos? Siempre he creído que ese es el camino. Ya lo decía mi abuela: “no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”.
            Así que yo ya le he pedido la lista de deseos a Papá Noel, una donde la luz sea lo que ilumine a los míos y a todos los que la necesiten, que encuentre la manera de hacer llegar un trocito de esperanza a cada uno de los corazones que laten en este mundo y que quizás por un día todos podamos encontrar la manera de sonreír a la vez.
            A ver si la magia de la Navidad me ayuda a lograrlo….
            ¡Pasad un gran día!

Regalando ilusión...


            ¡Buenos días!!! El sol parece que vuelve a acompañarnos en una jornada donde el viento ha barrido todas las nubes del cielo con su porte altivo y arrogante, soplando con fiereza toda la noche y emitiendo un silbido susurrante que anunciaba su dominio imperturbable.
            En mi interior también sopla ese pequeño huracán. Es como si vapuleara cada uno de mis sentimientos y fuera despejando las nubes que no me dejan ver el horizonte, aquellas que se vuelven opacas en algunos momentos. Puedo escuchar sus envistes internos y vislumbrar cómo arrasa los rincones negruzcos para permitirle al sol reinar y concederme una sonrisa como la que ahora se asienta en mi cara.
            ¡Es fin de semana! ¡Y uno de los más maravillosos del año! Ya os dije que me encanta salir a comprar, ¡y si encima puedo gastar!!! Y es que me toca la tarea de terminar las compras navideñas, de caminar por la calle mirando escaparates, entrando en tiendas, buscando entre miles de cosas y decidiéndome por las que más se ajustan a la persona a la que van destinada.
            ¡Es tan mágico ver los rostros de felicidad cuando alguien abre un paquete y le gusta lo que has elegido con mimo e ilusión! En esos instantes valen la pena los desvelos y las vueltas que has dado para encontrar el regalo idóneo, para sorprender, para alegrarle el día…
            Es igual el valor material de lo que regalas, a veces es más importante el camino que te ha llevado a decidirte por ese regalo en concreto que el dinero pagado por él. Para mí lo importante siempre es el alma del objeto, la ilusión con la que se ha entregado, las ideas que han envuelto a la persona que me lo ofrece, la emoción que palpo en ella al ir destapando lentamente esa sorpresa…
            Así que esta mañana y esta tarde me pasaré las horas que hagan falta para rebuscar entre los millones de objetos e ideas que pueblan las tiendas para encontrar los regalos perfectos que depositar debajo del árbol la semana que viene. ¡Es que queda una semana para Navidad!
            ¡Y también he de poner el árbol en casa! ¡Y adornarlo! ¡Y pensar en el capón relleno que preparo en Nocvhebuena! ¡Y en el aperitivo! ¡Y en todo lo que envuelve esa mágica noche! Si os digo la verdad pienso un poquito en Pam (la protagonista de La Baraja)… ¡Es que esa noche mágica cambia su vida!… ¿Podría cambiar la mía también? ¿Y podría Papá Noel traerme el regalo que deseo desde pequeña? ¡Eso sí que sería mágico! ¡Pero con vuestras sonrisas me voy a conformar!
           Ayer fue la cena de Navidad de una de mis empresas. Las voy a llamar así porque es como las empiezo a sentir. ¡Y en parte a mí me correspondió la tarea de organizarla! Encontré un restaurante genial, con un menú perfecto y fue una cena muy agradable.
           Lo mejor de las empresas en las que trabajo es la gente que las forman, ¡son geniales! Comprometidos, solidarios, alegres, agradables,… ¡Es un lujo trabajar con personas así! O sea que a ver si el destino me tiene reservado mucho tiempo para estar ahí,…
            ¡Hicimos un amigo invisible! ¡Y fue divertido! Todos los regalos estuvieron pensados, medidos y muy acertados. ¡A mí me regalaron un libro de los misterios de la ciencia! Con esto de los mundos paralelos a mi amigo invisible le pareció que cuadraba conmigo… ¡Ya os contaré! ¡Parece un libro interesante! ¡Uno para unir a mi colección particular de fuentes de inspiración!
            ¿Y sabéis lo que más me gustó? Me dijeron que yo daba un poquito de alegría a la oficina… ¡Eso es un gran regalo para mí! Es que ya sabéis cómo me gustan las sonrisas ajenas,…
            ¡Y ahora me voy a duchar! ¡Que las tiendas me esperan!
            ¡Feliz día a todos!

Sentimientos....


             ¡Buenos días! Tras unas entradas de peticiones, deseos, regalos y realismo quiero hablar acerca de los sentimientos, de aquellos que no logramos dominar y que nos impulsan a ver la vida de una manera y a vivirla a veces distinto de cómo nuestra razón la descubre.
            Estos últimos días varias personas que se han aficionado a leer mi blog me han comentado que mis escritos son muy emotivos, muy visuales en cuanto a sensaciones, que transmiten un estado de ánimo, una ilusión, un dolor o un sentimientos concreto, incluso hay una chica que va apuntando en un gráfico mis vaivenes y tiene una curva muy interesante sobre mi manera de sentirme por las mañanas…
            Me he quedado pensando acerca de ello, de cómo se puede lograr que las palabras destilen emociones, que puedan mostrar algo tan difícil como mi forma de encarar la jornada cada mañana.
            Y sí, es cierto, tengo algún que otro traqueteo emocional, quizás deberíamos aprender a mirar el día que se nos abre con perspectiva y no dejarnos atrapar por los sentimientos rebeldes que nos invaden lentamente, pero la lucha de la razón contra la emoción es un círculo sin fin.
            ¿Quién no ha actuado nunca en contra de lo que pensaba? ¿Impulsado sólo por un deseo, una atracción, una necesidad, una ilusión? ¿Quién no ha aparcado en momentos puntuales sus razonamientos para perseguir una quimera? Son pocos los que pueden contestar que nunca. ¡Y la verdad es que dejarse llevar por los sentimientos es algo mágico! Aunque a veces acabe mal.
            Mientras escribo estas palabras yo siento fluir mi inspiración por cada poro de mi piel, es como si las Musas se dedicaran a disparar unas cosquillas en el estomago, una respiración un poco más acelerada, un pequeño zumbido en las orejas y una sonrisa que se me instala en la cara para demostrar que todo mi cuerpo siente cada una de las frases que se cuelan en el papel.
            ¿Qué sería la vida sin esos sentimientos tan fuertes? La mía no valdría nada, porque las emociones son las que me ayudan a construir ilusiones, las que amurallan mis sueños, las que erigen un camino llego de flores y fragancias que me acompañan en la vida y la colman de felicidad.
            Y sí, soy excesivamente sentimental. Siento en todo momento, me emociono con facilidad, lloro sin mucha dificultad y también soy capaz de irrumpir en una ira irracional o de que un dolor intenso me atrape cuando algo me hiere. Quizás se diría que además soy temperamental…
            Pero soy feliz sintiendo, soñando, emocionándome… Siempre he creído que mis novelas se visten de esas emociones y las expresan en todo momento, que mis personajes pueden transmitir sus pensamientos y sus reacciones, que pueden expresarse mediante los sentimientos y que inducen al lector a sentir lo mismo que ellos.
            Mientras escribo sonrío. También suelo morderme el labio inferior y suspiro mucho, como si las emociones que quiero compartir con la blogosfera fueran tomando cuerpo ante mí y formaran una gran nube de colores que me despierta sonrisas, suspiros, alegrías, hormigueo en la piel, cosquillas en el estómago…
            Y sí, normalmente soy muy optimista y positiva. ¡Me gusta mirar el vaso medio lleno y fantasear! Aunque hay momentos en los que necesito recapacitar y redefinir mi situación. Y en realidad soy metódica, estructurada y bastante realista, pero no puedo negar que la fantasía forma parte de mi vida…
            Me dejo llevar poco por los sentimientos, aunque a veces me ahogan y gritan para hacerse oír. ¡Es que son tan intensos! Pero la estructura que rige mi cabeza es muy difícil de doblegar, así que la lucha encarnizada entre mis sentimientos y mi razón suele zarandearme con fiereza.
            ¡Cuánta contradicción! ¡Casi me voy a trabajar a ver si me aclaro!

Bajar de las nubes


            ¡Buenos días!
         Mi trabajo parece que prospera. A partir de enero mis obligaciones laborales abarcarán mayores responsabilidades y, evidentemente, mi tiempo de dedicación será intenso. ¡Me voy a sumergir en la contabilidad, la fiscalidad, los recursos humanos, las compras, los pagos y la administración de cinco empresas!!! Y lo voy a hacer con poca ayuda, así que no me queda otra que empezar a ver cómo encajo todas mis otras obligaciones familiares, el baile, el blog, los libros, los sueños y las esperanzas… ¡Tengo la impresión de que no me va a quedar tiempo ni para pensar!
            Por un lado me hace ilusión, yo decidí estudiar esa carrera y dedicarme a llevar los números de las empresas, y, si tenemos en cuenta mi tendencia a controlar el gasto particular con unas plantillas de Excel que preparo en mayo de un año para el siguiente, el hecho de que confíen en mí para una tarea tan importante es algo que me llena de orgullo… Pero por el otro siento que abandono mi sueño, que lo aparco, que estoy perdiendo el tren de las horas para dedicárselo, que es una especie de final donde estoy castrando la posibilidad de subir los peldaños de esa larga escalera hacia una cima brumosa y lejana.
            ¡Atrás ha quedado esa fiebre creativa del acueducto! Y no es por falta de ganas o de inspiración, sino por falta de algo tan valioso como es el tiempo…Yo sería feliz con todas las horas del día para aporrear el teclado y permitir que mis mundos paralelos coparan las hojas de este papel.       Pero la verdad es que el tiempo pasa, los años se acumulan y no se puede vivir sólo de sueños, esperanzas y deseos. Hay un momento en el que debes abandonar las nubes para tocar de pies al suelo y en el que debes comprender que tu arte no paga las facturas ni las necesidades familiares que tú misma te has creado. Y ese momento me llegó ya hace unos meses, pero no quise verlo….
            No es que esté atravesando una crisis de frustración como cuando empecé en el blog ni que esté triste ni nada por el estilo, es sólo que la realidad se ha impuesto y que las circunstancias han querido que el destino escoja un camino por mí, como mínimo por un tiempo, el necesario para ver si vale la pena seguir apostando por las novelas o con las frases que compongo aquí ya colmo mis ansias creativas.
            ¡Ojalá el Papá Noel haya escuchado mi petición de regalo! ¡Ojalá el destino vuelva a girar la bola que lo lleva a moverse y me abra un camino de baldosas amarillas para volver a soñar y a vivir en las nubes! ¡Ojalá realmente este mes de enero pueda emprender un viaje de larga duración! Pero de momento debo atenerme al montón de trabajo que se me viene encima, a mi compromiso con el blog y a mis obligaciones diarias.
            No puedo abandonar del todo la escritura, nunca lo haré, pero la falta de horas para que mi cabeza se interne en las tramas y las traspase al papel van a dilatar muchísimo la finalización de una novela, así como las correcciones y pulidos posteriores. ¡Y es que la concentración es algo que no se puede conseguir en ratitos libres que apenas dejan espacio para entrar y salir de la historia!
            Recuerdo cuando pensaba que valía la pena apostar por mi sueño, cuando creía que todo iba a ser de cuento de hadas, cuando mi agente me envió aquel primer mail y pensé: “si alguien de su talla cree en mi trabajo vale la pena seguir”… Todos estos años me ha empujado esa premisa, he creído en ella, he suspirado por ella y he soñado en que fuera suficiente, pero el mundo sigue girando y el paso de los años sigue pesando y la falta de noticias empieza a hacerme dudar…
            Antes la espera interminable de un mail de respuesta y de alguna palabra por parte de la agencia era un foco de ansiedad, ahora es una constatación de que debo seguir el nuevo camino, de que el tiempo dirá qué me tiene reservado el destino, pero desde luego nuestra capacidad de sentirnos motivados no puede depender siempre de palabras que se pierden en el limbo o nunca llegan.
            Si realmente este mes de enero se va a iniciar la búsqueda de editorial para La Baraja sé que los tiempos de espera pueden ser largos y pesados y que no necesariamente las cosas tienen que acabar como yo deseo, así que estar súper ocupada me va a ayudar a no pensar, a no pasarme el día pendiente del mail y del telefono, a no sentir el apremio del tiempo, a no esperar, esperar y esperar… ¡Auqnue no estaría mal que la magia de Papá Noel me echara una mano….!
¡Feliz día!

Pidiendo un regalo a Papá Noel...


            ¡Buenos días! Estoy agotada y todavía no ha empezado el día… ¡Espero ser capaz de aguantar este ritmo sin desfallecer! Es que lo de levantarme a las seis para no faltar a la cita diaria con el blog sin haberme detenido ayer hasta las diez y cuarto de la noche se me hace un poquito duro… ¡Y con mis problemas de sueño! Pero aquí me tenéis, dispuesta a internarme en la rutina y a no descuidar las entradas…
            Se acercan las fiestas navideñas, las calles se visten de luces, colores e ilusión. Los escaparates, las porterías y las casas lucen árboles adornados con bolas rojas, doradas, plateadas,… ¡Y empieza una temporada de comidas, cenas, celebraciones y familia!
            ¿A quién no le gusta reunirse con todos sus familiares para celebrar estas fechas? ¿Quién no disfruta con la ilusión de los niños al esperar con ansia sus regalos? ¡Son unas fiestas maravillosas! A mí me recuerdan la idea de la magia que tenía cuando era pequeña, la expectación con la que esperaba a los reyes y al Papá Noel, las historias con las que adornaba su llegada y sus visitas,…
            Este año sólo me pido algo que necesita un poquito de esa magia navideña que inunda los corazones infantiles, es un regalo que colmaría de golpe todas mis esperanzas y todos los esfuerzos que he invertido estos últimos años,… ¿Me habré portado bien este año? ¿Tendrá Papá Noel una sorpresa para mí?
            Bueno, dicen que la esperanza es lo último que se pierde, que todos debemos poner un poquito de ilusión en cada uno de los sueños que tenemos y pensar que son posibles, así llamamos a la suerte y nos regalamos la posibilidad de alcanzarlos. ¡Así que vamos a pensar que el mes de enero traerá consigo un nuevo principio!
            Recuerdo perfectamente cuando era pequeña y me metía en la cama el día 24 de diciembre o el día 5 de enero. ¡Era incapaz de dormirme enseguida! Esperaba ansiosa la llegada de los reyes o de Papá Noel, quería verlos, descubrir aquel halo mágico que estaba segura que los rodeaba, ver cómo se bebían la copa de Cava que les dejaban mis padres y no se iban un poco achispados a la siguiente casa (es que no entendía cómo se podían beber tantas copas de Cava sin emborracharse), y, sobre todo, quería observar cómo los camellos o los renos bebían del barreño de agua que mis padres les ponían en el lavadero…
            La verdad es que siempre me dormía antes de tiempo, o como mínimo antes de que la “magia” obrara su efecto. Por las mañanas estaba despierta a las cinco en punto. Me levantaba de la cama de puntillas y me iba al salón para atisbar desde la puerta la colección de paquetes que se acumulaba en el sofá. ¡Y entonces no podía aguantar el ansia de abrirlos! Así que daba vueltas y vueltas en la cama hasta que a las siete en punto levantaba a mis padres de la cama….
            ¡Cuánto tiempo ha pasado desde entonces! Evidentemente ahora ya no veo las cosas igual, sin embargo sigo pensando que estas fechas encierran un poquito de magia, una distinta, una que trae ilusión, esperanza, unidad y fuerza a las familias que se reúnen y viven juntos unas jornadas increíbles. ¡Ese es el verdadero espíritu navideño!
            Mis sueños de pequeña siguen siendo los mismos de ahora, aunque no los vivo igual ni los adorno con las mismas guirnaldas… ¡Lo de Hollywood forma parte de la fantasía! ¡Y tantas otras cosas que me imaginaba en la oscuridad de mi cuarto antes de que el sueño me vencida cada noche! Pero en el fondo es la misma meta vista de manera más realista y adulta, una meta por la que he luchado tanto… ¡El tiempo dirá si la escalera que conduce a ella se puede subir o si me voy a quedar en el primer peldaño! ¡Aunque espero que Papá Noel obre su magia y me haga ascender un par o tres de golpe!  
            ¡Os deseo a todos un día genial!!