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Géneros literarios

¡Buenos días! Se terminaron las fiestas, las comilonas, las horas dedicadas a la familia y el tiempo para descansar. Y llegamos otra vez a los momentos donde se debe dar todo en el trabajo o, en mi caso, en la búsqueda de un nuevo rumbo.
A veces de giros inesperados surgen cosas maravillosas. Y estoy convencida de que pronto será mi turno. Porque el karma está ahí, nos acompaña siempre y tarde o temprano nos ofrece sus servicios.
Hace tiempo que no hablo de géneros literarios ni de por qué necesito ir cambiando dentro de ellos ni de cómo me sobreviene esa idea para englobar mis novelas dentro de uno o de otro. 



A veces nos empeñamos en leer o ver un tipo de libros, películas o series y nos olvidamos por completo del resto, sin darles una oportunidad, cuando muchas veces podemos encontrar también una emoción implícita en ellos.
En mi vida literaria he probado muchos géneros y he disfrutado con todos ellos. Me gusta escribir, crear, imaginar, darles vida a mil ideas, aunque unas fructifiquen más que las otras. Y mi género favorito es la romántica. Pero eso no significa que renuncie al thriller ni que me centre solo en la New Adult o en la contemporánea adulta. La gran ventaja de este género es que combina a la perfección con muchos otros, otorgándome la posibilidad de expandirme.


Me gusta escribir y leer sobre el amor, sobre esa parte tan especial del principio, cuando estamos enfermos de amor y nuestros cerebros se empeñan en mostrar la grandeza de la química inicial, cegándonos y llevándonos a cometer locuras. Porque ese sentimiento de enganche me sacude las entrañas, me invade, me llena y me mantiene enganchada a la escritura o a las páginas o a la pantalla sin fin.
Pero también me encanta la idea de buscar partes de suspense, de añadir más elementos a esa historia a la hora de escribir, de darle algo extra. 


Quizás mi mente funciona demasiado y por eso no se conforma solo con la historia de amor. Porque la interacción de antagonistas, de sumarle intriga a la trama, de sumar elementos que la hagan más difícil y la compliquen me parece la base para sentirme atrapada entre las palabras.
Adoro la adrenalina, ese subidón cuando busco giros inesperados, instantes álgidos y subrtamas que compliquen muchísimo la principal, creando trabas reales en las historias de amor, dándole una vuelta de tuerca, haciéndome sufrir mientras las escribo.


Me gusta cambiar de género o de subgénero en cada novela, no conformarme solo con un tipo de romántica y dejarle a mi inspiración ir por libre para crear a su antojo, sin restricciones.
Mi última historia es una bilogía intimista, sentimental, emotiva… Una historia de emociones e instantes. Porque así es la vida. Ahora he empezado un thriller. Quizás algún día comparta con vosotros LB, una de las historias más intensas que he escrito, aunque sea un thriller paranormal…
¡Feliz día! J

Regresar al thriller...

¡Buenos días! Viernes… Es el mejor día de la semana, el que me despierto con una mayor sonrisa, el que me llena de la expectativa de las jornadas de asueto, con mil cosas maravillosas por delante y si tanta presión como en la oficina, aunque los problemas no desaparecen, sí mitigan un poco su existencia.
Ayer conté mis novelas terminadas y a día de hoy tengo veintidós con ese punto y final que me emociona.
Capicúa… Dos patitos…


Cuando me preguntan por qué tengo tantos thrillers guardados en la recámara, a pesar de que hace muy poquito he corregido LB, no me atrevo a mandarla a las editoriales ni decidirme a sacarla a la luz porque las lectoras me conocen por la romántica y me da miedo cambiar de género.
Además, es la primera de cinco con un final a lo CDTEAT. Escribí la segunda hace años y dejé la tercera a la mitad. Debería retomarla con una visión más amplia y un trabajo importante para resituarme en el mismo lugar, aportando nuevas ideas.
Si me atreviera a intentarlo debería ponerme con las historias que faltan y hay algo indudable, han pasado más de nueve años desde que escribí la primera letra de LB. Yo ni escribo como entonces ni tengo en la cabeza le cien por cien de la idea de hacia dónde caminaba.


Sería un cambio de registro importante, meterme en la piel de Pam Casas otra vez, darle vida a Hugo Sánchez, enredarme con María, Sofía, Raúl, Javier, Miguel, Flora… Regresar al thriller, con el asesino de la baraja haciendo de las suyas. Profundizar en la personalidad de algunos secundarios que van cobrando importancia, recuperar mis notas, volver a estudiar algunos misterios ocultistas…
A veces echo de menos la adrenalina de crear asesinos y meterme en su mente, pensar laberintos intrincados para que los personajes pasen desventuras, tengan miedo, descubran engaños y secretos del pasado que les ponen en situaciones límite.


Quizás cuando termine la larga lista de proyectos que tengo en mente pueda retomar la Saga El pentáculo, dándole la profundidad necesaria para convertirse en una historia digna de llegar a vuestras manos algún día.
Hay unos cuantos romances, pero no es una romántica. Se parece a El secreto de las cuartetas, aunque hay muchísimas más voces. Y me gusta, trabajé durante dos meses en ella para reescribirla al completo, reconecté con los personajes, descubrí su verdadera personalidad, trabajé con ellos y me enamoré de la trama.

¡Feliz día! J

¿Por qué te has quedado con la romántica?

¡Buenos días! El tiempo avanza inexorablemente hacia las vacaciones, los buenos momentos y las ilusiones. Cuento los días para dejar de trabajar durante unas semanas y dedicarme únicamente a descansar, vibrar, escribir, leer, descubrir mundo…


Ayer tuve una conversación maravillosa con una amiga del pasado, alguien a quien recordaba con cariño, pero los años nos separaron. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y la capacidad de reconectar con ella propiciaron un encuentro. Aunque vive fuera de Barcelona y volveremos a la clandestinidad de internet.
Mientras le contestaba a una pregunta me di cuenta de algo muy importante sobre mi vida literaria, aunque quizás ya lo sabía.
¿Por qué te has quedado con la romántica?


Recuerdo al empezar mi primera novela, La Luna de Ónixon, mi decisión inamovible de no enredarme nunca en una historia de amor, aunque en mis novelas siempre hay una. Quería acción, ciencia-ficción, literatura fantástica, aportar un pedacito de mis investigaciones sobre el terreno paranormal, las cartas del Tarot, las adivinas, las premoniciones…
Crear esas tramas me llenaba de tensión, intensidad, cosquillas en el estómago. Pero todas tenían un nexo común, el romance entre sus protagonistas. Porque en el fondo siempre he sentido la necesidad de explorar esas relaciones, de ver hacia dónde conducen, de vibrar con ellas.


Si analizo qué me engancha de un libro o de una serie de televisión siempre han sido los romances, los amores prohibidos, los imposibles, las interacciones entre las parejas. A veces me he tragado series o películas malísimas solo para saber cómo acababa la historia de amor.
Cuando un día me decidí a probar el new adult descubrí que me apetecía hacerlo al revés, darle la vuelta al género. ¿Por qué no escribía una romántica con un thriller de fondo? Esa fue la idea que me rondó por la cabeza mientras escribía Ecos del pasado. Y me gustó el resultado, Jessie y Noah se convirtieron en mis compañeros de viaje, me enamoraron, me llenaron de suspiros y me parecieron adorables.


Es una de las novelas que más he vendido, todavía ahora sigue teniendo descargas y reacciones muy positivas. Aunque fue la primera y al escribirla estaba aprendiendo a dominar el género.
Después vinieron un montón de historias nuevas, fui descubriendo la realidad, una que sigue en mi interior y siempre ha estado ahí. Me apasionan los romances, leerlos, verlos en la pantalla, darles vida, sentirlos… Y en cualquier historia romántica se puede añadir un género como complementario.
La romántica que hay en mí está feliz de haberse quedado en este género literario, es gratificante, intenso y lleno de aventuras increíbles.

¡Feliz día! J