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#SaboreaLaLectura

 ¡Buenos días!
Hace un tiempo empecé la serie Little Falls con una chispa que se convirtió en idea. Había perdido mi trabajo, mientras buscaba uno nuevo me apunté a una academia de inglés cercana a casa, cada mañana caminaba por la calle leyendo en el libro electrónico y mucha gente me preguntaba si no me daba miedo toparme con alguien o con algo. Soy un poco patosa… Pero, por extraño que os parezca, si camino y leo a la vez, mis sentidos se agudizan y no soy peligrosa. Además, está mi defensa absoluta a la eficiencia del tiempo… Así surgió Clark, el chico que leía para aprovechar las horas libres. Y no tardó en aparecer Holly, la adicta al café, una niña mimada con un corazón escondido. 



El título fue algo mágico, de verdad. Por ese entonces también iba mucho al Starbucks, y me tomaba mi caramel machiato mientras leía. Y me dije, ¿por qué Holly no puede ser una adoradora de los cafés aderezados con millones de cosas? A ver, a mí me encanta el solo y sin azúcar —cada mañana me tomo un tazón enorme y lo saboreo—, pero también me gusta lo dulce, y hay miles de sabores de café para probar. Así surgió Caramel macchiato, el primero de cuatro.



El segundo título fue tan fácil… Mi gran pasión siempre ha sido el chocolate, y tenía clarísimo que seguiría con ese tipo de nombres para las novelas. Había hecho café, tocaba pastas, pasteles, bollería… Así que decidí Chocolate muffins. La curiosidad quiso que las siglas de ambas novelas fueran CM y que mi amiga me dijera: ¿eres consciente de que los otros dos han de seguir la misma tónica? Pues, la verdad, no lo era antes, pero me tocó buscar ideas. Con Cherry margarita costó poco, sabía que quería un coctel, y buscar entre ellos uno con CM no fue difícil. En cambio, Coconut maracons me llevó un larguísimo tiempo. Probé con helados, con platos de pasta, con cocina exótica y un sinfín de ideas, hasta que los macarons aparecieron en la pantalla del Mac y lo supe. Fue amor a primera vista.



En todas las novelas los capítulos de ella hacen referencia al título: los de Holly son cafés, tés o alguna bebida. Los de Dinah son postres y bollería. Los de Zoey son cócteles. Y los de Kim son sabores de macarons. Ellos, por el contrario, tienen títulos de canciones: Clark es country, Troy rock indie, Jack baladas y Devil música clásica. —Sí, esa parte también me llevó por el camino de la amargura en muchos momentos…—. En Spotify tenéis la lista de cada historia con las canciones que componen los capítulos masculinos.



Una vez Phoebe decidió publicar mi primera novela de la serie, la community manager tuvo la magnífica idea de preparar un cartelito con algunos de los cafés que salían en los títulos del primer libro, con el momento justo para tomarlo según tu estado de ánimo. ¡Incluso buscó en el capítulo cuando se lo toma Holly para ilustrarlo! Y de ahí surgió mi idea de #Saborealalectura. Adopté el cartelito, me propuse aumentarlo un poquito, me releí algunos capítulos y empecé a preparar uno con cada libro. Ahora tengo los cuatro, son preciosos, y estoy pensando que en algún momento sacaré una propuesta en las redes para aprovecharlo. De momento, ¡míratelos! ¿Cómo te sientes? ¿Qué necesitas? Porque hay de todo. 
Si te has animado a leerme y a mirar los cartelitos, quizá podrías tomarte un café o una pasta o un cóctel o un macaron en un momento como el descrito y enviarme el vídeo, etiquetándome en redes… O incluso usar el hashtag #SaboreaLaLectura para explicárselo a los demás. Eso me haría muy feliz y me ayudaría a ganar seguidores…
¡Feliz día! 
 
RECUERDA:
ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/
1.    DENÚNCIALA por suplantación de identidad, NO SOY YO.
2.    BLOQUÉLA
3.    NO LA SIGAS
 
Si quieres seguirme, ya lo sabes…


Felicidad en estado puro

¡Buenos días! A veces algunos sueños encuentran la forma de hacerse realidad y se materializan frente a tus ojos de una forma perfecta, y entonces es importante saborearlos, sentirlos, hacerlos tuyos mientras descubres esa intensa felicidad momentánea donde las piezas de tu vida encajan de forma absoluta.
De niña soñaba con escribir, contar historias, llegar a Hollywood con ellas, verlas en la gran pantalla, ayudar en el guion, descubrir mis libros en las estanterías de las librerías, saber que los leían… Pensaba en grande, soñaba a lo apoteósico y no me daba cuenta de cómo de alejadas estaban esas metas de la realidad.



Crecí y abandoné mis sueños, me dijeron que jamás escribiría un libro. ¿Cómo iba a hacerlo una disléxica con problemas ortográficos tan pronunciados? Subestimaron mi capacidad por perseverar, por estudiar, por aprender. Pero eso es otra historia… 
Recuerdo un día de San Juan, cuando quemé mis cuadernos en una hoguera y condené todas esas fantasías hechas relatos a una vida de ostracismo absoluto. Ese día fue doloroso, había decidido no volver a escribir nunca más, total, nadie daba un duro por ello… Y estudié económicas.



Durante años me aparté de todo lo relacionado con la literatura. Ni lectura ni escritura ni nada que se le acercara. Pasé de leer más de cien libros al año a cero. Cambié mi percepción de la vida, estudié, me puse a trabajar, tuve hijos… y entonces todo explotó.
¿Conocéis esa sensación de que os falta algo para estar completos? A mí me sacudía constantemente, me zarandeaba, tiraba de mí. Los dedos me cosquilleaban de la necesidad absoluta de volcar mi imaginación en el papel, en la pantalla, en un libro. Esa ansiedad me carcomía. Se apoderó de mi alma, de mis sentidos, de mi vida. Hasta que me decidí a estudiar ortografía en secreto y, tras un año de volver a leer, de subrayar en los libros las palabras que me costaban, de aprenderme las normas una y otra y otra vez, me senté frente a una pantalla para dar rienda suelta a mi primera historia. ¡Fue catártico! Emocionante, increíble, perfecto, delirante… 



Entonces mis expectativas se montaron en un cohete imparable hacia la estratosfera, impulsándose hacia el imposible, jugando con fantasías desbordadas. Pero era tan feliz imaginando ese final, que quizá tardé demasiado en redimensionarlo a la realidad.
En esos sueños quiméricos había una parte que he logrado hace poco, y me siento como si acabara de subirme a ese cohete para alcanzar la velocidad de la luz y ver las estrellas pasar a toda pastilla a mi lado, como lucecitas blancas parpadeantes mezcladas con fuegos artificiales. Porque a veces, solo a veces, algunos sueños se hacen realidad. Como ir al FNAC y descubrir mis libros en la mesa de novedades, entre los más vendidos del género.



Fue una explosión de felicidad las dos veces. Con Caramel macchiato y con Chocolate muffins. Y quiero seguir sintiéndola, quiero alcanzar el cielo de las emociones de la mano de mis chicos, quiero disfrutar, saborear y compartir. Ojalá encuentre otro de esos sueños en el futuro, aunque haber vivido la consecución de estos vale por mil.
¡Feliz día! 

Contar historias

¡Buenos días! Debería escribir más en el blog, ya que apenas paso por aquí. He cambiado mis rutinas, pero a veces vuelvo a él. Lo empecé en un momento convulso de mi vida, cuando deseaba alcanzar una meta imposible, mi corazón estaba tan roto por las esperas y los rechazos y carecía de capacidad de ver la luz del sol entre las nubes. Me funcionó, fue un catalizador de rayos, un ente capaz de agujerear las nubes para darme la visión del cielo.
Contar historias es como volar a otro lugar, como darle la potestad a mi mente para vivir en una realidad paralela donde todo es posible, incluso ser quien nunca seré. Y eso me ayuda a dejar vagar mi imaginación por reinos desconocidos, por países lejanos e inalcanzables y por personajes que en ese momento me invaden el corazón y lo llenan con su realidad, una muy alejada de la mía.



A veces siento, pienso e idealizo conceptos, personas, instantes… Pero soy consciente de que si me pasaran en la vida real o conociera a ese chico completamente tatuado o me enfrentara a según qué tipo de traición, nunca acuartaría como mis personajes. Pero es tan bonito imaginar, darles alas a mis ensoñaciones románticas…



He evolucionado mucho desde que abrí el blog. Ahora veo la vida desde otra perspectiva, sé disfrutar de los buenos momentos, de la escritura, de las interacciones con los lectores, de la vivacidad de emociones que despierta escribir, leer y beber a sorbitos la felicidad.
La semana que viene se publica la segunda parte de Little Falls, una serie que me robó el corazón durante meses, me hizo cambiar de parecer con algunos personajes y me acompañó en un mundo lleno de emociones, en un pueblecito perdido en Arkansas, con ranchos, caballos, saltos de agua y personas increíbles. 



Me gusta mezclar el thriller en mis novelas, crear a malos, dotarlos de personalidad y de razones ocultas para convertirse en monstruos. Aunque he de admitir que muchas veces la realidad supera la ficción. En Little Falls aparece alguien oscuro, una persona con un corazón tan negro que debería pesarle. Y sí, como dicen muchas personas, Caramel macchiato termina dejando muchas cosas en el aire. Pero ya os adelanto que la mayoría de respuestas las hallamos en Chocolate muffins… 
Sigo feliz ante cada lector que llega a mis libros. 4ever continúa su carrera imparable hacia las lecturas, Perfumes y acordes ha conquistado muchos corazones y espero que Little Falls siga el mismo camino que Caramel macchiato en todas las novelas. ¿Me vais a acompañar en esta aventura????
¡Feliz día! 😍
 

Montada en una nube (con purpurina y todo)

¡Buenos días! Hace poco que Caramel macchiato ha llegado a las estanterías de las librerías. Esta vez ha sido en formato digital y en papel porque detrás tengo una editorial de mayor tamaño que las otras. Es como alcanzar un pedacito de cielo, como si al fin, después de veinticuatro novelas publicadas, diera un pequeño salto hacia arriba, aunque ahí siempre se siente el vértigo de caer al vacío, porque entonces la caída sería más grande.



Normalmente soy positiva, aunque a veces me ahoga la inquietud de no lograr mis ilusiones, mis sueños, mis metas. Hace mucho tiempo aprendí a dimensionar las que me había propuesto de niña a unas más realistas. Durante años no he cejado en mi empeño, he seguido adelante sin desfallecer, he caminado, he escrito, he palpado la emoción de crear y en ningún momento he vuelto a sufrir como al principio, cuando la realidad del mundo literario todavía no me había engullido las esperanzas mal forjadas.
Rendirse nunca me ha cruzado por la mente porque adoro escribir, ser la titiritera en el mundo de mis personajes, decidir hacia dónde van y cómo caminan, darles esa evolución necesaria para que prosperen o se hundan. Esa ilusión es intensa y me hace muy feliz. Porque me encanta mi trabajo de creación, es mágico. Pero sin vosotros no sería nada.



Si hay algo que he aprendido tras luchar con uñas y dientes durante muchísimo tiempo, a veces con desilusiones y muchas otras con mil emociones, sobre todo al recibir vuestros mensajes o leer vuestras reseñas o comentarios, es a caminar siempre hacia delante, porque no se puede mirar tanto hacia atrás ni sentirse inundada por lo que en ese instante del pasado no se consiguió. ¿Quién nos asegura que no lo lograremos con el próximo paso? 
Caramel macchiato me está dando unas alegrías inmensas. Holly y Clark vienen pisando fuerte, tanto en mi corazón como en vuestros dispositivos o en vuestras estanterías. Y es increíble. Quizá si seguimos la estela de sus pasos pronto conozcamos a Troy y a Dinah en más profundidad. Y la vida seguirá con otros personajes, con más historias, con mil nuevos rumbos e ideas de esas que suelen invadir mi mente hiperactiva y feliz.



Mi niño está en el Top 100 de los más vendidos de Apple Books, se está leyendo mucho en Nubico, está en las librerías físicas, ha conquistado las listas de los más vendidos en romántica de FNAC, de La Casa del Libro, Kobo y de El Corte Inglés… Y es como ir montada en una nube de esas que suelta purpurina multicolor al avanzar. ¿No creéis que falta el unicornio rosa y un arcoíris? 
A veces los sueños pueden atraparte, aunque sea durante unos instantes. Y es importante saborearlos, masticarlos, sonreírles, sentirlos. Porque la vida es mucho más que expectativas y trabajo duro, también es ser capaz de atesorar los instantes perfectos.



Espero contar con vosotros para seguir la estela de mis ilusiones, que me acompañéis en el camino y que los otros tres libros de la serie Little Falls lleguen a vuestras manos muy pronto. ¡Incluso me encantaría que me pidierais más de cuatro! —vale, de acuerdo, ahora me he pasado, pero ¿quién dice que soñar no sea bonito?—. 
¡Feliz día! J
¡Buenos días! He preparado unas cositas muy 🤩🤩🤩 
 



¿Queréis conocer un poquito los gustos de nuestra protagonista por el café? Os dejo una pequeña muestra... ¡Dentro de la novela hay más! 🤩
¿Cómo os gusta el café? ☕ Yo soy de solo y sin azúcar. Pero a Holly le gusta dulce 🍯 condimentado. ¿Cuál de estos cuatro os parece más bueno?☺️
 


¿Por qué Caramel macchiato?? En el libro podéis descubrir qué le gusta a Holly y cómo el café́ unió́ a dos personas tan diferentes. Clark es responsable, recto, le gusta planificar... Holly es espontánea, divertida, despreocupada... Chocar con Clark el primer día en Little Falls cambia su visión de la vida y a él le da alas para dejarse llevar y soltar un poco su rigidez. 
Cada capitulo de Holly tiene el nombre de una bebida, los de Clark son música country. ¿Descubrimos algunos de Holly?
 



☕️ Ella está acostumbrada a hacer lo que le viene en gana
🤠 Él necesita relajarse 
🍸 Ella prepara unos gin-tonics de miedo
☺️ Él no bebe nunca
💕 Pero el amor no mira esas cosas...
 



¿Qué tipo de bebida te gusta a ti??? La idea de poner nombres da los capítulos me gusta. Holly tiene bebidas☕️, Clark música country 🤠. ¿Crees que pegan? 
Mirad lo diferente que piensan...
«Cojo la cafetera sin dejar de mover los pies al ritmo del country, siguiendo los pasos.
—Ahora me dirás que también eres de esos que adora bailar esta música en un bar. —Su tono se tiñe de desprecio.
—Es lo más —contesto con socarronería—. Pero qué va a saber una princesita como tú de la diversión. Eres más de un Cosmopolitan en un club nocturno de Los Ángeles, ¿no? —Le guiño un ojo mientras abro la cafetera y le muestro cómo llenarla de agua—. Chica, el country tiene algo especial, une a la gente que baila en línea, marca el ritmo, te enseña unos pasos seguros y a la vez interesantes.
—Y es aburrido.
—Ni de coña. —Con la bolsa de café molido en la mano, le dedico una mirada—. ¿Cómo te gusta el café? ¿Cargado o suave?
—No tengo la menor idea. ¿Cómo es el del Starbucks? Es mi preferido.
—Aguado… —Coloco tres cucharadas de café molido—. Americano de toda la vida. Y además, condimentado.
—¿Eso es malo?
—Depende. —Cuando la cafetera está al fuego, vuelvo a la mesa para terminarme mi sándwich antes de emprender el regreso a casa—. A tus tíos les gusta el café de verdad, como a mí, por eso usan una cafetera italiana, para tomarlo aromático y fuerte. Ese es el auténtico, no como imagino que serán los aderezados del Starbucks».


Y... este es el último vídeo de bebidas de Holly... 😝¿Qué nos deparará el futuro??? 😎Quizá en el epílogo tenéis una pista... Si ya has leído el libro te puedes aventurar a imaginar qué pasará, ¿verdad? ¿Te atreves a dejar tu idea? Mira el vídeo y observa el epílogo... 

¡Feliz día! J

Clark y Holly

¡Buenos días! Seguimos con mis chicos, Clark y Holly, mis últimos protagonistas, quienes tienen mil cosas que contar en eta historia de superación, amor, sentimientos y un choque entre polos com’pletamente opuestos.



Ellos son Holly y Clark…
Él es la antítesis de Holly y se resiste muchísimo a aceptar lo que siente, ya que tiene miedo de dejarse llevar y acabar estrellándose. Porque Holly algún día regresará a su vida en Yale, conseguirá que su padre vuelva a darle dinero y lo dejará atrás, como ya hizo su novia de toda la vida, de quien, se dará cuenta con el tiempo, no estaba enamorado.
Ella es más de actuar por impulso, de dejarse llevar, de tomar aquello que quiere, pero nunca ha tenido una relación seria y le cuesta aceptar que eso es lo que quiere con Clark.
Él es su jefe en el rancho durante las mañanas, y es muy exigente. Holly está bastante fuera de lugar en ese puesto, es patosa, no le gustan los animales y suele pasarse más horas de lo normal mirando las redes sociales. Y Clark la trata con bastante dureza, siempre regañándola y enfadándose por su falta de atención.
Ella suele observarle en silencio en su taller, encorvado sobre sus arreglos, concentrado…
¡Feliz día! J

Personajes de Caramel macchiato

¡Buenos días! He decidido hablaros un poquito por aquí de mi nueva novela, ya que estreno editorial, estreno serie y estreno emociones —bueno, esas las tengo de serie, pero me hace tantísima ilusión…—. Y voy a empezar con los protagonistas, dándoos unas pinceladas sobre ellos. 


Ella es Holly Gibbons...
Es una chica de casi veintiún años, rubia, de ojos verdes, musculada, un poco alocada, vestida siempre con mucha clase, con ropa de marca y poco adaptada al principio a un pueblo de Arkansas como Little Falls, quien poco a poco se va poniendo a tono con el lugar, pero sin perder nunca su estilo.
Es la hija del multimillonario dueño de una compañía aérea y le cuesta bastante adaptarse a trabajar en un rancho, a despertarse pronto, a realizar las tareas de la casa… Pero su padre no le da opción, la manda a Little Falls y le corta el suministro de dinero, obligándola a trabajar en el rancho familiar. 
Adora el café de Starbucks y los tés. Es de esas chicas que siempre condimentan el café con mil cosas dulces. Su preferido es el caramel macchiato, pero le gusta la variedad porque para ella encasillarse es lo peor. Por eso le gusta probar nuevos sabores, experimentar con otros cafés y con tés de lo más especiados.
Su carácter es explosivo. Durante sus tres años en Yale apenas ha aparecido por clase, se ha dedicado a ir de fiesta en fiesta, a salir con mil chicos, a pesar de mantener una relación de no exclusividad con uno de ellos. Y tiene tendencia a cometer locuras, como allanar una casa para mirar las estrellas por la noche, bañarse en un lago desnuda bajo la luz de la luna, bailar sobre las mesas…
Caprichosa, sobre todo al principio, acostumbrada a no tener que esforzarse para conseguir nada y a un padre ausente...
 

Él es Clark Barrett...
Es un chico de veinticinco años con el pelo moreno y rizado, barba de dos días, ojos claros, cuerpo de infarto, con abdominales marcados tras las camisetas estrechas que suele llevar debajo de camisas a cuadros abiertas y cejas pobladas. Suele vestir el atuendo vaquero, con gorro, botas, la hebilla brillante…
Vive en una caravana en Little Falls, junto a sus tres hermanos y su padre alcohólico y se convirtió en el cabeza de familia a los 14, cuando empezó a trabajar en el rancho de los tíos de Holly para pagar las facturas y las deudas. La vida le obligó a aprender a valerse por sí mismo muy pronto. Es un lector empedernido, sobre todo de manuales de mecánica. Y suele llevar el eReader a todas partes, incluso camina leyendo, así conoce a Holly, chocando con ella. 
Es muy prudente, lógico, sensato, controlador, de esas personas a las que les gusta planificarlo todo. Trabaja por las mañanas en el rancho y, gracias a su gran habilidad, por las tardes ha abierto un taller ahí mismo para arreglar todo tipo de vehículos y aparatos electrónicos que le traen sus vecinos. Ha tenido la misma novia desde siempre...
¡Feliz día! J

A veces los sueños se cumplen

 ¡Buenos días! A veces hay sueños que se cumplen, y es tan bonito cuando sucede… Ves pasar tu vida en color, tocas las nubes, llegas al sol, te iluminas, sonríes y sientes. Porque la lucha es larga y nunca termina, porque solo tú tienes el poder de volar sin dejarte caer, de ver siempre lo positivo y no dejarte vencer por las sombras.
Hace un año empecé a escribir Caramel macchiato. Lo hice con ilusión, con esa emoción primaria de descubrir a los personajes, de llevarlos de la mano, de hacerlos sentir, enamorarse, encontrar la forma de encontrarse en ellos mismos gracias a esa atracción de los polos opuestos, a caminar de la mano hacia una mejor versión de ellos mismos. Porque a veces hay que saltar al vacío para ver la luz.



Cuando recibí la llamada de Phoebe fue como un estallido de fuegos artificiales. Llevaba años esperando una oportunidad parecida y ahí estaba, en el otro lado de la línea de mi teléfono, una persona que quería apostar por mí, por esa novela, por Holly y Clark. 
Hay instantes para recordar el resto de tu vida, como ese. Porque luego todo ha sido precioso, hasta llegar aquí, a mi momento, a tener el libro entre mis manos, a dejarlo volar, a descubrir a quién le gusta y a quién no, a verlo a través de vuestros ojos. 
Ojalá llegue muy alto, ojalá os guste, ojalá no haya demasiadas reseñas de una estrellita —lo sé, es pedir demasiado porque de esas siempre hay—, ojalá reciba muchísimos más de esos mensajes vuestros tan alucinantes donde me contáis qué os parece, me preguntáis cosillas y me animáis el día.



A veces escribir es solitario, otras las expectativas que te creas no se alcanzan o se superan con creces. Pero todo sabe mejor con palabras de los lectores, con ese calor, esa sensación de no haber pasado meses trabajando en una historia para dejarla acumular polvo. Porque las novelas están para llegar a otros corazones, para llenar otros ojos, para emocionar, para ser leídas. Y como autores lo mejor que nos puede pasar es sentirnos acompañados.
Cuando tengo un instante de ansiedad, siempre miro los mensajes de los lectores, los disfruto, los siento y me dan una razón para continuar. Porque a veces no hace falta vender un millón de libros —aunque no le haría ascos, la verdad—, solo saber que tus historias han tocado corazoncitos, han conquistado a personas ajenas a tu mundo y a la vez cercanas porque te han conocido a través de tus palabras. Con eso tengo suficiente chute de ilusión como para sonreírle a los reveses.



Me encantaría que me acompañarais en el camino de Caramel macchiato y en todo lo que viene después. Y, sobre todo, acordaros de dejar un comentario en Goodreads, en Amazon, en Instagram, en mi correo, en mis redes, en cualquier sitio donde pueda oíros para saber si os ha llegado.
¡Feliz día! J
 
 

Pronto, muy pronto...

¡Buenos días! A veces siento la conexión instantánea con unos personajes y otras me cuesta encontrarla, es un viaje a lo largo de las páginas, de descubrimiento y cariño, de sensaciones, de emociones…
Queda menos de un mes para poder hablar de forma abierta de mi próximo libro, para contaros de qué mano va a venir y cómo de ilusionada estoy por la experiencia. Tengo una portada increíble esperando para revelarse, una aventura lista y las ilusiones en modo on. Porque a veces hace falta solo una chispa para encender una hoguera y la mía crepita al son de los nervios y la ilusión.



Puedo explicar pocas cosas de momento… El libro es el primero de la serie Little Falls, con una historia autoconclusiva y unos protagonistas muy diferentes entre sí. La mezcla resulta explosiva en muchos momentos, porque ella es un torbellino y él la planificación en persona. Y, aun así, ambos se necesitan para encontrarse.
Me gustó la idea de empezar con una chica odiosa, llena de superficialidad, sin ningún interés por adaptarse a la situación que le toca vivir, aunque tampoco le queda otro remedio y pasa por el aro con demasiada facilidad. Porque ella no es así, no como se muestra en ese primer capítulo, solo es una fachada construida a base de heridas nunca cicatrizadas. En realidad tiene un punto de locura, su espontaneidad, las ideas irreflexivas, la positividad, la efusividad. Y, además, descubre su corazón y su capacidad de amar. Porque a veces nos emperramos en no ve hasta dónde estamos dispuestos a dar cuando encontramos nuestro destino.  



En cambio él… Tiene esa madurez propia de cuando la vida te ha asestado muchísimos golpes y necesitamos adaptarnos a las responsabilidades que se nos vienen encima. A veces no hay alternativa, por eso nuestro protagonista masculino es organizado, recto, con las ideas claras, una tendencia demasiado pronunciada a planificarlo todo y poco dado al desfase. 
Hasta conocerla… Ella arrasa con su visión práctica de la vida, le desmonta los esquemas, lo hace reaccionar con una pasión desbordante, le enseña a sentir a lo grande, a dejarse llevar en algunos momentos, a que no siempre lo puedes tener todo controlado, a arriesgarse.


Es bonito haberlos construido, haber sentido cómo crecían, cómo maduraban, cómo construían su relación. Y es precioso ver cómo ha quedado la maqueta, la portada, la redacción, la historia.
Darle a enviar a la última versión, siempre desata sentimientos encontrados. Porque ya no hay marcha atrás, pero pronto va a estar en imprenta…
En marzo… 
¡Feliz día!