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Puerto Rico #PELN (localizaciones)

¡Buenos días! Seguimos en casa, buscando formas de entretenernos y descubriendo cómo la convivencia nos acerca los unos a los otros. Es bonito sentirse acompañado en un momento así, ayuda a pasar las horas sin la sensación de que pueden estar vacías por la falta de libertad.
En momentos como estos no dejo de pensar en los viajes realizados con mi familia durante estos últimos años, en los lugares maravillosos donde hemos pasado unos días perfectos, en las playas paradisíacas, los países del sureste asiático que quizá tarden demasiado en volver a abrirse al turismo…
Soy de buscar el sol, la playa, el silencio de los climas tropicales, el calor, el mar, la arena…


La primera parte de Perdida en la niebla sucede en una playa de Puerto Rico, donde el temperatura siempre es cálida, las olas bañan la arena y el surf es uno de los deportes favoritos de los asiduos.
Ernesto tiene un bar en medio de esa playa, llamado Copacabana. Sobre un entarimado de madera se asientan las mesas y la barra, donde Sussie prepara los combinados a los muchos clientes que acuden por las noches a pasarlo bien, a bailar, a charlar, a disfrutar de la calidez.


Su casa se asienta a pocos metros del Copacabana, con vistas al océano desde ese porche en el que se sientan los dos por las noches a compartir confidencias, un té, una copa, unos minutos de compañía.
Y durante las mañanas practican surf. Ernesto como un experto, Sussie aprendiendo.
Cierro los ojos y me transporto a esa playa donde la Tierra deja de girar, el tiempo se detiene y el olor a salitre se entremezcla con las canciones que bailan los clientes en el calor nocturno.


Casi puedo ver cómo Sussie y Ernesto se van conociendo, enamorándose a fuego lento, al ritmo de esas olas que mecen la orilla. 
Leer o escribir te ofrecen la posibilidad de viajar a cualquier lugar con la imaginación, de sentir los personajes, de imaginarte allí con ellos. En la playa por las mañanas, bajo la sombrilla con un libro, como Sussie. Surcando las olas con tu tabla y una sonrisa, como Ernesto. Por las noches detrás de la barra, como ambos…


Si nos esforzamos, incluso podemos oler ese aroma característico del océano, escuchar las olas entrar sinuosamente en la arena durante las noches silenciosas, palpar los granos sobre las plantas de tus pies, sentir los rayos de sol en tu piel, ser parte del silencio de ese paraíso…


En momentos como este releo trocitos de estas novelas para alejarme por unas horas del encierro y dejar volar mi imaginación para reunirme con mis personajes. A veces incluso los acompaño después de la novela, pensando en qué deben estar haciendo, si seguirán en esa playa de Puerto Rico compartiendo veladas o su vida es otra…
¡Feliz día! 
     

El Congo #UUDC (localizaciones)

¡Buenos días! La tormenta de esta noche ha acompañado mis pensamientos y los ha llenado de mil ideas, como si quisiera desatar mi imaginación. Ojalá pare de llover pronto porque hoy tengo un día lleno de interesantes y maravillosas experiencias. 
Esta mañana quiero hablaros de una localización que me pareció increíble cuando la decidí, la investigué y la escribí, llenando las páginas de un libro intenso en sentimientos. Porque, a pesar de la contención de Lúa, de su forma tan estructurada de tomar decisiones y de su ausencia total de muestra de emociones, había un mundo de sentimientos en su interior.


Cuando Lúa encuentra a su marido en la cama con otra chica y su mundo se desmorona, decide irse a El Congo en una misión de Médicos sin fronteras. Para ella embarcarse en esa aventura significa un nuevo comienzo, rendir tributo a su padre, interesarse por los demás y, sin saberlo, abrirse y dejarse llevar en algunos momentos por las emociones.
La idea de trabajar en medio de la selva, en pleno centro de ella, rodeada de naturaleza, de calor, del sonido de la selva, de un clima inestable, de personas sin recursos y de voluntarios que como ella han decidido dedicar una parte de su vida a los demás, le reporta paz en medio de la tempestad.


Recuerdo mis dificultades a la hora de investigar acerca de este lugar, de encontrar información sobre alguna misión de MSF en esa recóndita localización, de centrar mis pensamientos en esa selva desconocida para mí.
Poco a poco fui delineándola en mi mente, dándole color, sintiendo ese rugido animal que surgía de sus profundidades, imaginando cómo sería vivir ahí y llenando los huecos con imágenes de internet.
Descubrí que moverse por El Congo es una tarea complicada por los socavones, las lluvias torrenciales que embarran los pocos caminos transitables, la precariedad de los servicios… 


Pero también ofrece la posibilidad de ver gorilas en su hábitat natural, de embarcarse en un safari a poca distancia, de disfrutar de la naturaleza, de la calma, de la serenidad, de la soledad buscada.
Lúa vive con intensidad su estancia, descubre cómo le afecta la gente que llega a la misión y se desvive por ellos mientras se destapa poco a poco su lado más pasional junto a un Matt que en esos momentos está perdido. 
Porque a veces dejarlo todo atrás para emprender un nuevo rumbo consigue descubrirnos todo un mundo inexplorado y nos ofrece la oportunidad de cambiar nuestra visión de la vida.
¿Os venís a El Congo con Matt y Lúa? Seguro que lo disfrutaréis…
¡Feliz día! J

Filipinas #CEDNE (localizaciones)

¡Buenos días! Cuando pienso en las localizaciones de mis novelas, en cada uno de los lugares a los que me ha mandado mi imaginación, a esos instantes en los que me siento invadida por la necesidad de conectar con una localización específica para dotar las escenas de ese vínculo importante con un emplazamiento especial, muchas veces uso Google para investigar. Pero a veces recurro a mis experiencias personales, a esos momentos del pasado en los que estuve allí, a mis sensaciones, a mis emociones, a mis recuerdos.


Estos últimos años he viajado mucho y he conseguido reunir un conjunto de vivencias interesantes para darles vida algún día en el papel. Hay países más interesantes que otros, pero los que más me han marcado, sin duda, son Filipinas y Malasia, ambos repletos de intensidad, de sensaciones, de emociones.
Sobre Malasia he escrito poco. En cambio, Filipinas es el marco principal de Cuando el destino nos encuentre, novela donde dos historias se entrelazan, una del pasado y otra del presente, y nos llevan a través de algunas islas de este maravilloso país.


Mientas viajaba con mi familia por ese enclave paradisíaco, me pasó algo extraño y excitante a la vez. Fue al principio del viaje, en un ferry, donde una idea para una novela tomó cuerpo y empecé a sentir crecer la historia en los días posteriores, tomando nota mental de cada instante para después cedérselo a los personajes.
La trama actual se basa en esas experiencias, en mis recuerdos, en nuestro recorrido real. Y la parte antigua está escrita tras una exhaustiva tarea de documentación. 
Para mí Filipinas es un país alucinante, con muchísimo que ofrecer a los turistas, un sinfín de sitios llenos de sensaciones, ilusiones, esperanzas y nuevas experiencias. Con una serenidad palpable en el ambiente, un fondo marino colmado de color, vida, vivacidad, unas playas perfectas para tumbarse casi en soledad mientras el sol te acaricia la piel, unos precios irrisorios para todo, una gente increíble y unos paisajes impagables.


Les cedí a Geni y a Dan algunos de mis momentos, los llevé a restaurantes que había pisado y donde me había sentado a comer con una ilusión palpable, situaciones interesantes, otras estresantes, la mayoría maravillosas y cada uno de mis hoteles. Porque haber estado allí me ayudó a crear la atmósfera, a sentir cómo la escena era parte de mí.


Buceo, recorridos en motos alquiladas, esas iglesias con el eslogan ni cristo escrito en el exterior, las tortugas del fondo del mar, el coral, los paseos en barca, las Chocolat Hills, las personas que nos cruzamos en el camino, la pequeña isla de Malapascua, con su maravilloso restaurante La isla bonita, la canción de moda ese verano, la forma asiática en la que explicar cómo queríamos los huevos en el desayuno…
Cada una de esas experiencias quedará para siempre retenida en mi memoria y en la de los lectores que se adentren en la novela para conocer los detalles de un viaje cargado de emociones, felicidad y buenos momentos.
¡Feliz día! J

Aldabia (localizaciones)

¡Buenos días! Hoy me despierto con una energía positiva increíble y me apetece viajar a un país imaginario, a Aldabia, donde nuestro príncipe Aladi descubre de repente que ha pasado a ser el heredero indiscutible al trono y nuestra intrépida Isabelle decide salir de su vida ermitaña en las montañas para entrar en palacio.


Aldabia es un país situado en la zona balcánica de Europa. Es un país lleno de contrastes, con pueblos pequeños distribuidos por la zona de las montañas y grandes urbes cerca de la costa, donde las playas rocosas salpican el paisaje. No es grande ni ocupa una gran extensión de terreno, pero sí es muy rico y la economía es boyante, consiguiendo que las personas puedan alcanzar un buen nivel de vida.


El palacio está en las afueras de la capital, rodeada de naturaleza y alejada del ruidoso tráfico. Es imponente. Alto, regio, con una ancha escalinata de mármol blanco por la que se accede a una puerta principal, compuesta por dos planchas adornadas con filigranas doradas que me parecen un poco anticuadas, pero le dan ese aire importante de la realeza.
El gobierno de derechas del rey consigue que la población sea próspera gracias a la proliferación de negocios. Una de sus mejores bazas es la existencia de comercio propio gracias a la poca aceptación del soberano a abrir las fronteras a la globalización, por eso en Aldabia hay mucha producción interna y una cantidad nada desdeñable de comercios autóctonos y diferenciados del resto del mundo. Los últimos años la exportación de productos ha abierto una nueva vía de enriquecer a los empresarios.


La climatología es bastante fría en invierno, sobre todo en la cordillera con altas montañas llenas de cuevas causadas por la erosión del fuerte viento que suele soplar en los meses más fríos, y cálida en verano, y de los ríos subterráneos. El crudo invierno ofrece pocos productos de la tierra, por eso abundan los huertos de cereales, patatas, remolacha, azúcar y toda clase de hortalizas que forman parte de nuestra cultura culinaria.


Cuenta la leyenda que en los albores de Aldabia, cuando en el siglo XVI se independizó de Rusia tras una guerra cruenta, el primero de los reyes fue a visitar a una bruja para pedir prosperidad para su pueblo después de quedar mermado por el peso de la guerra y la mujer le dibujó esos dos símbolos en la arena. Al intentar salir de la cueva donde vivía la bruja, el rey se perdió en sus galerías y acabó frente al mayor filón de carbón jamás conocido.


En Benextu (la capital del país) hay pocos bloques de pisos, solo los han permitido en la periferia, en barrios que quedan bastante apartados de la zona costera, y siempre siguiendo la máxima de no levantar demasiado alto y con un estilo decorativo siguiendo la esencia de las casas de la ciudad. Todas tienen vallas con un pequeño parterre en la entrada y jardines traseros llenos de naturaleza.
¿A quién no le gustaría visitarlo????
¡Feliz día! J

Rumbo a Suiza (localizaciones)

¡Buenos días! A veces, cuando me preguntan por qué elegí una localización en concreto para una novela sonrío y me lanzo a contar algo de mi pasado. No siempre, porque en algunas he tirado de internet, de sueños, de ideas… 
Cuando empecé Rumbo a ninguna parte tuve claro que esta vez usaría un lugar de mi pasado, uno donde estuve un verano con Cristina y Judit, uno donde disfruté del paisaje, de las instalaciones, de los alrededores…
He estado pocas veces en mi vida en Suiza, pero es un país precioso. ¡Y caro!


Bruno y Aurora vienen de dos mundos distintos. Él de una mansión en La Moraleja, acostumbrado a tenerlo todo, a ser el número uno de las carreras de motos ilegales en las que participa, a no preocuparse por nada. Ella de un pequeño apartamento en Cádiz, de una familia rota, de malos tratos, de dolor. Y ambos acaban en ese maravilloso internado de Suiza para niños problemáticos.
La ambientación era importante, igual que el hecho de pensar en cómo se vive en un internado, lejos de la familia, con baños compartidos, comedor conjunto, salas, terapia individual y en grupo…


Crans-Montana es una pequeña población situada en las montañas alpinas, con un entorno alucinante y típicas casitas nevadas en invierno, con esos tejados de cuento, las paredes de piedra, los colores intensos…
Estar cerca de los bosques, de la naturaleza, de esas nevadas tan copiosas en invierno, con clases de hípica, vela, esquí, tenis… es un privilegio. 


Un edificio de piedra de tres plantas, con habitaciones cuádruples de dos literas, frente a una larga y perfecta explanada de césped llena de abetos y vistas maravillosas. Tiene hípica, piscina, pistas de tenis, de pádel, campo de fútbol, un lago con embarcaciones para hacer vela y un gran bosque rodeando las hectáreas. Hay varias salas interiores comunes: una sala de juegos, biblioteca, salón de televisión, una gran aula de estudio y un par de salones con sillones para descansar y distraerse con juegos de mesa.


La pareja pasa muchos fines de semana en una casa alquilada por Bruno en el pueblo.
Es una pequeña edificación que solo consta de una habitación, un baño completo y una estancia donde se encuentra la cocina y el salón-comedor. 
La cocina no es muy grande, está separada del salón-comedor por una barra americana de melanina gris oscuro. La decoración de la estancia es rústica, con muebles de madera y tapizados en tonos granates, llenos de motivos alpinos.


Bruno tiene un garaje adyacente a la propiedad donde guarda su moto. Por el suelo se desparraman las herramientas que Bruno ha comprado para desmontar el motor. Hay unas estanterías vacías de madera en la pared, que en pocos días piensa llenar con piezas de desguaces para darle más potencia a la Suzuki GSX R600. Él se sienta siempre en un taburete frente a la moto.


Y en un momento del libro, Aurora y Bruno comparten una excursión a Zermatt, un idílico pueblo suizo. Allí se pierden por la montaña y se confiesan por primera vez sus sentimientos. Es una montaña llena de lagos, tiene un glaciar espectacular y además es un pueblo donde están prohibidos los vehículos a motor. Esa escena es tan bonita para mí… Porque mi marido y yo, de recién casados, fuimos a pasar una semana en verano y también nos perdimos por esas montañas y experimentamos algo muy similar a los protagonistas… Aunque diferente….
¡Feliz día! J

Localizaciones de la Serie Sin ti

¡Buenos días! El último post fue muy interesante y no he parado de darle vueltas porque he descubierto cuánto me apetece hablar de las localizaciones de cada novela.
Elegir un sitio donde ubicar la acción es bonito, y a la hora intenso, como mínimo para mí. Me gusta delinearlo, sentirlo, llenarlo en mi mente para así poder llevar a los personajes por esos lugares de una forma integrada con el entorno.


Hoy me gustaría hablaros de los escenarios de la serie Sin ti, ya que es la más larga que he escrito en mi vida y pasé muchísimo tiempo en ese escenario.
Mi intención inicial al empezar la primera novela era encontrar una base militar aérea en Estados Unidos, teniendo en cuenta que no en todos los estados la ley es igual en lo concerniente a las relaciones entre una menor y un adulto.
Busqué en la red algunas ubicaciones, hasta que apareció en mi radio de visión Cibolo y la base Randolph. Primero quería situar la historia allí, pero enseguida me di cuenta de que era mejor inventarme una base, Fort Lucas, a poca distancia de Randolph, donde se entrenase a la élite de los pilotos de la fuerza aérea norteamericana.


Así nació Fort Lucas, con sus casas para los oficiales, su edificio para los soldados rasos, su hangar con los aviones, la escuela, el comedor compartido y una serie de lugares que quizás no son iguales en una base real, pero que para mí fueron propios durante más de dos años.
Alrededor de la base también orbitaban otros sitios importantes.
El The Hole, el bar de Tess donde el grupo de Julia toca desde sus inicios. Es un local agradable, decorado con maderas oscuras, muchas fotos enmarcadas de los grupos que han pasado por el escenario un poco elevado del final, mesas cuadradas, enormes ventanales al exterior y una larga barra con taburetes frente a estantes repletos de botellas. Es importante en las tres primeras novelas y también en Mi vida sin ti y en la decisión de Kristie en Contradirección, sin frenos y sin ti. Y me encantó deambular por un lugar así, crear las interacciones en su interior, vibrar con su música en directo…


El Maggi’s es el bar favorito de los chicos en San Antonio, un lugar de decoración retro, con el suelo de baldosas blancas y negras, paredes carmín y verde claro, mesas de melanina nívea y cómodos sofás tapizados en polipiel a rayas trasversales rojas y blancas. La barra metálica, forma una ele en un lado, frente a un largo espejo, y en ella se asientan varios taburetes rojos con un poco de respaldo. Es un bar que nos acompaña durante las seis novelas y donde los chicos acostumbran a tirar una moneda en la máquina antigua de canciones para bailar en medio del local.


Hay muchos más sitios en esta serie… Quizás debería buscarle un espacio a cada uno de ellos en los posts, pero ya veremos.
No quiero despedirme sin hablar del garaje de casa de Luke, donde los chicos ensayan ni de Gran Canyon, donde viven los padres de Zack, ni de Las Vegas y su importancia para Ju y Zack ni de San Antonio, donde viven las hermanas Edwards ni de… ¡Hay tantos! Quizá deberíais leer las novelas para descubrirlos todos. 
¡Feliz día! J

Localizaciones I

¡Buenos días! Cuando plateo una novela siempre busco la mejor localización. Porque el entorno donde se mueven los personajes, la ambientación, esos recodos en los que transcurre la historia han de ser adecuados y darles consistencia a los sucesos, acompañarlos.
De niña me obsesionaba bastante saber por qué un escritor había elegido un lugar determinado para desarrollar una historia o en una película o en una serie. Porque a veces las leyes de un país o las costumbres pueden delimitar la trama. 


Entonces no había internet ni era tan fácil como ahora encontrar respuestas a este tipo de preguntas. 
Siempre quise escribir, contar historias, encontrar una vía para darle salida a mi imaginación en un papel. Quizás por eso mi mente analítica no dejaba de profundizar en cada una de las partes de una lectura. No solo en los personajes o en la trama, también en la ambientación.
Cuando empecé a escribir ya existía nuestro San Google. No tan rápido y audaz como ahora, pero sí lo suficiente para ayudarme a reunir documentación y navegar por los lugares donde se desarrollaría ese mundo paralelo de una de mis novelas.
Al principio usé localizaciones diversas, aunque siempre partía de Barcelona, mi ciudad, porque la sentía muy cercana, muy viva, muy mía. Pero a medida que iba escribiendo una persona en la que entonces creía mucho me animó a explorar nuevas posibilidades.

Lo hice al empezar a escribir romántica, con Ecos del pasado. Jessie dejaba su Barcelona natal para irse a estudiar a Stanford, en Palo Alto, y vivir con sus abuelos. Recuerdo mi emoción cuando buscaba información acerca de algunos recodos, bares, lugares de interés, porque descubrí la emoción de viajar desde la pantalla del ordenador, de sentir como si los destinos estuvieran al alcance de mi mano.


En Rumbo a ninguna parte decidí tirar de recuerdos, de ese verano en Suiza, de mi viaje a Zermatt, de algunos eventos prestados de mi amiga Mabel, quien vivió en Berna un tiempo. Y fue una experiencia increíble porque conseguí que mi mente funcionara como un ordenador al traerme a la memoria instantes memorables.


Después me fui a La Fosca y al Congo con Un último día conmigo. Lúa emprende un viaje a un lugar donde algún día me encantaría ir. Fue muy bonito conectar con esa parte del mundo, imaginar cómo sería desarrollar una tarea humanitaria allí, descubrir ese destino con los ojos de Matt, Berta, Derek, Lúa… Casi al final del libro decidí cederles a mis protagonistas un pedacito de mi viaje a Malasia y los llevé a Perhentians, que hoy en día sigue siendo uno de mis paraísos preferidos.


Y vino la serie Sin ti. Seis intensos libros ambientados en una base militar de Texas, cerca de una pequeña ciudad llamada Cibolo. La llamé Fort Lucas en recuerdo a un personaje que me marcó de joven. Creo que estas son las novelas que más me han marcado y el viaje a Fort Lucas fue excitante al recrearlo en mi mente, al dotar de alas a Julia y a Zack para vivir su romance allí y después usar el escenario para los nuevos protagonistas de la segunda parte de la serie. Creo que no sería del todo sincera si no os dijera lo importante que fue para mí el Maggi’s en estas novelas… 
¡Feliz día! J