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Un año más...

 ¡Buenos días!
Llegamos al final de 2023 y mi corazón está repleto de instantes, de sentimientos, de ilusiones y de desengaños, de recuerdos de todos los colores. Ayer una amiga me decía: «2024 será nuestro año» y una sonrisa de colosales dimensiones se dibujó en mis labios. Porque soñar es la base de la ilusión. Creer, amar, sentir y no dejarse vencer nunca por los malos momentos. La vida se compone de sueños, instantes, alegrías, penas, esperanzas rotas, construidas, alcanzadas. De familia, amigos, compañeros. De minutos, días, meses, años. De todo cuanto nosotros queramos ver en ella. Y la base para alcanzar una felicidad duradera es positivizar, encontrar la parte buena de cualquier suceso, aunque sacuda tus cimientos y te deje el alma en carne viva.
2023 se ha llenado de decisiones, de saltos, de nuevos proyectos, de expectativas, de llamadas trascendentes, de apuestas, de puertas abiertas, otras que se han cerrado y de ventanas con vistas a un futuro donde todo es posible. He seguido la estela de mis aspiraciones, quizá he errado en unas cuantas decisiones, pero levantarse cuando te caes es la única manera de no hundirse, ver más allá del ahora, agarrar la posibilidad y descartar la derrota. Vibrar con las buenas noticias, ser prudente sin dejar de disfrutar, reír, soñar, saltar al vacío, sentir vértigo con la certeza de que bajo tus pies encontrarás suelo firme. Y jamás darle entrada al abatimiento.
Mi balance literario del año que acaba se resume en cuatro líneas:
✍️ he escrito 3 novelas
📖 he leído 120 libros
📚 he publicado 5 libros 
✒️   he firmado un contrato increíble 
Lo más ilusionante para mí fue esa llamada de Roca editorial de una tarde de finales de junio, con una oferta de esas que te hace llorar de alegría. La ciudad de tus ojos les había gustado, querían hacerla brillar, darle un sitio en el panorama literario, llevarla a un mundo que llevaba años soñando, a Penguin Random House. Al principio de la novela, Lara manda un e-mail que desencadena la historia, ella quiere escribir un libro y sus palabras reflejan cómo es, qué espera de la vida, sus aspiraciones respecto a ese manuscrito que quiere crear: «Como estoy tan decidida, lo haré en un tiempo récord y, ¿sabes qué pasará después? ¡Pues que Planeta o Random House me lo publicará! Fijo. Y de ahí a que Netflix me compre los derechos para convertirla en una miniserie de éxito solo hay un pequeño paso de nada…». Y, a veces, los sueños se vuelven realidad. El próximo 15/2/24 la novela estará a la venta y la presentaré en la librería Alibri (Balmes, 26 – Barcelona) a las 18:30. ¡Ojalá me acompañes! Será un día muy emotivo para mí. ¡Me presentará Joan Albert G. Moga! 


En el plano profesional no he tenido tanta suerte, aunque no me arrepiento de mis decisiones. También recibí una llamada para proponerme un salto, un cambio, un proyecto. Lo acepté, cambié de puesto, creí, soñé, me ilusioné, pero no salió bien, cambiaron de opinión, tras seis meses decidieron que ya no querían una gerente, que el plan estratégico sufriría un cambio y se desprenderían de la gestión para embrocarse en otro rol. Una puerta que se cerró, un momento de dolor. Pero hace apenas dos días la ventana capaz de darme alas se abrió y quizá, solo quizá, el sol vuelva a iluminar mi camino profesional.

Llega el momento de los propósitos para 2024. Viene un año lleno de emociones, con una gran publicación y mi corazón abierto a las novedades:
🌟Quiero disfrutar de cada momento.
🌟Quiero rodearme de las personas que me aportan y dejar atrás las que me restan.
🌟Quiero abrazar y que me abracen.
🌟Quiero sentir la felicidad a cada instante.
🌟Quiero positivizar.
🌟Quiero amar y que me amen.
🌟Quiero descubrir nuevos mundos, disfrutarlos, vibrar con ellos.
 
¡Os deseo una magnifica entrada de año! Nos vemos en 2024…
¡Feliz día! 

Felicidad en estado puro

¡Buenos días!
Dejé de escribir en este blog hace meses —o quizás han sido años—, mis horas se llenan de mil tareas, la eficiencia de mi tiempo prioriza siempre la escritura, la lectura, el trabajo y compartir las horas libres con los míos. No siempre es fácil, mi balance suele ser elevado: escribir una novela cada cuatro meses —a veces tres…—, leer una media de 121 libros al año, ir al gimnasio, trabajar dándolo todo, estudiar inglés, llevar las redes sociales de tres cuentas, la compra, organizar la casa, no descuidar mi relación de pareja ni a mis hijos… ¡Incluso tengo hueco para comer con mis padres una vez a la semana! Seguro que me dejo algo en la lista… Porque cuando publico también debo releer, mirar galeradas, trabajar en los manuscritos… Por eso decidí concentrar mi energía en otras actividades y aparcar el blog.



Creo en las señales, en la cadena de acontecimientos capaces de traer ilusión a nuestras vidas de golpe, como si solo se necesitara una chispa para encender la hoguera capaz de elevarte en el cielo de tus aspiraciones. Hace unos meses empecé la búsqueda para cambiarme de trabajo, entonces mi cerebro hizo una conexión ineludible sobre mi éxito en esos menesteres y el literario. Había entonces factores poco agradables en mi visión del futuro. Si algo busco desde mi inicio en este mundo, es toparme con alguien que crea de verdad en mi trabajo, que me apoye y entre ambos tracemos el camino. La realidad me ha decepcionado en demasiadas ocasiones porque me he tropezado con editores a los que solo impulsa en éxito comercial, sin construir ni apostar de verdad. Yo no soy así y me cuesta descubrirlo en los demás.



En mi afán por adentrarme en una aventura profesional diferente, solo me apunté a unas pocas ofertas, las que de verdad me atraían y me permitirían crecer. Hubo una que me arrebató el alma cuando me postulé; mientras realizaba las entrevistas y durante todo el proceso de selección mi mente decía: es tu destino. Recuerdo cómo me dolió recibir un e-mail con el «no has sido la primera opción». Son las reglas del juego, están para cumplirse, y debía aceptarlo. Aunque a veces la caída de las expectativas puede afectar de forma contundente. Al leerlo, mi credibilidad en un futuro estrellado se derrumbó, pero enseguida salí a flote porque al final mi vida es plena, tengo una familia estupenda, editoriales pequeñas que confían en mí, proyectos y estabilidad. Así que me aferré a esas pequeñas estrellas brillantes y decidí apartar la búsqueda de trabajo por un tiempo, aceptar un par de ofertas para próximas publicaciones y preparar un viaje familiar en agosto. 



En mi cabeza la parte literaria iba ligada a la del trabajo. Había mandado una novela que había escrito con un mimo especial a un par de editoriales que anhelaba, pero los meses sumaban sin respuestas. Y, si algo me ha enseñado el mundo literario, es que la ausencia de respuesta equivale a un no silencioso. Así que seguí con mi vida. Feliz, eso sí. Positivismo ante todo. Y…  De repente todo cambió. Dos meses después recibí un e-mail de ese trabajo soñado por si me seguía interesando, y ahí estoy, en él, aprendiendo día a día, disfrutándolo, conociendo a personas increíbles. Cada mañana le sonrío a mi reflejo en el espejo, con la emoción intensa de haber aterrizado en un lugar donde puedo evolucionar y expandirme. ¡Me encanta mi nuevo trabajo! Estoy de gerente en Carnet Future Mobility Research Hub, rodeada de talento joven, entusiasta, entregado y muy competente. Ojalá siga ahí mucho tiempo y alcancemos grandes logros.
En cuanto al mundo literario… Ains, las conexiones son tan reales, esas señales, la ley de la atracción… Pronto os cuento… —Bueno, quien dice pronto, dice en algún momento, ¿vale? 🙃—. Solo dejaré cuatro palabras: felicidad en estado puro. Cruzo los dedos y sonrío. Ojalá la vida siga tan llena de ilusiones.
¡Feliz día! 

Pequeñas cosas cotidianas

¡Buenos días! ¿Qué es la esperanza? ¿La felicidad? ¿La ilusión? A veces nos empeñamos en buscar las respuestas en los lugares equivocados, en alentar nuestros corazones con metas imposibles y permitir que la sensación de fracaso se ate a ver cómo otros alcanzan nuestros sueños. Pero si lo analizamos, también podemos encontrar emoción en cada recodo del camino, mirar adelante con esa sonrisa real que nos proporciona ser conscientes de las pequeñas cosas cotidianas que nos conducen por el sendero de la vida para colmarnos de esperanza y satisfacer nuestros anhelos.
Escribir romántica para mí es buscar la chispa de los sentimientos en cada personaje, otorgarles la capacidad de amar, sufrir, odiar, querer, llorar, reír… Y entender a dónde conduce el viaje de su existencia —y de la de cualquiera de nosotros—, la importancia de recorrerlo con la mente abierta a los detalles, a esas simplezas capaces de alimentar a nuestros anhelos. Son mapas de emociones. Mundos paralelos construidos a partir de una idea, de una esencia, de un sentir. Los hay de todo tipo, sondeo lo conocido y lo inexplorado por mí, deambulo por caracteres cercanos a mi forma de ser y fáciles de escribir y por otros que me son tan ajenos que necesito una fuerte dosis de empatía para ponerme en su piel y transmitir al papel sus reacciones sin cometer errores de base. Como escritora quiero alcanzar la máxima verisimilitud. Como lectora, no me gusta encontrar personajes sin una coherencia en sus acciones y pensamientos.
Una de mis aficiones al terminar una novela es buscar esas frases con significado que he dejado escritas, esas donde hablo del amor, las relaciones y la parte más íntima de un protagonista. Y luego las convierto en promociones, las uno a imágenes, las doto de alma. Porque al final las palabras no son más que un reflejo de nosotros mismos, de nuestro sentir, de mi imaginación, de aquello que le traspaso a los moradores de mi inspiración. Personas ficticias que a veces son mis compañeros de viaje y traspasan los confines de la imaginación para convertirse en algo más.
Os dejo algunas de esas frases, si alguna vez pasáis por aquí y os apetece, podríais escribir las vuestras, pensar en alguna que sintetice un pensamiento, explorar vuestro corazón y ver por qué late y qué lo hace expandirse, encogerse, palpitar… ¿Qué sería de nosotros sin emociones? ¿Sin palabras? ¿Sin instantes?
¡Feliz día! 

Frases de novela

 ¡Buenos días!
Aquella frase hecha que dice: «La vida sigue» es cierta, aunque quizá deberíamos añadirle una coletilla: «a pesar de que a veces tú te quedas encallado en un mismo lugar». Porque el hecho de continuar no significa tu avance ni la superación de algunos obstáculos. Para mí el hackeo de la cuenta de Instagram ha quedado en el pasado en algunos puntos, pero sigue mi lucha diaria, mi deseo de detener esta locura, de encontrar medios para explicar en voz alta lo que pasa. Y, en muchos instantes, me siento demasiado sola. La gente se desentiende de situaciones así, nadie mueve un dedo, los medios enmudecen y las grandes corporaciones siguen imponiendo su dominio. ¿Lo peor? O juegas a su liga o desapareces. 

En fin… Seguiré luchando día a día para salir de este atolladero sin dejar de ver la parte positiva, esa de empezar de cero y ver cómo a veces consigues crecerte en la adversidad de esta manera.

Hoy la idea es hablaros de frases de mis novelas. Cuando preparo las promociones para las redes, tengo siempre a mano un listado de ellas, extraídas mientras corrijo, pulo, releo. Porque en unas cuantas palabras puede contenerse la esencia de una historia, resumir un sentimiento, pueden hacerte pensar, llenarte de ideas y llevarte a un lugar diferente donde todo es posible. Normalmente elijo aquellas que hablan de amor, emociones, pensamientos constructivos… Y es que un manuscrito es un legado, un grupo nada desdeñable de palabras, muchas ellas con mensaje.

Cuando leo, muchas veces señalo las frases que me han llamado la atención. Son pequeños lemas, impulsos, brillos en un universo plagado de letras. Al escribir salen solas, se enredan en mi cerebro y encuentran su camino hacia la liberación a través de la lectura una vez pasan a ser vuestras. Pero eso no quita que estén en mi lista, en mi ordenador, en mis montajes fotográficos. Porque son la verdadera esencia de una novela, su corazón, su alma, su grandeza.

¿Alguna vez has subrayado frases en una lectura? ¿Cuáles te han llamado la atención? ¿Por qué? ¿Qué tipo de ellas te gustan más? ¿Te inspiran? ¿Te acompañan en tu día a día? 

Escribir es sentir para mí. Cada palabra cobra vida entre mis dedos, en mi cuerpo y en mi mente. Se enredan con mi ahora para llevarme de la manita a un mundo paralelo donde todo está permitido, donde la línea se difumina y puedo saborear de verdad la emoción de ser parte del devenir de esos personajes que crecen en mi mente. 

Las frases son un nexo irremplazable entre la realidad y la ficción, te adentran en la historia, la nutren de sentido, la dibujan y consiguen darle alas para volar hasta el firmamento de nuestros corazones. 
¡Feliz día! 

¿Qué es el amor?

 ¡Hola!
Este año ya llevo leídos 115 libros y quiero llegar a 131 como mínimo a finales de diciembre. Está claro que mi pasión por la escritura se complementa con el de la lectura, porque es la mejor manera de incentivar a mi inspiración y de sentir cómo mi mente viaja a otros mundos. Para mí parte de la magia del escritor reside en crear mapas de sentimientos, de lugares imaginarios, de personas desconocidas, pero que son capaces de acompañarte durante meses para iluminar tu vida. 
Escribo sobre historias de amor, parejas que se encuentran en algún instante de su vida, cómo llegan a enamorarse y cómo acaban juntos tras enfrentarse a obstáculos. Cuando empecé a publicar, escuchar las críticas era doloroso, encontrar una reseña negativa me hacía sentir un dolor intenso. Ahora he entendido que no todos tenemos el mismo gusto literario y que si alguien expone con respeto su opinión, debo quedarme con la parte constructiva y seguir adelante. Nuestras impresiones sobre un libro se llenan de un sinfín de inputs, entre el que destaca cómo nosotros encaramos la vida, nuestra forma de ser y cómo nuestra mente piensa que afrontaríamos ese acontecimiento en la vida real.
Una de las constantes críticas a algunas de mis novelas es lo que comúnmente se conoce como instant love. Lo malinterpretamos como amor instantáneo y algunas personas se llevan las manos a la cabeza porque no se creen que una sola mirada pueda desencadenar en una relación. Pero… ¿a qué exactamente llamamos amor? ¿En qué punto podemos encontrarlo? ¿Qué es la atracción primaria? ¿Esa chispa que surge de una mirada, un gesto, una palabra, un encuentro? Porque a veces nos ciega la nomenclatura, creemos que no nos puede pasar porque nunca nos ha sucedido. Pero ¿alguna vez has puesto tus ojos en alguien y has sentido ese vuelco en el estómago? Eso es la primera chispa. Puede que se quede ahí, que no vuelvas a ver nunca más a esa persona, pero también es posible que germine. 
Quizá el problema es la definición de «amor». Si nos fijamos en la RAE, hay varias definiciones, y no todas ellas hablan de ese sentimiento que muchas de las reseñadoras exponen. La primera acepción de la Real Academia Española es: «Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». Y, ¿quién interpreta que esto no pueda ser esa atracción primaria, ese instante inicial donde dejas de comer, de dormir y de pensar en nada que no sea esa persona que te ha llamado la atención? ¿Cuánto tiempo se necesita para alentar a la química a despertar? Porque tras una única mirada puedes quedarte «pillado», ¿no? ¿O hace falta pasar tiempo para querer volver a verlo? ¿Para desear un encuentro? ¿Para poder decir estoy «enamorado»?
Para mí la diferencia radica en el querer. En un primer estadio una relación ha de pasar por la pasión, el enamoramiento primario, esa fase donde la potencia de la avidez nos lleva a un estadio de absoluta «enfermedad del amor» y estallido sexual. Si siguiéramos así durante demasiado tiempo, acabaríamos consumidos. Ese momento es pura química, atracción, enganche… Es necesario para que el cariño, el afecto y el deseo de pasar el resto de tu vida junto a esa persona se asiente. Pero también es amor, uno diferente, uno que podría ser pasajero, uno que quizá no sea idéntico al de después. Pero sin él no llegaríamos a más.
¡Feliz día! 

¿Y tú? ¿Qué sientes?

¡Buenos días! 
Sentimientos. Esta sencilla palabra es la clave real para entender a un escritor, nuestro mundo interior, aquella razón por la que seguimos aporreando el teclado para crear historias, para transmitir nuestras ideas locas al papel, para dotar de vida a unos personajes que solo existen en nuestra mente, pero que al traspasar al papel cobran una dimensión desconocida: se alimentan de nuestras emociones, crecen en nuestras mentes, incluso deciden cuáles serán sus siguientes pasos en ese mundo paralelo donde moran. Y al final, tras apoderarse de la narración, de mi mente y de mi corazón, os los regalo, son vuestros, aunque dejan una huella en mi alma para siempre. Y me cuesta tanto dejarlos marchar…


Estos últimos meses he pasado por mucho, demasiado diría mi yo interior. Escribir me apasiona, es la base de mi sonrisa diaria, pero ¿qué sería de una escritora de romántica si no tuviera la sensibilidad por las nubes? A veces, cuando algo me altera en una medida superior a los demás y se lo cuento a una amiga, necesito justificarme, quizá por eso una de mis frases recurrentes es: «hombre, si no sintiera en estéreo, no escribiría romántica». Y lo pienso de verdad. Este tipo de escritura es un mapa de emociones, un camino por un páramo donde ellas lo son todo y minan el sendero para atravesarme y llenarme el cuerpo de su esencia. Leer es eso para mí, un camino entre la densidad de sentimientos, y mientras escribo me sobrecogen con una fuerza colosal. Río, lloro, me estremezco… 

Este último mes han explotado varias bombas en mi vida. Algunas las he sorteado con facilidad, otras todavía dejan réplicas en mi cuerpo y me zarandean al recordar la explosión inicial. Algunas se han disipado. Y pocas han eclosionado en una situación mejor. La vida es impredecible. Nunca sabemos qué puede salir de un momento tenso. La buena noticia es que todos nos levantamos tras caernos, que los sentimientos, a pesar de indomables, a mí me sirven para conectar con unos personajes, para crearlos, para dotarlos de una capacidad innata para avanzar en el intrincado mundo que creo para ellos. 
Llevo desde junio reeditando una serie de libros que en su momento significaron muchísimo para mí. Los volví a leer, los pulí, cambié algunas cosas, añadí escenas, conecté de nuevo con esos protagonistas que me tuvieron en vilo mucho tiempo y volvieron a conquistarme —aviso spoiler: no es difícil conseguir mi absoluta abnegación a ellos, son pate de mí—. Hay más historias preparadas para conquistar las librerías. Y no puedo ser más feliz de ver cómo llegan a vosotros.

¡Feliz día! 

RECUERDA:
ESTA ES MI ANTIGUA CUENTA: https://www.instagram.com/atcasala/
1. DENÚNCIALA por suplantación de identidad, NO SOY YO.
2. BLOQUÉLA
3. NO LA SIGAS
ESTA ES MI ACTUAL CUENTA: https://www.instagram.com/patcasalaoficial/
Si quieres seguirme, ya lo sabes…

Felicidad en estado puro

¡Buenos días! A veces algunos sueños encuentran la forma de hacerse realidad y se materializan frente a tus ojos de una forma perfecta, y entonces es importante saborearlos, sentirlos, hacerlos tuyos mientras descubres esa intensa felicidad momentánea donde las piezas de tu vida encajan de forma absoluta.
De niña soñaba con escribir, contar historias, llegar a Hollywood con ellas, verlas en la gran pantalla, ayudar en el guion, descubrir mis libros en las estanterías de las librerías, saber que los leían… Pensaba en grande, soñaba a lo apoteósico y no me daba cuenta de cómo de alejadas estaban esas metas de la realidad.



Crecí y abandoné mis sueños, me dijeron que jamás escribiría un libro. ¿Cómo iba a hacerlo una disléxica con problemas ortográficos tan pronunciados? Subestimaron mi capacidad por perseverar, por estudiar, por aprender. Pero eso es otra historia… 
Recuerdo un día de San Juan, cuando quemé mis cuadernos en una hoguera y condené todas esas fantasías hechas relatos a una vida de ostracismo absoluto. Ese día fue doloroso, había decidido no volver a escribir nunca más, total, nadie daba un duro por ello… Y estudié económicas.



Durante años me aparté de todo lo relacionado con la literatura. Ni lectura ni escritura ni nada que se le acercara. Pasé de leer más de cien libros al año a cero. Cambié mi percepción de la vida, estudié, me puse a trabajar, tuve hijos… y entonces todo explotó.
¿Conocéis esa sensación de que os falta algo para estar completos? A mí me sacudía constantemente, me zarandeaba, tiraba de mí. Los dedos me cosquilleaban de la necesidad absoluta de volcar mi imaginación en el papel, en la pantalla, en un libro. Esa ansiedad me carcomía. Se apoderó de mi alma, de mis sentidos, de mi vida. Hasta que me decidí a estudiar ortografía en secreto y, tras un año de volver a leer, de subrayar en los libros las palabras que me costaban, de aprenderme las normas una y otra y otra vez, me senté frente a una pantalla para dar rienda suelta a mi primera historia. ¡Fue catártico! Emocionante, increíble, perfecto, delirante… 



Entonces mis expectativas se montaron en un cohete imparable hacia la estratosfera, impulsándose hacia el imposible, jugando con fantasías desbordadas. Pero era tan feliz imaginando ese final, que quizá tardé demasiado en redimensionarlo a la realidad.
En esos sueños quiméricos había una parte que he logrado hace poco, y me siento como si acabara de subirme a ese cohete para alcanzar la velocidad de la luz y ver las estrellas pasar a toda pastilla a mi lado, como lucecitas blancas parpadeantes mezcladas con fuegos artificiales. Porque a veces, solo a veces, algunos sueños se hacen realidad. Como ir al FNAC y descubrir mis libros en la mesa de novedades, entre los más vendidos del género.



Fue una explosión de felicidad las dos veces. Con Caramel macchiato y con Chocolate muffins. Y quiero seguir sintiéndola, quiero alcanzar el cielo de las emociones de la mano de mis chicos, quiero disfrutar, saborear y compartir. Ojalá encuentre otro de esos sueños en el futuro, aunque haber vivido la consecución de estos vale por mil.
¡Feliz día! 

Contar historias

¡Buenos días! Debería escribir más en el blog, ya que apenas paso por aquí. He cambiado mis rutinas, pero a veces vuelvo a él. Lo empecé en un momento convulso de mi vida, cuando deseaba alcanzar una meta imposible, mi corazón estaba tan roto por las esperas y los rechazos y carecía de capacidad de ver la luz del sol entre las nubes. Me funcionó, fue un catalizador de rayos, un ente capaz de agujerear las nubes para darme la visión del cielo.
Contar historias es como volar a otro lugar, como darle la potestad a mi mente para vivir en una realidad paralela donde todo es posible, incluso ser quien nunca seré. Y eso me ayuda a dejar vagar mi imaginación por reinos desconocidos, por países lejanos e inalcanzables y por personajes que en ese momento me invaden el corazón y lo llenan con su realidad, una muy alejada de la mía.



A veces siento, pienso e idealizo conceptos, personas, instantes… Pero soy consciente de que si me pasaran en la vida real o conociera a ese chico completamente tatuado o me enfrentara a según qué tipo de traición, nunca acuartaría como mis personajes. Pero es tan bonito imaginar, darles alas a mis ensoñaciones románticas…



He evolucionado mucho desde que abrí el blog. Ahora veo la vida desde otra perspectiva, sé disfrutar de los buenos momentos, de la escritura, de las interacciones con los lectores, de la vivacidad de emociones que despierta escribir, leer y beber a sorbitos la felicidad.
La semana que viene se publica la segunda parte de Little Falls, una serie que me robó el corazón durante meses, me hizo cambiar de parecer con algunos personajes y me acompañó en un mundo lleno de emociones, en un pueblecito perdido en Arkansas, con ranchos, caballos, saltos de agua y personas increíbles. 



Me gusta mezclar el thriller en mis novelas, crear a malos, dotarlos de personalidad y de razones ocultas para convertirse en monstruos. Aunque he de admitir que muchas veces la realidad supera la ficción. En Little Falls aparece alguien oscuro, una persona con un corazón tan negro que debería pesarle. Y sí, como dicen muchas personas, Caramel macchiato termina dejando muchas cosas en el aire. Pero ya os adelanto que la mayoría de respuestas las hallamos en Chocolate muffins… 
Sigo feliz ante cada lector que llega a mis libros. 4ever continúa su carrera imparable hacia las lecturas, Perfumes y acordes ha conquistado muchos corazones y espero que Little Falls siga el mismo camino que Caramel macchiato en todas las novelas. ¿Me vais a acompañar en esta aventura????
¡Feliz día! 😍