Reflexiones desde el sofá


            ¡Buenos días! Mañana seguiré un poquito con Los Cofres del Saber, a ver si avanzamos por una senda adecuada….
            ¿Sabéis? Esto de estar en casa con la pierna estirada y sin casi movilidad se me está haciendo muy pesado… ¡Yo quiero ir a trabajar, bailar y no depender de nadie! Desde luego, ya podríamos tener una máquina del tiempo para rebobinar y conseguir que no me cayera….
            La verdad es que me duele la pierna cuando intento apoyarla (ya sé que no debería intentarlo, pero es que me da tanta rabia depender de las muletas…) ¡Y yo que pensaba que quizás no era nada y que en dos días volvería a bailar!
            Bueno, la parte positiva es que no me he de levantar a las seis de la mañana para tenerlo todo hecho ni he de correr todo el día de aquí para allá ni he de ocuparme de algunas cosas que me serían imposibles… Aunque como hay una serie de asuntos del trabajo que puedo gestionar desde casa intento utilizar el tiempo de la manera más productiva posible para que no me venga todo de golpe al volver.
            Además tengo horas y horas para escribir, pensar, crear y buscar información acerca de las tramas en Internet. ¡Así que no es del todo malo!
            Me han dicho que hace mucho frío, que las calles se han llenado de bufandas, abrigos, guantes, gorros… Ha nevado en muchísimos puntos de España y parece que por fin el invierno ha decidido venirse a vivir a nuestra tierra… ¡Ya era hora!
            Desde mi ventana de Barcelona puedo contemplar el cielo, las nubes, la sensación de frío que escarcha un poco las ventanas, las plantas de mi terraza ateridas, el avance del día que va cambiando de color, de textura, de forma…Todo sigue su curso, todo camina hacia el mañana, todo avanza hacia un minuto después.
            ¡Ufff! ¡Qué filosófica! Está visto que esto de la inactividad no me es provechoso. ¡A ver si me quitan esta venda de una vez y me dicen que estoy bien!!! Así volveré a ser la de siempre.
            Soy una persona inquieta, impaciente, constante y muy perseverante, por eso he seguido mi camino para llegar donde deseo, aunque las curvas intrincadas que me acompañan casi me frenan en muchos momentos… Pero sigo creyendo que la única manera de lograr algo, de prosperar, de conseguir alcanzar una meta es trabajar duro, no cejar en el empeño de intentarlo y dar absolutamente todo lo que tienes para lograrlo.   
            La verdad es que en el trabajo soy igual, muy perfeccionista, cuadro los saldos continuamente, busco maneras de ir sobre seguro, presento los impuestos antes de tiempo, intento no cometer fallos y cuando lo hago me recrimino a mí misma ese desliz. ¡Y siempre cumplo con mis compromisos! ¡Aunque me cueste un esfuerzo extra!
            Lo que me cuesta un mundo es entender a las personas que no pueden cumplir los compromisos que adquieren, que no tienen en cuenta los sentimientos de los demás, que se escudan en el estrés, en las múltiples tareas, en sus pocas horas para abarcarlo todo,… ¡Al fin y al cabo ellos han adquirido unas responsabilidades por deseo propio!
            En fin… La vida es un sinfín de ilusiones, trabajo, esperanzas, esperas y desilusiones…
            Deseo que mi camino se llene de luz y de color, que algún día pueda dedicar mis horas a lo que realmente me importa, que mis esperanzas sean fundadas y que las desilusiones se marchiten en algún lugar indefinido donde no las pueda encontrar…
            Y, como no, os deseo lo mismo para todos… ¡Pasad un gran día!!!

¿Dónde vamos a ir a parar???


           ¡Buenos días! Empieza el martes con mucha ilusión, ganas de escribir y un montón de cosas que hacer aunque sea desde el sofá. ¡Y es que lo de la inactividad no va conmigo! ¡Y me cuesta un mundo esto de pasarme el día estirada sin moverme!
            Ayer leí en La Vanguardia un artículo que me dejó intranquila y con la angustia metida en el cuerpo. Hablaba acerca de los empresarios de toda la vida, con negocios de una cierta dimensión, que debido a la crisis habían ido perdiendo su patrimonio para intentar aguantar el temporal y habían acabado arruinados.
            ¡Es increíble! Si los pequeños y medianos empresarios nacionales, los de aquí que durante años han apostado por sus negocios, por crear empleo, por levantar algo propio acaban en la ruina, sin más que una pensión pequeña para ir tirando y van cerrando los establecimientos, no sólo aumentan las listas del paro, sino que engrosan las arcas de las multinacionales extranjeras y consiguen que nuestra economía nacional acabe de desestabilizarse.
            Yo creo en las empresas propias de cada región. Considero que las empresas de carácter familiar que han ido creando el entramado de la economía particular de cada una de las comunidades autónomas que forman nuestro país nos conceden una identidad y una manera de subsistencia propia, mientras que las grandes cadenas que invaden cada rincón del mundo sólo consiguen repartir sus ganancias entre unos pocos.
            Normalmente el trato en empresas pequeñas suele ser mucho más humano y cercano. Cuando el empresario está trabajando a tu lado, codo con codo, es más fácil hablar con él, entablar una relación laboral agradable y equilibrada.
            ¿Dónde vamos a ir a parar si las personas que han trabajado toda la vida para crecer y levantar un negocio ahora acaban arruinadas y con la obligación de cerrar? ¿Cuánto tiempo más va a durar esta crisis que está abriendo unas brechas demasiado amplias como para cerrarlas sin más?
            A mí estas noticias me ponen los pelos de punta. Si hemos de depender de empresarios grandes y perdemos nuestra identidad convirtiéndonos en una calcomanía de otras ciudades, plagados de las mismas tiendas, los mismos negocios y las mismas cadenas, no tardaremos demasiado en palidecer.
              Bueno, espero que tarde o temprano se encuentre una solución a esta situación, que las cosas acaben volviendo a su cauce y que siempre existan valientes con ideas brillantes para arriesgarse a abrir algo propio, algo nuestro, algo del país que aporte riqueza.
            Es importante mirar hacia delante con valentía y esperanza, buscar la ilusión en las pequeñas cosas, encontrar la esencia de cada instante y aprender a disfrutarla. Hay que continuar navegando por las aguas turbulentas que nos han tocado vivir, capear el temporal con la mayor entereza posible, levantar el ánimo y buscar una corriente que nos acerque a la calma. ¡Seguro que entre todos encontramos la manera de salir del centro de la tormenta!
            Hoy voy a creer que todo es posible, que finalmente mis sueños encontrarán la manera de materializarse en la realidad y que todas las personas que han visto cómo su vida y sus ideales se han tambaleado encontrarán el sendero que les guíe hacia una felicidad quimérica y perfecta.
            ¡Pasad un gran día!

¡Cosas que pasan!


            ¡Buenos días! Empieza una nueva semana un tanto distinta a las anteriores. ¡Es la primera vez que estoy en casa por una lesión! Aunque no he podido librarme de las obligaciones matutinas que he adquirido: preparar el desayuno de los niños, el mío, la comida de Álex, despertar a Irene… ¡Suerte que mi marido me ha echado una mano!
            Bueno, hay que mirar siempre el lado positivo de las cosas, voy a tener todo el tiempo de mundo para estar en casita y alternar la escritura con ratitos ociosos. ¡Qué más se puede pedir! Hombre, si la pierna dejara de dolerme estaría muchísimo mejor….
            No he recibido noticias de nuestro anónimo, me encantaría alguna pista, ir descubriendo lentamente quién es, hacer un poquito de detective. ¡Es algo emocionante! Aunque no soy quien para privarle del anonimato…
            Ayer Sara apuntaba en el Facebook que estaría bien recapacitar sobre la existencia de personas altruistas y la de otras que pasan por el lado de un herido sin inmutarse. ¿Cuántas veces os habéis parado a socorrer a alguien? ¿Os han ayudado cuando lo necesitabais? ¿Podemos decir que en general somos solidarios?
            En mi casa siempre hemos procurado ayudar a los demás. En las pistas de esquí mis hijos son siempre los primeros que se paran a auxiliar a los accidentados, yo siempre los he alentado a que sean así, considero que es importante darles esa visión solidaria de la vida y enseñarles a que se debe ayudar a los demás.
            También aplico estas enseñanzas a la vida diaria. Si alguna vez alguien necesita ayuda en la calle, para cruzar un semáforo, si se ha caído, si ha habido un accidente,… yo suelo ayudar, pararme, auxiliar a quien lo necesita.
            La experiencia de estar tirada en la nieve, sola con mi hijo que no sabía cómo reaccionar y con un dolor intenso en la pierna, me sirvió para comprobar que muchísima gente se desliza por tu lado sin pararse ni mirarte ni preguntarte. ¡Y eso que me cogió un ataque de llorera! Sí, lo siento, me puse a llorar como una niña. ¡Es que me daba tanta rabia haberme hecho daño!
            Así son los humanos en general, así pasan por al lado de algo que no les incumbe y continúan bajando la pista sin ni mirarte. ¡Suerte que dos chicos se paparon y me ayudaron! Y dejé de llorar y empecé a comportarme como una persona con temple. ¡Os prometo que a partir de ese instante me comporté genial!
              Hace algunos años a mi marido le pasó una cosa increíble, algo de lo que muchas veces hablamos y todavía nos indigna porque fue una experiencia angustiosa para él. Debía tener unos veinticuatro o veinticinco años, ¡todavía no estábamos casados!
            Una mañana entró en una oficina de La Caixa para hacer algún tipo de operación que ahora no recuerdo y al salir se encontró con dos hombres vestidos de calle que lo agarraron con fuerza e intentaron inmovilizarlo en medio de la calle. Mi marido se resistió y empezó a pedir auxilio a los transeúntes, quienes pasaban por su lado cambiando de acera.
            Los dos hombres lo agarraron con mayor fuerza en vista de la resistencia que ofrecía mi marido y lo redujeron en el suelo sin decirle nada, sin explicarle quiénes eran ni qué querían. Mi marido iba gritando: “socorro, me quieren atracar, ¡qué alguien me ayude!”. Pero nadie se paró a auxiliarle, ni siquiera llamaron a la policía o intentaron averiguar qué pasaba, y pensad que mi marido acabó inmovilizado en el suelo y con la amenaza de una porra que uno de los hombres alzó sobre su cabeza.
            Cuando al fin dejó de resistirse los hombres lo cogieron y lo llevaron a un coche de policía que estaba a una manzana de distancia. Allí, justo en ese instante, se identificaron como agentes de la ley. ¡Me parece increíble que no lo hubieran hecho antes! Uno de ellos le pidió el DNI a mi marido mientras el otro llamaba por radio.
            -¡Perdona! -le dijo el de la radio a mi marido tras constatar que habían cometido un error-. La alarma de La Caixa ha sonado y tú eras el único cliente, así que no podíamos correr riesgos y por eso te hemos cogido. ¡Son cosas que pasan, chaval!
            Y lo dejaron ir, así, sin más, con una simple disculpa y el mal trago en la piel. ¡Parece increíble que durante el forcejeo nadie ayudara a mi marido! ¡Y que los agentes no se identificaran hasta el final! ¡Y que nadie llamara a la policía! ¡He de admitir que desde entonces no acaba de gustarme la policía!
            Bueno, hace tantos años de eso…. ¡Pasad un gran día!

Unas cuantas respuestas


            ¡Buenos días!!! A ver si el sol nos acompaña en este domingo helado y un tanto distinto a como me lo esperaba… ¡Qué el sol nos ilumine y nos guíe en nuestra inspiración! A ver si me trae a las Musas y a un séquito de esperanzas y sueños…
            La verdad es que la experiencia de ayer es digna de tener en cuenta para una novela. ¡No hay mal que por bien no venga! Ahora ya sé lo que se siente cuando estás ahí tirada en la nieve y esperas a que te recojan. ¡Y lo de ir con muletas ni os lo cuento! Jajajaja, es que a mí lo de estarme quietecilla se me da un poco mal y como tengo tan poca movilidad…
            Bueno, voy a intentar hacer caso al médico y no levantarme demasiado, a ver si realmente en unos pocos días me sacan esta incómoda venda y lo olvido todo. ¡Ojalá se quede en un susto y unos días aparatosos!
            Ayer por la tarde me fui de urgencias a la Teknon para corroborar el diagnóstico de la doctora de Puigcerdà y parece que por suerte no tengo nada muy grave, así que dentro de la mala pata tuve algo de suerte y en unas semanas habré olvidado la caída y sus consecuencias.
            ¡Y pensar que llevaba años sin caerme esquiando! Mi marido me dice que ya no tengo quince años y que debería haber bajado por la azul. Si embargo yo creo que es una cuestión de mala suerte, porque la caída tampoco fue súper aparatosa, sencillamente caí mal… Y he bajado por la roja tantas veces sin problemas que no puedo achacar lo que pasó a una inconsciencia.
             Ayer estaba un tanto cansada cuando escribí la crónica del día y no pude ahondar en algunas cuestiones. Al regresar a Barcelona mis hijos y mi marido me bombardearon a preguntas en el coche y me hicieron reflexionar acerca de algunos detalles que me habían pasado desapercibidos.
            ¿Es chulo bajar dentro de una camilla? Hombre, pues no demasiado, estaba estirada con los brazos cruzados sobre el pecho, completamente tapada con unos plásticos naranjas de la propia camilla y sólo una ventana transparente sobre los ojos. ¡Suerte que me conozco la pista al dedillo! Gracias a ello pude orientarme mientras el socorrista descendía por la pista. Pero la sensación es incómoda y algo mareante.
            ¿Qué le dijiste al hombre de la camilla? Lo acribillé un poco a preguntas, pues me preocupaba un poco el descenso, pero me aseguró que no había ningún peligro, que lo hacía cada día y que nunca le había pasado nada.
            ¿Cómo era la ambulancia? ¿Muy grande? Pues la verdad es que no, que era una furgoneta un tanto pequeña donde cabía la camilla, una asiento para mi hija y la cabina del conductor y el médico.
            ¿Cómo es que llamaron a una ambulancia? El de la camilla me interrogó un poco acerca de si tenía o no seguro de pistas. Por suerte cada año tramito el del RACC Slalom que te lo cubre absolutamente todo, así que el socorrista me aconsejó que fuera en ambulancia para no mover la pierna y ser atendida antes.
            ¿Qué hiciste el rato que esperabas en la pista? Intenté bajar un poquito de culo, pero me dolía la pierna y la pista era demasiado inclinada para eso. Estaba sola con mi hijo, sin móvil y la mayoría de la gente pasaba sin pararse. Al final unos chicos muy simpáticos se detuvieron y me ayudaron. ¡Suerte que llevaban teléfono y se ocuparon de Álex! Ellos avisaron a mi marido y a los de las pistas. ¡Siempre hay gente fantástica!
            ¿Hacía frío? ¡Muchísimo! Tenía el pantalón empapado, los dedos de los pies insensibles y las manos agarrotadas. ¡Tardé toda la tarde en entrar en calor!
            ¿Tenéis más preguntas? ¡Si es así hacedlas! Os la contestaré con mucho gusto. ¡Ahora voy a tener muuucho tiempo para escribir!
            Me gustaría hablar sobre el anónimo no identificado que me dejó el comentario unas semanas atrás y que me especificó que no era M. ¿Me vas a dar alguna pista? ¡Estoy intrigada! Es que soy muy curiosa y eso de descubrir quién se esconde tras los anónimos me intriga…. ¡Así que adelante! ¡Deja un comentario con algún indicio que te delate! ¡Igual que hizo Javier al principio!
            ¡Pasad un gran día!      

¡Qué mala pata!


           ¡Buenas tardes! ¡Parece que esto de irme a la montaña no me sienta muy bien últimamente! Y, es que tal como dicta el título, he temido muy mala pata. ¡Jajajaja! Es para decirlo de alguna manera….
            Bien, como este blog se trata de escribir y explicar cosas, he decidido ir desgranando los sucesos de hoy con una crónica. ¡Es que hay tanto que contar! ¡Tantas experiencias nuevas! ¡Tan mala pata! Aunque me lo estoy tomando con mucho humor, la verdad.
            ¡Vamos allá! Hoy me he despertado en Estavar, en la casa que tengo en este pueblo francés de La Cerdaña. Era temprano, pues teníamos previsto subir a esquiar y pasar el día deslizándonos por la nieve. ¡Hay que amortizar el forfait de temporada!
            La casa todavía acusaba un poco el intenso frío que nos saludó al llegar ayer por la noche, el exterior estaba a siete grados bajo cero y el interior cerca de diecisiete. He abierto los porticones del salón para observar cómo despuntaba un cielo sereno en lo alto de las cumbres. No se apreciaba demasiada nieve en el paisaje ni la posibilidad de que una tormenta la dejara para emblanquecer los parajes silenciosos y mágicos que me rodeaban.
            Mientras la casa dormía me he arrebujado el jersey y he empezado a trajinar en la cocina para preparar un buen desayuno. Mi mente ya circulaba por las pistas, con la ilusión de encontrar un día soleado y sin  resquicio de aquel molesto viento de la última vez.
            Una enorme taza de café con leche humeante ha acompañado a cuatro rebanadas de pan con tomate y jamón en dulce. ¡Qué bien sienta el café calentito de buena mañana! ¡Y qué genial es tener mi iPad para ir haciendo sudokus mientras degusto mi desayuno en absoluto silencio!
            He despertado a mi marido y a los niños a las ocho en punto, un poquito más tarde que de costumbre, y nos hemos puesto en marcha tres cuartos de hora después para enfilar hacia las pistas del Puigmal. El sol relucía claramente en las cimas para augurar un día nítido, claro y perfecto. ¡Aunque el termómetro exterior marcaba cinco bajo cero!
            No hemos encontrado demasiada circulación, parece que este fin de semana no hay demasiada gente en La Cerdaña, ni tampoco había una cantidad importante de coches en el parking, por lo que la mañana de esquí empezaba a tener muy buena pinta. ¡Además la inversión térmica ha subido la temperatura hasta un grado!
            Las primeras bajadas han sido geniales: poca gente, sol, buena nieve y los cuatro juntos, disfrutando de cada instante. Todo ha ido perfecto hasta que mi marido se ha quedado con Irene en la parte alta mientras yo acompañaba a Àlex al lavabo. En una bifurcación hemos decidido bajar por la roja en vez de la azul. ¡Es una pista que debo haber hecho un millón de veces!
            Parece mentira que le haya dicho a mi hijo: “ves despacio” y haya sido yo la que no ha hecho caso de mi propio consejo, porque cuando me he caído tras un bam sobre una placa de hielo y he escuchado el catacrac de mis ligamentos he sabido de inmediato que mi pierna derecha acababa de lesionarse.
            ¡Nunca antes me habían bajado con una camilla! Y si no llega a ser por unos esquiadores solidarios que se han parado a socorrerme todavía estaría allí tirada. ¡Y es que soy tan lista que me he ido de casa sin el móvil! Así que gracias a que he sido socorrida por unos altruistas mi hijo no se ha colapsado, hemos llamado a mi marido, me han bajado en camilla y me han subido a una ambulancia.
            Bueno, lo de la camilla ha sido un poco angustioso. Iba temblando de pies a cabeza, me había pasado unos veinte minutos esperando sentada en la nieve y tenía un frío de mil demonios. ¡Encima me dolía la pierna y me han tapado como si fuera una momia! Creo que el frío se me ha quedado en el cuerpo porque ahora estoy frente a la chimenea y sigo teniendo las manos heladas.
            ¡Vanos a mirar la parte divertida! He ido hasta el hospital de Puigcerdà en ambulancia, con la bota de esquí puesta y mi hija sentada al lado dándome la mano. Y he tenido mucha suerte, porque sólo llegar me han atendido. Parece que tengo un esguince de ligamentos y algo indefinido en el menisco. ¡Es que no acabo de entender la jerga médica!
            Me han vendado toooooda la pierna, parece que la tenga como una butifarra, y me han llevado en camilla hasta el coche. Ahora se me ha acabado el baile y el esquí para una temporadita… ¡Esperemos que sea poquito tiempo!   
            ¡Son gajes del oficio! ¡Pasad un buen día!

Mi lista


            ¡Buenos días! ¡Se acabó la semana! ¡Unas horitas de trabajo y dos días de descanso bien merecidos! La verdad es que estoy deseando que llegue este fin de semana… ¡Chimenea, esquí, descanso, escritura y tranquilidad!
            Primero debo advertiros de que mañana empezaré la entrada con buenas tardes, si hay nieve y el tiempo acompaña iremos a las pistas a esquiar durante la mañana y no podré escribir hasta la tarde.
            El post de ayer suscitó muchos comentarios a nivel privado entre algunas de las personas que me siguen. He de daros las gracias por escribirme y seguir aquí. Si os digo la verdad esta última semana he acusado bastante el cansancio de levantarme tan pronto para no dejar a medias una promesa y también he visto cómo las visitas decrecían un poco… ¡En fin! Sigo aquí de madrugada y sigo con la misma ilusión, así que a ver si hacéis crecer de nuevo el contador de visitas…
            Siguiendo con la reflexión de ayer y, a petición de algunos lectores, haré una breve disertación acerca de aquellas personas y aquellas situaciones que han marcado de manera significativa mi vida. Es un ejercicio que todos deberíamos hacer en algún momento de nuestra existencia, uno que nos ayuda a descubrirnos por dentro y a conocernos mejor.
            De pequeña la influencia más importante fue la de mis padres y mi abuela materna. Ellos me dieron unos valores maravillosos que me han acompañado durante todos estos años.
            En la escuela mi imaginación fue la detonante de muchos episodios que me han acompañado al largo de toda la vida. En los primeros años estuve acompañada por unos amigos excelentes, unos que todavía ahora recuerdo con cariño. ¡Gracias al Facebook recuperé el contacto con una de ellas!
            Quizás, de mi época de adolescente, lo que más marcó de verdad el rumbo que tomaría mi vida fue la maldita disortografía y los comentarios insistentes de las profesoras, esos que me condenaban a no saber escribir nunca y a olvidarme por completo de mi sueño.
            Hubo muchos más momentos álgidos y muy relevantes. Hay algunos que me sirvieron para entender la vida tal y cómo es y fueron el detonante de mi cambio de forma de actuar, otros que me impulsaron a seguir adelante y otros que guardo en la memoria con un cariño especial.
            Conocer al que hoy es mi marido marcó un antes y un después. Él me ofreció una estabilidad importante, una que me ayudó en el importante proceso madurativo que me ha llevado a mi yo actual. ¡Quizás por eso a los 23 años ya estaba casada y a los 25 tuve mi primer hijo!
            La llegada de los hijos es un paso importante en la vida de cualquiera y para mí no fue diferente. Era joven, un tanto inexperta y tenía muchísima ilusión. ¡Los primeros años fueron maravillosos! ¡Y también todo lo que ha venido después!
            Los niños han cambiado muchos de mis puntos de vista, me han ayudado a entender situaciones pasadas que nunca llegué a procesar bien, me han acompañado en un cambio de personalidad paulatino en el que finalmente triunfó el deseo intenso de crear y de luchar por un sueño.
            Ellos me han ayudado a ver el prisma de la vida de colores distintos. Los hijos te enternecen, sacan lo mejor de ti. Son unas personitas que crecen contigo, que te necesitan y que te toman de ejemplo. ¡Y tú debes encontrar la manera de darles ese ejemplo!
            Ahora mis influencias siguen siendo mis padres, mi marido, mis hijos y mi sueño. ¡Aunque sigo sin haber tocado todos los instantes importantes de mi vida! ¡Quizás algún día lo haga!
            ¡Pasad un gran día!