¿Tiramos una moneda?
¡Buenos días! Hoy tengo un día ajetreado…
Una reunión a las doce y media, una llamada telefónica que quizás me alegre el
día, una clase de baile, otra de inglés… ¡Estoy convencida de que será un gran
día!
Últimamente me invaden los
recuerdos. Es muy posible que el cambio de mentalidad experimentado en estos
tiempos sea el motor de esas reminiscencias. Es como si al mirar hacia atrás me
percatara del gran camino recorrido.
Evoco un momento preciso, cuando
me quedé sin trabajo porque mis padres se preparaban para cerrar el negocio de
una vida. Era una época triste, a pesar de que la decisión fue la correcta. Trabajaba
con ellos, llevaba los números, atendía al público e intentaba ver la
continuidad de algo que no la tenía. Y me apenó muchísimo que las puertas de
las tiendas de mis padres cerraran sus puertas, no tanto por mí como por lo que
significaba para ellos.
El día que inicié mi periplo de
búsqueda de empleo no tenía ni idea de lo que se venía encima. Soy una persona
activa, acostumbrada a trabajar a doscientos por hora, con la necesidad de
ocupar las horas en actividades productivas. Y de pronto me encontré con
muchísimas horas libres.
En ese momento pensé que era una
señal para dedicarme a escribir, pero no contaba con el dañino efecto de las
esperas. En vez de ser una época productiva se convirtió en un calvario. La
ilusión de vivir únicamente de la escritura capitaneó los días, como un
horizonte inalcanzable que se alzaba al final de un camino tortuoso.
Dejé de escribir. Fue ir hacia
atrás como los cangrejos. Entonces me prometí a mí misma que sería el destino
quien elegiría mi futuro laboral. Fue como si tirara una moneda al aire.
¿Letras
o ciencias? Si me daban un trabajo renunciaría a escribir, si conseguía un
contrato editorial me dedicaría a mi sueño.
Estaba tan equivocada…
Evidentemente no tardé demasiado en encontrar una empresa donde prestar mis
servicios. Y, evidentemente, no había conseguido un contrato editorial. Así que
ya me veis intentando abandonar la escritura, como si no pudiera ser una
actividad complementaria al trabajo remunerado.
Por suerte se impuso la sensatez
e inicié un largo sendero hacia el ahora, cuando lo importante es escribir
porque quiero y no para ser leída.
Estoy decidida a continuar con
mis dos facetas. No puedo elegir entre las letras o los números, ambas opciones
me gustan por igual, aunque no me importaría que la balanza entre ellas
estuviera más equilibrada. Hay que ver cómo han cambiado mis pensamientos…
¿Y si la moneda todavía estuviera
girando?
¡Qué bonito es soñar cuando
puedes disfrutar de cada instante! No renunciar a la sonrisa diaria ni a la
posibilidad de avanzar en ambos campos es genial…
¡Feliz día! J
Eres una adultera intelectual recalcitrante. No dejas la locura de tu primer amor, aunque te hayas casado con la sensatez laboral.
ResponderEliminarPerdón por lo de adúltera, pero esta postura ecléctica entre lo que te produce estabilidad material y estabilidad emocional parece la historia de una romántica razonable que no renuncia a la vida llena de lujos que le proporciona el primero, pero tampoco al amor eternamente apasionado que le proporciona el segundo.
ResponderEliminarBueno, se puede ver la creación literaria como una amor a las tramas, ¿no?
EliminarMe gusta que te guste vivir a 200 por hora. A mi también
ResponderEliminarJejejejeje, es la mejor manera de vivir... :-)
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