¡Mañana entrevista a Fernando Gamboa!


¡Buenos días! Hoy está nublado, húmedo y gris. Es una de aquellas mañanas en las que te quedarías en la cama y no te levantarías por nada del mundo. Las nubes esconden al sol, ennegrecen la calle y apagan las luces de muchos corazones. Cuando el día despierta triste me contagia esa melancolía.
Atendiendo a nuestro contrato de optimismo aparcaré esas sensaciones mañaneras y empezaré a escribir con alegría, como si fuera de noche, como si la oscuridad que se cuela por la ventana fuera producto de la hora temprana y no de la tormenta que se avecina.
Durante el día de ayer mi novela El Secreto de las Cuartetas volvió a colarse en el número dos de las más vendidas de la categoría “Mitos, Leyendas y Sagas”. Me emocioné tanto que hice una captura de pantalla, son cosas que sólo veo una vez cada mucho.
Almudena Navarro comentó bajo el post que ella consideraba que mis sueños se han cumplido ya. Bueno, una gran parte de ellos sí, aunque falta la culminación, la meta, el final. He reflexionado mucho acerca de ello y me he percatado de que me quedan tantísimos años por delante que quizás todo llegue, o quizás, simplemente, camine hacia otro lugar. ¡Sigo apostando por vivir y no esperar!
Hoy os quiero presentar a un escritor cuya vida me llamó tanto la atención que no pude evitar leer su novela: La Última Cripta, actualmente la número 4 en las más vendidas de Amazon. ¡Durante muchas semanas se mantuvo en el número uno! Tiene otras dos novelas publicadas en Amazon: Guinea  y La Historia de la Luz.
Me gustó mucho esa novela, me encandiló Ulyses, el protagonista y me interesó la trama. Últimamente no sé que me pasa que todos los libros que compro tratan sobre los Mayas… ¡Debo tener un imán! La novela de Fernando va más allá y cuenta una teoría interesante. ¡Chic@s, hay que leerla!
Os voy a dejar una biografía de nuestro escritor de la semana y el enlace a su Web (aquí). ¡Seguro que os interesa echarle un vistazo!
Fernando Gamboa González (Barcelona 1970) tras dedicar buena parte su vida adulta, a viajar por África y Latinoamerica, y vivir en varios países; llevando a cabo trabajos tan dispares como submarinista, profesor de español, empresario, jugador de póker o guía de aventura, en el año 2007 publicó su primera novela: La última cripta. Un relato de aventuras en el que plantea un descubrimiento de América previo al de Cristóbal Colón, por parte de los templarios, y del que se vendieron más de 100.000 copias en todo el mundo. Posteriormente, en 2008 publicó la inquietante Guinea, una trepidante y polémica novela, inspirada en la experiencia del autor en Guinea Ecuatorial. Más tarde, basándose en la historia real de una niña colombiana, escribió La historia de Luz, un emotivo y mágico relato, destinado a hacer temblar los corazones de aquellos que lo lean, publicado directamente para eBook. Y por último, se encuentra en manos de diversas editoriales el manuscrito de Ciudad Negra, la esperada continuación de La última cripta, y que próximamente saldrá a la venta.
 Actualmente, se encuentra trabajando en la tercera parte de La última cripta, así como en una nueva novela ambientada en la II Guerra Mundial, titulada Apokalypse.
¡Atentos a las respuestas de mañana! ¡Feliz día! ¡BESOSSSSSSSSS!

¡Ahora vivo!



¡Buenos días! Martes, gris, oscuro y un poco triste. ¡Suerte que mi corazón ríe! A pesar de los pesares estoy feliz. Feliz por tener una vida tranquila, feliz por tener a mis hijos, feliz por tener trabajo, feliz por tener una gran familia y feliz por tener un nuevo horario. ¡Así que gracias Cosmos por darme todo esto!

Así deberíamos empezar cada día, ¿no creéis? Es necesario que nos demos cuenta de todo lo maravilloso que tenemos y de lo que disfrutamos en vez de darse cuenta de lo que no tenemos y nos sentamos desgraciados por ello.

Ayer tomé un café con Julia Siles, una escritora que conocí en la red y ha conseguido publicar su primer libro, en un par de meses saldrá a la venta. ¡Y fue un café muy agradable!

Parece mentira que el esfuerzo de levantarme tan pronto para escribir estas líneas me de tantas emociones. He conocido gente maravillosa, he disfrutado de días agradables, de momentos álgidos y de muchas sonrisas.

También he pasado mis momentos bajos, no todo es de color de rosa y hay instantes en los que tirarías el ordenador al mar, pero la vida sigue y hay que continuar buscando razones para sonreír.

Mi vida como escritora no es lo que yo soñaba de pequeña estirada en mi cama a oscuras. El insomnio me acompaña desde que era un bebé, así que de niña, cuando me metía en la cama y debía apagar la luz, combatía esa realidad inventándome historias, preparándome para un futuro maravilloso y pintando de colores mi realidad futura.

Con los años esa visión se difuminó entre negaciones de las profesoras, la dislexia, mi manera insólita de afrontar las situaciones y mi intenso deseo de contar, narrar, explicar, compartir vivencias.

Y no, ser escritora no se parece en nada a esos sueños infantiles donde todo era un cúmulo de sensaciones intensas que me transportaba a mi precioso y estimado mundo paralelo, un mundo donde Ónixon cobraba vida, donde mi roca de Calella de Palafrugell se convertía en mi refugio privado, donde no existían las faltas de ortografía ni mis dificultades con la gramática ni el resto del mundo. Sólo estaba yo, mis sueños y mis ilusiones.

Cuando un día vencí la barrera de las negaciones, de aquellas palabras hirientes y desalentadoras de mis profesores, y me propuse superar todos los escollos para alcanzar mis metas, pensaba que todo sería fácil y tranquilo, escribir y publicar y ser lo que deseaba.

La vida te pone en tu sitio muchas veces y te muestra una realidad distinta a la que ven tus expectativas. Escribir fue un cúmulo de sensaciones increíbles, durante dos años y medio me pasé todas y cada una de las horas del día hilvanando, pensando, creando… Tenía dos hijos muy pequeños, un trabajo, la casa, el gimnasio,… ¡Pero escribía a cada instante libre! ¡Las tramas se formaban en mi cabeza como laberintos intrincados que necesitan encontrar la salida! Y escriba, escribía, escribía.

Intensa, así definiría esa etapa de mi vida. Escribí tres novelas en dos años y medio. Las dos primeras fueron La Luna de Ónixon y Géminis, de una extensión cercana a 161 folios (unas 373 páginas), la tercera El Secreto de las Cuartetas, más larga, más extensa, más documentada…

Pero el publicar y ya no vino. No llegaron el resto de mis ensoñaciones infantiles y empezó una montaña rusa de sensaciones. Tan pronto estaba en la cúspide como bajaba en picado, Hice valorar las novelas por unos críticos y me advirtieron de que debía aprender técnica. Y me puse a ello, cuando inicio un camino rara vez me doy por vencida.

Encontré a mi agente y trabajé duro, muy duro. Leí, subrayé, escuché, aprendí, analicé, reescribí, reestructuré,… Y empezó el estado de agitación, de ansiedad, de espera, de desazón. Lo daba todo durante días, semanas y meses, pero las respuestas a mis mails no llegaban, el ansiado contrato se perdía entre horas de teléfonos silenciosos, mails vacíos y cartas ausentes. Y yo me ofusqué, me interné en una espiral de tensión, de anhelo, de expectativas frustradas que se redificaban cuando me llegaba una palabra de aliento.

Siempre creí que una agente era una amiga, una persona que está ahí, que te ayuda a superarte y que te acompaña en el camino. Pero mi realidad es otra y debo aceptarla. He publicado en Amazon, he sentido la alegría de las ventas, el cariño de algunos lectores y la cercanía de nuevos compañeros de viaje. ¡Y doy las gracias al Cosmos por todo ello!

La ansiedad, la angustia y la desesperación se han fundido en la nada. Ahora ya no espero, ya no anhelo, ya no sueño, ¡ahora vivo!

¡Feliz día! 

Escribir, de Pilar Alberdi


¡Buenos días tropa! Jajajajaja, hoy le copio el saludo a Josep Capsir, espero que no le importe… ¡Me encanta este saludo divertido y original!
Lunes. Nublado, cálido y con huelga de transportes. Un inicio de semana de lo más pésimo, pero bueno, al fin y al cabo es un inicio de semana y ya estoy en marcha para trabajar, promocionar y rehabilitar…
Con el corazón en la mano os diré que poco a poco voy cambiando mis hábitos y relego la escritura y la promoción, ya os dije hace unos días que necesitaba un descanso. Aunque la lectura está siempre presente.
Esta última semana me he acabado un libro de Graham Brown llamado Lluvia Negra. Me ha gustado a medias, la verdad. La trama, la idea, la originalidad y la historia me han gustado mucho, pero algunos pasajes de la novela se me han hecho densos y el final me ha sabido a poco.
Luego leí a Bea, nuestra querida Bea. Me envió unas páginas del manuscrito que está hilvanando y me quedé absolutamente enganchada a él. ¡Me lo leí de un tirón! Buena prosa, imaginación a raudales y un gran dominio de la técnica… ¡Me encantó! Ya me estás mandando más.
Y ayer empecé la lectura de Escribir, de Pilar Alberdi, un libro que trata el proceso de la escritura desde un punto de vista ameno y agradable. Además aporta la visión psicológica del proceso de escribir y de comunicarse.
Tras leer la mitad del libro con avidez, he de reconocer que en mí domina el hemisferio derecho, el que estimula la imaginación. Soy, por lo general, muy proclive a crear mundos paralelos donde me inhibo en cualquier momento.
Le he dado vueltas a mi funcionalidad del cerebro e incluso me he percatado de que cuando bailo lo hago en el lado derecho del profesor, ¡y si lo intento en el izquierdo me cuesta más seguirlo! Eso demuestra que soy cerebralmente diestra.

Pilar nos cuenta que para escribir debemos sentir, visualizar, imaginar, dotar de verosimilitud las reacciones de los protagonistas y ambientar el lugar donde interactúan. Me gustó la parte en la que nos explica que un autor utilizaba la poesía para abstraerse lo suficiente de la realidad y cruzar el puente que unía sus dos mundos.

Para mí esa transición es sencilla, natural, sin atisbo de dificultad. Cruzo la frontera de la realidad en cuanto me siento a escribir y avanzo en la historia según la emoción del momento. Si estoy triste las circunstancias de mis personajes son tristes. Si estoy feliz puedo cederles esa felicidad.
Quiero hacer hincapié en una aseveración a la que le he dado muchísimas vueltas: todo nuestro bagaje emocional parte de las vivencias adquiridas. Cierto. Para escribir se debe vivir, sentir, vibrar, observar el entorno…
Algo de mi cosecha es mencionar que una misma vivencia se puede ver desde muchísimas perspectivas, de ahí que un mismo paraje de la historia de la humanidad se pueda contar de mil maneras distintas, puesto que cada uno lo visualizamos diferente.
Y coincido con Pilar en que todos debemos leer la teoría de la escritura para reconocer nuestras limitaciones y nuestras ventajas…
¡Os animo a leer el libro de Pilar! ¡Escribir! Sólo vale 0,97 € en Amazon, así que vale la pena. Está escrito en un lenguaje agradable, sin subterfugios, con muchos ejemplos y con un fondo intenso. Creo que puede venir bien tanto a escritores consagrados como a los noveles como yo, e, incluso, para personas profanas en la materia que deseen aprender un poquito más de ellos mismos.
 ¡Feliz lunes!


Madurar...


¡Buenos días! El sol no aparece por mi ventana, aunque el día es largo y las posibilidades de que se asome por el horizonte son altas. ¡Así que esperaré paciente para tumbarme bajo sus rayos y permitir que mi imaginación me lleve a lugares lejanos e insospechados!
El tiempo avanza tan rápido que muchas veces no contamos con tiempo de detenernos y mirar la senda recorrida. Caminamos hacia delante sin pensar en el pasado más que con nostalgia y no nos percatamos de que muchos de nuestros pasos nos acercan a un ahora distinto a los anteriores.
Madurar es algo difícil, a veces nos cuesta la ingenuidad y los sueños, otras la terquedad de la adolescencia y muchas otras nos aporta una nueva visión del mundo, demasiado alejada del pasado como para reconocernos en él.
Los cambios son inevitables, el entorno evoluciona y cada uno de mostros debe encontrar un sitio en él. Y hay sueños, ideales, ambiciones y anhelos que se quedan atrás, atascados en una mente pueril del pasado que no se parece en nada a la actual.
Madurar a veces duele, otras ayuda a descubrir la fortaleza suficiente como para continuar caminando sin desfallecer, algunas cambia a las personas y les descubre que han vivido el espejismo de estar en la cima, pero que en la vida real su lugar es otro.
Nunca sabemos cuáles serán los cambios experimentados en nuestras personalidades a la hora de alcanzar la edad adulta ni imaginamos qué lugar vamos a ocupar en la escala de la vida, pero en la adolescencia todo duele, todo emociona y todo nos convierte en luchadores por causas de lo más dispares.
Al crecer arrinconamos en un lugar lejano las experiencias que conforman nuestro ahora, unas experiencias que nos llenan de riqueza, de recuerdos, de momentos, de mecha para nuestra entrada en la edad adulta.
Aunque no seamos conscientes de la realidad del pasado, muchas veces nos encontramos que los malos momentos no superados nos obligan a comportarnos de una manera determinada o que las ilusiones pasadas se desdibujan ante unas nuevas expectativas.
 Luchar por seguir la estela de tus esperanzas puede convertirse en un camino lleno de zarzas que te arañan la piel en cada recodo, puede llevarte a sufrir, a llorar o a ilusionarte con cada hito conseguido.
Hay momentos para batallar con todas tus fuerzas, para vencer tus limitaciones, para darlo todo. Y hay instantes en los que debes detener tu engranaje y recalibrar tus aspiraciones para adaptarlas a la realidad que te envuelve.
  Mi proceso de madurar fue doloroso, nunca fui una niña convencional y mi desbordante imaginación me convirtió en alguien diferente, con sentimientos demasiado intensos como para comprenderlos y deseos desorbitados que me llevaron a lugares equivocados.
Pero maduré. Y cambié mi manera de ver, de comportarme, de mostrar mis sentimientos y de interactuar con los demás. No fue un camino fácil ni agradable, siempre me mantuve fiel a mis principios y los ideales de la niñez me acompañaron en todo momento.
Mis profesores sentenciaron que jamás lograría escribir una hoja sin faltas ni coherencia, la dislexia era una traba demasiado intrincada como para vencerla. Dijeron que a pesar de ser inteligente no podría sacarme una carrera ni mucho menos dedicarme a la escritura.
Durante años esa lacra me acompañó, impidiéndome escribir sin sentir el peso de las sentencias, sin pensar que cada frase estaba plagada de faltas e incongruencias, que mi gramática era detestable y que mi sueño de ser escritora no era más que una quimera inalcanzable.
  Con fuerza, perseverancia y mucha constancia logré terminar una carrera, escribir siete novelas, trabajar ocho horas fuera de casa, construir un hogar y vivir con ilusión. No fue fácil, la dislexia sigue ahí, todavía siento sudores fríos cuando he de escribir con el bolígrafo y sin corrector, tembleques cuando me veo frente a la pantalla del móvil para enviar un mensaje y no acabo de recordar las normas ortográficas que tardé un año de mi vida adulta en aprenderme de memoria,… ¡Pero aquí estoy! ¡Escribiendo cada mañana y soñando! Aunque ahora veo el cambio de rumbo…
¡Feliz día! 

¡Oda al idealismo!



¡Buenos días por la mañana! Ya he ido a la peluquería y estoy preparada para irme a la comida familiar donde celebramos un cumpleaños. ¡Seguro que será un mediodía inolvidable!
Ayer os hablé acerca del artículo de Fernando García (enlace) y os conté mis impresiones… Idealista, crédula e inocente, eso es lo que me han dicho algunos de mis amigos por email o en persona, asegurándome que esas prácticas son absolutamente normales en todos los ámbitos de nuestra vida. ¡El pez grande siempre se come al pequeño!
Vale, soy un poco tonta en estas cuestiones, siempre veo lo mejor de las personas que me acompañan en el camino, no percibo las malas intenciones en los actos ajenos y me duele muchísimo cuando me enfrento a ataques directos o encubiertos. Incluso muchas veces me he encontrado en un conflicto en el que me atribuían una maldad de la que carezco.
Hay gente que tiene tan malos pensamientos que siempre encuentra una intención oculta en los actos de los demás… ¡Qué se le va a hacer! Así somos los humanos y no hay manera de cambiarnos, pero para mí la realidad siempre será de color de rosa, como si viviera en los mundos de la abeja Maya (eso es lo que me dice siempre mi marido).
Creo, amo y confío, como sugiere Bea. Y sí, quizás esté equivocada y sin malicia no se puede conseguir lo que deseo, pero como dice Pilar, prefiero avanzar limpiamente que con la conciencia manchada por malas artes. ¡Así que valoro muchísimo cada venta! ¡Y me emociono con las reseñas! ¡Y con cada una de las opiniones en Amazon!
El idealismo es parte de mi esencia, me encanta soñar despierta, pensar que todo es posible y sentirme tentada de ver la parte positiva de cada una de las personas que viven en este mundo. Vale, si Mabel está leyendo esta entrada me dirá: “¿Y cómo eres capaz de crear al asesino de La Baraja?” Pues la verdad es que eso pertenece a mi mundo imaginario, a uno paralelo donde las fantasías cobran vida, pero siempre pondero las dos pasiones del alma y les otorgo un poco de candidez a los malos.
La Luna de Ónixon fue una oda al amor, a la capacidad de vivir en armonía, al poder del grupo unido por un fin común, a la manera de ver el individualismo como algo alejado de nuestra existencia y abogar por un mundo donde todos nos sintamos parte de un todo sin denigrar la capacidad de un sentir distinto de cada individuo, un canto a la capacidad de ver la luz en vez de la oscuridad.
¡Idealista hasta la tumba! Así soy y así seré, aunque no triunfe nunca ni consiga lo que quiero, prefiero jugar limpio y celebrar cada una de las batallas ganadas.
Cuando tenía el primer borrador de La Luna de Ónixon terminado me fui a conseguir un informe de lectura. Me dijeron algunos puntos que tenía que corregir y me señalaron que debía explotar mejor el relato… ¡Cosa que hice hace años!   Lo mejor de todo el informe fueron los aspectos positivos que el lector profesional encontró. Voy a copiarlo íntegramente:


Ofrece una visión muy optimista de la humanidad y de la religión católica, que puede ser del agrado de cierto tipo de lector; profundamente optimista y “alternativa”, a medio camino entre la ciencia-ficción, la fantasía y la onda “new-age”.


¿No os suena de algo? ¡Es lo que siempre me decís de los posts, que soy muy optimista!
Creo que todo se reduce a algo tan importante como la confianza en los demás y en que el Cosmos sabrá aportarnos el equilibrio justo para caminar en compañía y no solos.
Desde que inicié mi camino en la literatura he descubierto caras ocultas en mucha gente y también he encontrado personas maravillosas que me han ayudado sin esperar nada a cambio. Así que me quedo con ellas, con las opiniones positivas, con las pocas ventas y con la felicidad de set una “indie” limpia, sin tramas ni subterfugios ni nada por el estilo.
¡Y ahora me voy a la comida! ¡FELIZ SÁBADO!

¡Impresiones de la entrevista a Antonio Jareño!


¡Buenos días por la mañana! Llegó el viernes, el mejor día para muchos que ya planean un fin de semana de lujo con los suyos… ¡Yo tengo una fiesta de cumpleaños! ¡Y tranquilidad por delante!
Hace pocos días me comentaron que un periodista llamado Fernando García escribía un blog súper interesante donde tocaba temas relacionados con la publicación digital. Rápidamente me hice seguidora de su blog y leí con avidez las últimas entradas. ¡Y ayer escribió una que me dejó perpleja! (enlace). ¡Increíble!
La verdad es que saber la manera de subir en las listas sin que te compren es desconcertante. Tras leer el artículo me pasé un rato navegando por la red y descubrí muchos casos en los que se citaban los métodos del post de Fernando García.
Durante un rato me quedé frustrada y mosqueada, aunque al final deliberé conmigo misma y llegué a una conclusión: prefiero estar en la Siberia de las listas y saber que mis lectores son reales que invertir mi dinero en escalar posiciones de manera desleal con los demás. ¡Ingenua e idealista hasta la tumba! Como muchos de los autores del Top 100, que me consta que están ahí por su esfuerzo personal.
Sigo orgullosa de las descargas de mis libros conseguidas a base de tesón y de despertar la curiosidad a los potenciales lectores y estoy inmensamente feliz con las opiniones que no he pedido, excepto la de mi padre, y que han aparecido a medida que la gente leía. ¡Así que gracias!
Hoy debo sacarme el sombrero ante Antonio Jareño, un gran escritor con un mérito increíble, ¡tiene cinco hijos y encuentra momentos para escribir! Me encantaron sus respuestas: directas, sencillas, medidas y con un mensaje claro acerca de sus opiniones y sus propias vivencias.
Como nos comenta Josep, a medida que la lista de autores entrevistados aumenta en el blog, sacamos más características comunes a los que nos dedicamos en cuerpo y alma a narrar nuestros mundos paralelos.
Antonio de pequeño también contaba historias, se sentaba con dos de sus seis hermanos para inventarse pequeños relatos. Yo no tengo más que una hermana con la que me llevo casi siete años, soy la mayor, así que de niña no tenía con quien compartir mis vivencias. ¡Y me encantaba hablar, contar, sacar punta a cualquier situación! Mi única opción era coger por banda a la primera persona que pasaba por ahí y empezar a hablar sin  tregua. Todavía ahora busco oyentes, ya os conté el otro día que me encanta hablar…
En cuanto al tema de la creatividad, todos los autores entrevistados coinciden en que hay una parte innata y otra que se debe cultivar. Casi todos pecamos de imaginación desmesurada de niños y nos dedicamos a garabatear en libretas y folios las primeras creaciones.
Esquemas, personajes, situaciones… En la manera de estructurar las novelas cada uno de nosotros utiliza un método diferente. Antonio lo prepara de antemano con un mini bosquejo de lo que narrará, yo me lanzo de lleno a la escritura con una idea del principio, una del final y algunas pistas acerca del tema, aunque muchas veces necesito volver a investigar sobre la marcha.
 ¡Me ha encantado la idea de la enseñanza de Antonio! Un profesor que narra historias… ¡Es una manera excelente de encarar su profesión remunerada! Mis hijos sienten predilección por los maestros que enseñan con emoción, que son felices con la carrera elegida y que les cuentan historias… Y sí, la enseñanza hoy en día tiene muchos problemas de base, entre ellos la manera en la que los padres educan, la actitud de los jóvenes y las nuevas tecnologías. ¡Ya trataremos el tema en otro momento!
No quiero terminar las impresiones a la entrevista sin mencionar a Magnus Igaldsen… Yo llegué al blog de Antonio por casualidad y me chocó mucho que alguien con ese nombre escribiera en español. Miré la foto un montón de veces, busqué por la red, me sumé a su lista de amigos de Facebook, siempre con la esperanza de descubrir a la persona que se escondía tras la foto de un futbolista joven, una foto que se veía antigua… Acabé pensando que Magnus era el nombre artístico de algún conocido escritor senior. ¡Hasta que lo conocí un poco más! Gracias por aclararme el tema, Antonio.
Tengo No Todos Moriréis en el Kindle, no puedo negar que el tema de la inmortalidad despierta mi curiosidad… ¡Coincido con Antonio, mis devaneos con la escritura me han enseñado muchísimo! ¡Gracias por tus respuestas y mucha suerte en tu prometedor futuro editorial, Antonio!
¡Hasta mañana! ¡Besosss!