La lista de libros

         El relato de Irina se está construyendo solo. Ya he escrito la mitad de los 20.000 caracteres sin espacios que exigen las normas del concurso. Se ha de enviar antes del 15 de junio, así que este fin de semana me va a tocar invertir unas cuantas horas en dejarlo perfecto.
            Irina al final tiene dieciséis años y un problema que arrastra desde la niñez. ¡Ahora toca ver si he captado bien los sentimientos y los he expresado tal y como debería! Como mínimo ya tengo claro qué va a pasar y dónde quiero ir a parar. ¡Y eso ya es mucho!
            Como la experiencia de escribir algo corto me está pareciendo súper interesante, condensar en pocas hojas una historia requiere sintetizar mucho las tramas, ya he empezado a pensar en otro relato corto. ¡Quizás me lance a escribirlo cuando acabe con el actual!
            Ayer recibí una lista de libros interesantes para leer de mi agente literaria. Yo me pensaba que me daría unas cuantas lecturas, ¡pero hay como mínimo cincuenta libros! Bueno, ya he leído unos cuatro de esa lista. Jajajaja, ¡me quedan unos cuarenta y cinco!
            Para hacer las cosas bien dejé aparte el de Isabel Allende y me fui a la biblioteca armada con mi lista. La pasé al Word y la imprimí, para ir tachando los libros que me lea y hacer bien los deberes.
            La biblioteca de al lado de mi casa es de construcción bastante reciente. Tiene un patio de arena con un par de estatuas y una pérgola de madera delante de la puerta de entrada. Es un recinto vallado con un murete de cemento que se encuadra perfectamente dentro de la zona residencial a la que pertenece.
            Cuando mis hijos eran pequeños acostumbraba a llevarlos cada viernes a escuchar los cuentos que explicaban narradores de diversas edades y procedencias. Íbamos a la zona infantil, entrando a mano izquierda, y los sentaba en el suelo, ante un pequeño atril donde se representaban las historias.
            Al entrar, ayer por la tarde, me fui directa por las escaleras al piso de arriba, con la lista en la mano. Me conozco bien la distribución de los estantes, siempre que me documento para una novela suelo acudir allí a buscar volúmenes especializados y cuando mi presupuesto mensual para lecturas se acaba también recurro a las novelas que pueblan los anaqueles de la biblioteca.
            Recorrí la zona de novela lista en mano. Me leí las sinopsis de algunos de los libros que estaban ahí, esperando a que los liberara de su descanso y mis ojos les dieran vida. ¡El que finalmente me gustó estaba en catalán! Y claro, yo debo leer en castellano, por eso de aprender.
            Total, que acabé encargando el que me gustaba en castellano, cogiendo uno cortito pa leer (por eso de empezar con algo fácil) y me fui a casa olvidándome mi preciosa lista en el mostrados de la biblio. ¡Suerte que tienen mi mail y la bibliotecaria me avisó para que pasara a buscarla! A ver si hoy tengo tiempo de ir.
            Ya he empezado el libro. Cunado haya avanzado un poco más os cuento. 

Día de cambios

          Hoy se presenta el día cargado de nuevas aventuras. Empiezo en el nuevo trabajo, el que compaginaré con el antiguo para llenar la jornada. Y la verdad es que estoy como un flam. Siento unas cosquillas en el estómago, las mismas que cada vez que voy a iniciar algo. Supongo que es una reacción normal ante los cambios y que todo lo que necesito es llegar y empezar a dominar la situación. ¡A ver si puedo!
            Me hace ilusión tener un nuevo reto, conocer un nuevo método de trabajo y aplicar mis conocimientos en crear un sistema contable. ¡Me gustan los números! De hecho siempre me han gustado. No sé, entiendo bien las matemáticas, es como si me aportaran un idioma descifrable que me acerca a la lógica. Tengo una mente analítica, ¡Qué se le va a hacer!
            He empezado a escribir el relato. Ayer al mediodía me armé con mi portátil (aquél que estaba acumulando polvo en el despacho de casa), un bikini y un pareo y me planté en la hamaca de la piscina dispuesta a un primer asalto. No podría explicar la razón, pero sentada al sol es como mejor escribo.
            Pues bien, lo primero que hice fue sacar una libreta e intentar hacer el esquema. Y nada, que no, que ni esquema ni ocho cuartos, que no sirvo para eso. Luego intenté describir a Irina en el ordenador, como un guión del personaje, sin embargo el resultado fue el mismo: desierto total en la página. Al fin me rendí ante las evidencias: no puedo escribir un esquema, es mi cabeza la que lo crea a medida que la historia avanza.
            Total que abrí la hoja en blanco y empecé a plasmar la idea. Y, como siempre que mi inspiración no se va de vacaciones, Irina tomó forma en el papel y en mi mente. La vi estirarse en su cama y llorar, escuché sus pensamientos, sentí sus emociones y la oí hablar con su madre. Y así empezó a desnudarse por dentro, apareciendo como un personaje que mora en mis mundos paralelos. ¡Escribí dos páginas sin ni una gota de acción! Sencillamente retraté una personalidad (¡O eso creo!)
            ¡Hay otra novedad! Como siempre en mí se cumple un dicho: “dale a mi mente algo en lo que pensar y ella no se andará por las ramas”. Y como la semana pasada Lola me dio en qué pensar, pues he empezado a ver donde puedo mejorar La Baraja y que puedo cambiar para darle un ritmo menos desenfrenado.
            Todo y así, de momento seguiré sin tocar la novela. Dejaré que las ideas de cómo retocarla se vayan asentando y tomando una consistencia lo suficientemente importante para que cuando inicie la tarea tenga la distancia requerida para analizar de manera crítica cada uno de los capítulos.
            Y… ¡Me voy a duchar! ¡Qué he de irme a trabajar!
            ¡Hasta mañana!  

Mi idea para el relato

           Tal y como afirma la persona anónima que me escribe comentarios, tengo una idea para el relato corto. Sin embargo, me guardo los amores fronterizos y las intrigas de principios del siglo pasado para una novela larga. ¡Es tema da mucho de sí!!!
            En lo que he pensado para el relato corto sólo entra una persona. Ya que no me cuesta nada tejer tramas de acción me he propuesto algo total y absolutamente distinto: una introspección de un problema. Estoy retratando a una persona, una chica de dieciocho años llamada Irina, que tiende a confundir algunas cosas de su realidad hasta que se da cuenta de lo que significan sus actos para los demás.
            ¡Ya os dije que quería un reto! Lo que necesito aprender es a dotar de un poco más de realidad a los personajes y no dejar que se queden con un perfil demasiado sencillo, así que ahora, con el texto para el concurso, intento profundizar en los sentimientos ajenos y buscar la manera de compartirlos con el lector sin los subterfugios de una trama estresante.
            De momento no podré mostrar el resultado, que tardará un poco en estar preparado, pues otro de los retos marcados es el de ir despacio. Las bases del concurso son muy claras: los originales deben ser inéditos (lo que significa que no se pueden colgar en ningún lado), pero una vez el fallo del jurado sea público, prometo compartir relato.
             Y, para continuar con lo que me propuse, he decidido leerme un libro de los que no suelo leer: La Casa de los Espíritus de Isabel Allende. Voy a leerlo despacio, analizando las descripciones y sin saltarme ni una palabra. Si se parte de la base de que a mí lo que me gusta es la acción e imaginarme los sitios donde pasa la trama sin seguir las indicaciones del autor,… ¡Pues eso! ¡No va a ser sencillo!
            Cuando tenga la lista de libros que me propone Lola, mi agente, voy a hacer lo mismo. ¡A mí no me cuesta admitir que todavía me quedan muchas cosas para aprender! Cómo mínimo si sé qué he de mejorar, puedo trabajar en ello. ¡Eso es mejor que esperar a que suene el teléfono!
            ¡Un beso!

Unas cuantas palabras

            ¡No tuvo mucho éxito mi petición de ayer! ¡Qué se le va a hacer! ¡No hay manera de que os animéis a dejar comentarios aquí debajo! Menos mi anónima favorita,  a quien le doy las gracias abiertamente (aunque el lunes lo haré en persona) y  Anxana, nadie se ha atrevido a sugerir ideas.
            Por mi parte he puesto a mi cerebro a funcionar. Le he pedido que busque una buena historia que contar en pocos folios, algo que me ayude a construir un personaje creíble y que transmita más serenidad que las tramas de acción a las que estoy acostumbrada.
            Necesito encontrar una historia distinta a todas las demás, algo más realista, más mundano, más trascendental en las vidas cotidianas y que pueda darme la oportunidad de retratar una cosa tangible. Así que ya he decidido una serie de opciones que me propongo barajar en los próximos días.
            El problema es que a mí lo que me gusta es crear. Disfruto inventando las tramas y sumiéndome en sus mundos, internándome en un lugar lejano donde dejo bagar mi imaginación. La parte de pulir, releer y aprender se me presenta muy ardua y hay instantes en los que no sé si algún día voy a lograr dominar esa parte con la suficiente soltura.
            Dándole vueltas a la conversación del jueves (¡jolín! ¡No puedo detener esa noria que se instala en mi cabeza y acaba mareándome! ¡Suerte que el mareo hoy me ha dejado ko por unas horas!), intento vislumbrar un poco de luz a la hora de retomar las cosas desde un nuevo ángulo.
            Son muchos los años en los que ese tipo de conversaciones me han acompañado en la ardua tarea de encontrar el camino del aprendizaje. Y esta vez, todo y ser parecida  a las otras, analizo las cosas desde otro punto de vista. Sé que todas las ilusiones, esperanzas y anhelos que habían despertado otras situaciones similares no eran más que espejismos, ahora la realidad se cuela por los recovecos de las palabras y abre paréntesis en mis expectativas.
           Ha llegado el momento de mirar de cara a la realidad y aceptar que todavía queda mucho por aprender. Así que vamos a empezar a subir la cuesta peldaño a peldaño y a disfrutar de cada uno de los pasos que me lleven hasta la cima. ¡Y la voy a alcanzar!
            Quizás ahora sería un buen momento para apretar ese interruptor que pedía hace unos días y apagar durante largas horas mis pensamientos. ¡O quizás debería irme a un monasterio budista a que me enseñaran a relajarme!
            

Retos

         Me he pasado toooda la noche pensando (ya os dije que necesitaba un interruptor para apagar los pensamientos, ¡cómo mínimo por la noche!). Ayer recorrí varias páginas de concursos literarios en busca de alguno que despertara mi interés. La verdad es que hay un montón y que no existe ninguna temática especial para presentarse, tan solo se necesita un relato breve, de unos doce folios.
            Bien, intentar dar forma a una historia en doce folios me parece total y absolutamente imposible, pero todo y así lo voy a intentar. Y lo voy a hacer bien, como toca: con un esquema (¡jamás en mi vida he hecho uno!), con fichas de los personajes (sólo quiero uno o dos, no un montón como suelo crear) y una estructura pensada (¡uf, eso normalmente se va creando solo!).
            En mi vida personal y profesional soy súper ordenada. Tengo tendencia a querer controlarlo todo y a programar las cosas con una antelación pasmosa. Pero en la creación voy por libre. Yo me siento delante del ordenador, con una idea dando vueltas en la cabeza, y sigo el hilo. Por eso voy adelante y atrás y es mi mente (esa hiperactiva a la que no le da la gana de dejarme dormir) la que analiza los desajustes y las incongruencias y va tejiendo la trama con rapidez. Así que el reto que me acabo de proponer es difícil.
            Y, cómo estaría bien contar con algún que otro comentario en el blog (¡hace un montón de ilu recibirlos!), ¿qué os parece si me ayudáis a dar un con un tema interesante? A ver si os animáis a dejar sugerencias. ¡Y esta vez no vale utilizar el mail, el teléfono o el Facebook! Han de ser comentarios aquí abajo, en su sitio. Me da igual si son anónimos o van firmados, la cuestión es dejar sugerencias de la temática a tratar.
            Puede ser interesante compartir con vosotros el proceso de creación. No quiero ganar el concurso, lo único que pretendo es intentar ir con mayor lentitud a la hora de escribir. Pensar de antemano y utilizar la manera que se propone en los talleres literarios (jajajaja, no sé si voy a ser capaz,….). Y la excusa de tener que entregar el resultado me da un pequeño empujoncito.
            En cuanto a mi última novela acabada, La Baraja, y a la necesidad de subir otro peldaño en la larga escalera del aprendizaje, me he prometido a mí misma que lo voy a intentar con todas mis fuerzas, que voy a hacer todo lo posible por avanzar, por dar un paso más y, sobre todo, por ir despacio.
            El primer reto va a ser aprender a leer sin ansia (cosa difícil porque suelo devorar los libros, ¡tengo la necesidad vital de saber qué va a suceder a continuación!). Quizás si logro relajarme en eso, también podré rebajar el ritmo de mis tramas. Así que ahora, cuando coja un libro, me voy a limitar las horas de lectura y prometo leérmelo todo, sin pasar ni una sola página rápido (¡BUFFFFFF!)
            Ala, suficiente por hoy. Abro la veda de sugerencias. ¡Espero que no me dejéis con un desierto a los pies de la entrada!!!!!
            

Decisiones

            Como no podía ser de otra manera mi cabeza, esa que siempre da vueltas y más vueltas a las cosas y que no puede quedarse quietecita, me ha despertado a las cinco de la mañana, y eso que yo la había advertido de que quería dormir. A mí la resaca de ansiedad me dura demasiado y la necesidad de analizar todas y cada una de las perspectivas de algo colapsa mi intención de tranquilizarme.
            Todo y así, lo he intentado. He cerrado los ojos, he respirado lentamente, aspirando el aire por la nariz y soltándolo por la boca, hinchando mi vientre y permitiendo que el aire sedara mi interior y… ¡Nada! ¡He seguido con los ojos abiertos y mi cabeza funcionando a trescientos por hora!
            ¡A veces desearía tener un interruptor para encender y apagar mis pensamientos! Quizás sería un buen remedio contra el insomnio. Pero como no existe,… pues toca apechugar y a levantarse a horas intempestivas, ¡qué se le va a hacer!
            Bueno, os voy a contar las elucubraciones de esa cabeza mía. En primer lugar he decidido que, evidentemente, no voy a abandonar. A pesar de que ahora lo que me espera me parece una cima alta y difícil de alcanzar (uffff eso de volver a revisar y encontrar la manera de bajar el ritmo me va a costar un montón) voy a lograrlo, pero sin prisas (jajaja eso no me lo creo ni yo).
            Si se tiene en cuenta mi propia manera de leer y ver los libros, cuesta mucho encontrar la manera de rebajar la intensidad de la acción. Yo, que cuando el autor se recrea demasiado en algo paso la página hasta volver a lo que me interesa: qué va a pasar, doy a mis novelas eso, acción pura y dura, lo que me gusta, vamos.
            Y ahora me toca escribir lo que les gusta a los lectores. Bien, pues vamos a intentarlo. ¡A ver si lo consigo!
            La otra decisión que he tomado es la siguiente: voy a buscar algún concurso de relato breve y voy a intentar otro imposible: explicar una historia en pocos folios. Desde luego lo mío es complicar tanto y tanto las tramas que a veces no sé ni como desliarlas, así que ya me contaréis cómo voy a lograr escribir algo corto. Pero creo que eso puede ser un buen aprendizaje.
            Así que este mediodía voy a empezar la búsqueda de concursos interesantes. Luego vendrá lo más difícil: encontrar un tema que resulte atrayente y que me inspire y, sobre todo, que sea fácil de explicar en cinco o seis folios. ¡Es un reto complicado! ¡Cómo mínimo para mí!
            En cuanto a los ánimos,… Puaf, con la resaca de sueño que llevo últimamente no sé que deciros. ¡La verdad es que no me iría mal un sartenazo esta noche para descansar y asentar un poquito las ideas! ¡Están súper revueltas! ¡Y oscilan sin parar! ¡Y así no hay quien se decida!
            Así que ahora me voy a ir a duchar, luego a clase de inglés, luego a trabajar, por la tarde a bailar y… ¡mañana será otro día!