El Secreto de las Cuartetas (patre I)
¡Buenos días! Ayer fue un día
perfecto, con emociones y momentos, acompañada de la familia, con una perfecta
sensación de que esta semana ha empezado con buen pie.
Los años de espera, lucha y tesón
han forjado a una Pat muy alejada de la que se inició en el camino de la
escritura. En términos ficticios es como si hace trece años fuera una recién
nacida y ahora empezara una madurez bien estructurada.
Nunca me he escondido de los años
de frustración y desespero, de mi ansia por llegar a lo más alto, de mis
desvelos. Ahora he conseguido una paz serena, una perspectiva distinta de la
situación, un equilibrio emocional. Me ha costado años, esfuerzo y
perseverancia, con altas dosis de autoconfianza.
Recuerdo con nostalgia cuando
escribía El Secreto de las Cuartetas, aquella
predisposición innata a encontrar las palabras y la trama en mi interior. Cada
mañana cargaba con mi portátil de entonces, un Vaio enorme que pesaba una
tonelada, me llevaba al trabajo junto al libro de las profecías de Nostradamus,
un diccionario de sinónimos y mis esperanzas intactas.
Trabajaba en el Pedralbes Centre
por las mañanas, delante del imponente edificio Planeta. Solía aparcar enfrente
de la entrada, en busca de un magnetismo que me llevara a la planta correcta.
Siempre me gustó interpretar señales…

Entonces la novela se llamaba Las Huellas del Pasado…
El destino quiso darme una
oportunidad, o como mínimo fue lo que pensé cuando Lola Gulias se puso en
contacto conmigo para iniciar una relación profesional con la agencia Antonia
Kerrigan. ¡Madre mía! Eso fue increíble, lo celebré con tanta emoción.
Error, uno de tantos.
Los años han demostrado que deposité
erradamente mi confianza, pero en ese momento no lo sabía. Antes de firmar un
contrato de representación me pidió que reescribiera las tres novelas escritas
hasta el momento y yo contraté un tutor en la escuela de escritura del Ateneu
de Barcelona. Pepe Albert de Paco.

¡Feliz día! J
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