¡No soy nada, pero no me importa!
¡Ya
estamos a miércoles! ¡Las semanas vuelan! El verano ha quedado reducido a la
nada, aunque el sol reina todavía en el cielo y las temperaturas diurnas
permiten pensar que por mucho que el equinoccio nos entre en el otoño nuestro
clima se resiste a obedecer las leyes de las estaciones.
Recuerdo
perfectamente cuando era pequeña y a finales de setiembre ya nos vestíamos con
abrigos finos y con medias. ¡Me encantaban las castañeras que se ponían en las
aceras! ¡Y el color marronoso de los árboles! ¡Y las hojas formando un manto en
el suelo! Caminaba sobre ellas y las iba partiendo con los zapatos para
escuchar el sonido de hoja seca que me encantaba.
¿Dónde
ha quedado el entretiempo?
El
lunes hablamos en la oficina de cómo nos vestíamos los jóvenes en los ochenta,
con aquellos pantalones de pinzas anchos y abrochados en la cintura o con
leggins de lycra estampados, largas camisetas de hombre y los foulards a juego
de los pantalones. ¡Ah! Y con las Dr. Martens en los pies. ¡Cómo se ponía mi
madre cuando me veía con esa pinta! ¡Me corté el pelo y me lo teñí de rojo! ¡Y
llevaba las uñas a juego!
Ahora
no me visto así ni muerta, la
verdad. A mí me encanta buscar conjuntos que me gusten y que
me sientan bien y como mi madre tiene una fantástica tienda de ropa llamada
Trau, pues allí siempre encuentro lo que necesito. ¡Y me encantan los zapatos!
Creo que si fuera millonaria tendría un armario únicamente para los zapatos. Los
tendría de todas las formas y modelos: botas altas, botas bajas, botines,
bailarinas, “leitizias”, sandalias, muuuuchos de tacón alto, otros de tacón
bajo y algunos planos,…..
Todos
tenemos nuestros sueños, ¿no? Pero conste que soy muy feliz con mi armario y mi
vida. Y sí, me gustan los zapatos, pero no por eso me vuelvo loca y me lanzo a
la calle a comprármelos todos. Porque en realidad soy demasiado racional para
eso, aunque fantasear de tando en cuando no cuesta dinero…. ¡Y lo bien que sienta cuando algún día cedes a
la tentación y te compras un par de zapatos o de botas!
Claro,
si nos paramos a pensar en todos los estímulos que nos ofrece la publicidad nos
gastaríamos hasta el último céntimo en todo lo que anuncian para no sentirnos
unos desgraciados. Tomemos por ejemplo el anuncio de la tele que empieza: “si
no tienes un iPhone….” …¿no eres nada? Ese es el final que le pondría aunque no
sea el real. Así que yo no soy nada, porque no tengo ni un iPhone ni un
Smartphone ni un Andrioid ni na de na. ¡Yo tengo un móvil para llamar y recibir
llamadas! ¡Y mi USB para navegar desde donde quiera con mi portátil! Que al fin
y al cabo es lo que necesito, pues yo escribo, ¡y quiero un teclado y una
pantalla!
Pero
al final, después de tantos y tantos anuncios sobre la importancia de tener un
móvil con Internet me he pasado varios días analizando las diferentes tarifas
de las diferentes compañías y he llegado a la conclusión de que NO SOY NADA,
pero NO ME IMPORTA, porque soy muy feliz con mi Samsung táctil sin Internet. Porque
no necesito el iPhone y de momento no me lo voy a comprar.
Y
ya que hoy estoy tan pragmática, no sé por qué me he levantado con todo esto en
la cabeza, os diré lo que siempre le digo a mis hijos cuando ven anuncios en la
tele de cosas que no tenemos y se sienten mal: se ha de ser feliz con lo que
uno tiene, saber valorarlo y aprender a quererlo. Si te pasas la vida deseando
cosas inalcanzables acabas siempre triste.
¡Así
que pasad un buen día! ¡Y disfrutad de lo mucho que tenéis! ¡Aunque os parezca
poco! Porque en realidad seguro que es mucho.
Y es mucho, realmente! Gracias, Pat, por ayudarme a recordarlo.
ResponderEliminarSigo aquí. Besos!
Realmente no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita. Y muchas veces ni nos paramos a pensarlo cuando queremos algo. Así que va bien recordarlo para valorar todo lo que tenemos alrededor.
ResponderEliminar¡Un beso guapa!!!!!!
Di que si!! Se puede ser feliz sin ninguna cosa material!! Esta entrada de hoy es un subidon total para el reto del dia!!
ResponderEliminar¡Gracias guapa!!!!! ¡Y disfruta del sol!!!!
ResponderEliminarHe llegado por casualidad a este blog, y me quedo con tus últimas frases. Hay que dar gracias por lo que se tiene cada día. Te iré siguiendo.
ResponderEliminarUn saludo
¡Bienvenida Marcela! ¡ Gracias por dejar tu comentario!
ResponderEliminar¡Un saludo!