Remembers...

Recuerdo la pinta de la cantante, fue transgresora,
se llenaba de crucifijos, con guantes hasta los codos y vestidos blancos sedosos,
puntillas y volantes, como si quisiera emular a una novia divertida. Me
encantaba verla, escucharla, sentir cada una de sus letras, con la emoción de
transportarme a otro lugar.
Con el tiempo cambié de música, de hábitos, de ideas e incluso de manera de pasar las
tardes. Realmente mi tendencia a bailar en el salón de casa, con la música a
todo volumen y cantando a viva voz, con mi poca afinación, debía martirizar a
los vecinos y a mi pobre hermana.

Los fines de semana me los pasaba enteros en la
pista de hielo, mañana y tarde, entrenando, con unos cascos, mi Walkman
(jejejejeje, ahora nos parecería un trasto) atado a la cintura, y los patines,
practicando y viviendo en mi mundo. La pista estaba lejísimos de mi casa,
aprendí de muy jovencita a bajar la calle Ganduxer hasta la Diagonal para coger
el autobús. Por suerte tenía una taquilla en la pista y no tenía que cargar con
mis súper patines…
No he vuelto a patinar demasiado desde los
dieciséis años, cuando abandoné para siempre este deporte. A veces cierro los
ojos y recuerdo la libertad de deslizarme sobre el hielo, la ilusión de saltar
por los aires, de dar vueltas y más vueltas, de dominar la pista, con la velocidad
propia de haberme pasado años aprendiendo y las emociones a flor de piel.

Tengo los patines en mi casa de la montaña,
guardados, preparados para volver a deslizarse algún día por el hielo, con la
emoción de regresar por unas horas a ese pasado emocionante. Quizás lo haga, me
los ponga y deje vagar mi imaginación para trasladarme a esa jovencita con la
cabeza llena de ideas emocionantes.
Ains, cuantos recuerdos me ha traído escuchar a
Madonna…
¡Feliz día! J
Haz una obra autobiográfica de tu adolescencia. Por como la contaste sería muy interesante, no hay duda.
ResponderEliminarEstaría bien, pero me cuesta muchísimo escribir sobre mí... :-)
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