¿Final feliz?

¡Buenos días! La semana pasada tuve un debate súper interesante con una amiga donde hablamos acerca de mi nueva trilogía, esa que estoy escribiendo y me lleva de cabeza. Y es que mi forma de adelantar en la trama siempre es dándole mil vueltas a la cabeza, exponerla, darle voz en mis charlas e ir adelante y atrás cuando una nueva idea lo requiere.
Estoy de acuerdo con ella en que en la vida real muchas veces no nos quedamos con ese primer amor, con esa persona a la que le hemos entregado tanto, con alguien a quien amamos, pero los obstáculos lo han convertido en una historia complicada.



Pero al escribir romántica no se trata de plasmar esos casos, sino los que acaban bien. Porque, nos guste o no, ese es el eterno debate del género y siempre termina diciéndonos lo mismo: el final feliz forma parte de él. Y con final feliz no me refiero a uno en el que los dos protagonistas acaben felizmente liados con otras personas, sino juntos. 
Las premisas de la novela romántica son bastante claras: la historia va sobre una pareja, cómo se enamoran, cómo superan las dificultades para estar juntos y cómo al final lo consiguen. 



Puede estar mezclada con un misterio, con una parte sentimental, con traumas, con poderes paranormales, con terror, con erótica, con… ¡Ains! ¡Entran tantas cosas como trama secundaria! Pero la principal siempre es esa pareja, ellos, los dos enamorados que luchan contra viento y marea para terminar juntos. Aunque su relación pueda tener un punto de tóxica, aunque en la vida real no siempre triunfe el malote en nuestro corazón ni somos capaces de cambiar tanto por amor, al final de la romántica triunfa el amor, y sí, acaban juntos.



Lo sabemos todas los que leemos romántica. Es algo extraño, lo admito, leer un libro sabiendo desde el principio cuál es el final. Pero, como mínimo en mi caso, tengo tanta ilusión y me engancha tanto el averiguar cómo sucede, cómo llegan a ese punto, que suelo leerme un libro en máximo dos días. Me dura un suspiro. Y todo es por el deseo de acompañar a esa pareja hasta el final de su historia, aunque en realidad no deja de ser un principio porque cuando pasa la lucha para estar juntos, se inicia de verdad el periplo de una vida en pareja.
He de admitir que a veces cuesta justificar ese final, pero de eso se trata el proceso creativo, de darle una lógica y dejar que las sonrisas de los lectores sean inmensas cuando llegan a la última página, a pesar del sufrimiento durante el viaje para llegar ahí. Porque a mí me pasa, si llego al final y acaban separados, me enfado tanto… ¡La escritora de romántica que vive en mí se siente timada! En serio, ¡Quiero mi final feliz! Para leer un dramote me compraría otro libro, uno cuyo género sería el drama romántico.
¡Feliz día! 
 

Nutrirse de experiencias

¡Buenos días! A veces las semanas corren muy rápido, como si quisieran dejar una estela de días llenos tras ellas y no nos dieran apenas tiempo para disfrutar de los momentos, de las personas que nos acompañan, de la sensación de caminar por un lugar con aristas, sol, tormenta, ilusión...
Madurar es un proceso largo, requiere de muchos factures y a veces tardamos más de lo esperado en hacerlo en algunos aspectos de nuestra vida. Quizá por eso aprendemos día a día a encontrar esos elementos básicos para encontrar el camino, aunque a veces nos desviemos y necesitemos de un GPS interno para regresar a la ruta correcta.



Para escribir hay que nutrirse de experiencias. Hace dos días escuché estas palabras de boca de la que fue mi agente literaria hace muchísimos años, tantos que me parece otra vida porque entonces yo era otra persona, con ilusiones, ideas equivocadas de la situación, metas demasiado elevadas y una constante sensación de espera, como si mi destino estuviera acechándome, pero nunca me alcanzara.
Cierto. Si no sales de casa o buscas estímulos para incentivar tu imaginación, las historias saldrían planas, sin atisbo de emoción ni de cambio. Aunque en muchas ocasiones no hace falta salir de casa para experimentar o sentir.



La lectura, la visualización de películas y series, incluso los documentales o algún debate también ayudan a crear otros mundos, a sentir, a idear, a imaginar. Porque en ellos existen sentimientos  aciones, imágenes cotidianas y otras salidas de contexto. Para mí las películas, las series y la lectura son aventuras, emociones, sensaciones, ilusiones y esperanzas. Me ayudan a centrar mi inspiración, a tirar de ella, a hacerla vibrar para encauzar su rumbo.
Llevo más de 161 libros leídos este año. Muchos de ellos los he devorado de una manera distinta a la habitual, en un día, sin dejar de leer, con la seguridad de tener todas las horas necesarias para no dejarlo y sentir la narración fluir sin fin, sin la presión del tiempo, de otras obligaciones.



Ha sido mi fuente inagotable de experiencias, de sentimientos, de anécdotas. He analizado cada personaje, cada sentimiento, cada escena desde un punto de vista distinto. He descubierto qué historias m atrapan y cuáles me dejan fría o incluso decepcionada. He vivido sensaciones perfectas y otras horribles. Me he emocionado, he llorado, reído, odiado. Y he disfrutado de todos y cada uno de los libros porque en ellos se arremolinan las esperanzas y los sueños de los escritores, pedacitos de su alma, sus ilusiones.
Y, a medida que leo, siento cómo evoluciono, cómo mi mente analiza diferente mis textos, cómo las palabras de otro me activan y cómo maduro en según qué aspectos de mi vida.
La felicidad se construye día a día y somos nosotros quienes la conseguimos a base de creer, amar y soñar. Encontrar la mejor parte del peor día de tu vida, conseguir vislumbrar un pedacito de positividad en lo más horrible que te suceda, abrir los ojos a la realidad sin sentirte mal si no sale como quieres... En eso consiste la felicidad, en nutrirse de los pequeños triunfos del día.



Para mí es escribir, crear, hablar con Mabel y decidir que vamos a llevar a Dorian a terapia (si tenemos en cuenta que Dorian es uno de mis protagonistas...). Despertarme con una idea en la cabeza y escribírsela a Senda en el chat sin filtrar, así, a bocajarro, sin siquiera decir buenos días. Ponerle un párrafo a Mara para pedir su opinión, pero sin ponerla contexto, a veces ni siquiera sin decirle de qué novela es ni darle la sinopsis. Tener esos chats con mis amigas, sentirlas cerca sin necesidad de verlas. Caminar del lado de mi familia, poder comer con ellos cada día y preparar la comida con mis hijos. Charlar de todo y de nada en la mesa. Bailar. Escuchar música. Leer...



Y sí, a veces la ansiedad de no encontrar trabajo o de esperar la respuesta de alguna editorial o de alguna entrevista o de la vida en sí puede hacer mella en mí. Pero he madurado lo bastante para entender otra frase de esa agente que una vez tuve y me dijo hace muchos años: no puedes angustiarte cuando no depende de ti.
Bueno, no siempre lo entendemos todo en el momento, ¿no? Pero cuando lo hacemos suele ser un descubrimiento. 
Así que ahora os colgaré el post y recorreré mis chats para hablar con mis amigas, abriré el manuscrito y seguiré avanzando en la historia de Dorian y Ashley, caminaré hacia la felicidad del día con una de esas sonrisas perfectas. Porque la vida es mucho más que esperar, hay que vivirla.
¡Feliz día! 
 

Mil cosas en la cabeza

¡Buenos días! Llevo un tiempo un poco ausente, con la cabeza enredada en demasiados proyectos e ilusionada por mil ideas, momentos y sensaciones.

A veces hay que reinventarse, encontrar un sendero distinto para caminar y detenerse a respirar ese aire limpio que sabe a nuevo, con las reminiscencias de haber trabajado duro para llegar a un lugar determinado.




La vida es más que una ilusión o una meta, es caminar por lugares deseados, disfrutar del paisaje, de las vistas, de cada recodo. Detenerse a contemplar un detalle, a aspirar un aroma, a bailar bajo la lluvia, a cantar en medio de una debacle, a reír hasta que se nos desencaja la mandíbula, a llorar de emoción, a acompañar a las personas que son tus compañeras de vida.

Quizá no he encontrado trabajo ni tengo nada en perspectiva ni hay un horizonte claro enfrente de mí. Pero estos meses me han aportado serenidad, equilibrio, ausencia de ansiedad, ilusión, esperanza. Y eso es como recargar las baterías por mil porque me aporta una visión colorida del momento y del futuro, sin esa sensación de ahogo de cuando llevas muchos años dándolo todo por un trabajo y de repente te encuentras sin rumbo.




Antes era de planificar hasta el último detalle de cada instante, por eso la idea de no tener empleo me ahogaba, pero ahora pienso que si ha de llegar, pues llegará y que una vez yo he seguido mi rigurosa hora diaria de búsqueda de empleo, ya no depende de mí. Ya no soy tan cuadriculada… —bueno, vale, la que es así no cambia de la noche a la mañana, así que ya tengo el Excel de finanzas particulares de 2021 terminado desde hace meses, un horario fijo aunque no trabaje, objetivos pactados conmigo misma…—.

Ocupo mi tiempo a aquellas actividades en las que cuando trabajaba no podía volcar mi energía. Leer, estudiar inglés, corregir novelas para editoriales, aprender corrección de estilo, acompañar a escritores conocidos en su escritura, bailar, ir al gimnasio, pasear, tomar algo con amigas, escribir sin parar e incluso a veces, descansar. 




Tengo tantos proyectos, tantas ilusiones, tanta energía… Y me hace tantísima ilusión tener tantas historias para compartir con vosotros… Ojalá pronto os pueda hablar de Alba, Amelia y Alonso (Perfumes y Acordes). De Holly y Clark (CM #littlefalls1). De Troy y Dinah (CM #littlefalls2). De Jack y Zoey (CM #littlefalls3). De Dorian y Ashley (Recuerda). De Yago y Lis (Ceniza)… La lista es larga… Podéis pasar por mi Pinterest (enlace) para cotillearlos.

Sí, he escrito un montón y casi no he publicado. Y sí, quizá pronto vuelva a traeros historias, aunque guardarme un poquito a mis chicos tampoco es malo, ¿no? Ellos me acompañan en este camino lleno de emociones. ¿Os apetece venir conmigo?

¡Feliz día! 

 

Arriba esas sonrisas

Buenos días! El tiempo avanza a una velocidad inalcanzable, me parece mentira que ya estemos a las puertas del otoño, a punto de iniciar un nuevo curso y de internarnos en un cambio de tiempo.

El virus sigue presente en nuestras vidas, es como estar en una de esas películas de ciencia-ficción en las que pasan cosas surrealistas, como caminar por la calle con mascarilla, temer contagiarnos, lidiar con la existencia de Covid-19, ver cómo algunas personas cercanas mueren, descubrir cómo los negocios se desmoronan…




Pero siempre he dicho que es importante sonreír, buscar la parte positiva de lo malo, quedarnos con eso y seguir caminando, siempre con alegría y buen humor porque la vida es demasiado corta para desperdiciarla con penas y tristezas. ¡Así que arriba las sonrisas!

Tengo proyectos, propuestas, ideas y tiempo para llevarlas a cabo. 

Durante los últimos dos meses me he dedicado a leer un montón porque llegó un momento de colapso personal a la hora de escribir. Y he descubierto tantísimo acerca de los escritores, de las novelas, de qué quiero y no quiero escribir, de lo que me engancha y de lo que no me interesa leer ni crear ni sentir…




Si la vida te pone una escalera delante, has de subirla, sea como sea, empujando con ilusión, disfrutando de cada peldaño, viendo las alturas crecer y llenarte con vistas alucinantes, aunque te quedes a varios peldaños de esas cimas imposibles.

La Bilogía 4ever ha sido un éxito. ¡Estoy tan contenta! La gente la lee, la siente, la vive. Tanto es así que pronto saldrá a la venta una recopilación de ambos libros y tiene una portada tan bonita…




Dylan y Brenda me tuvieron enamorada durante meses, me robaron una pequeña porción del corazón, a pesar de cómo es él, de su forma de comportarse, de su chulería innata. Fueron mis chicos, mis personajes, mis compañeros de viaje mientras escribía y yo siempre aprendo a quererlos.

Y tengo otras propuestas en el cajón, de esas en las que me hace ilusión pensar y valorar porque son un paso más hacia esos peldaños altísimos que, aunque no los alcance, siempre serán una posibilidad porque en la vida nadie sabe qué nos deparará el destino.

Voy a reencontrarme con unos personajes que me dieron muchísimo, seguiré con los actuales y tengo novelas aparcadas que necesitan de mi concentración, sobre todo el tercer volumen de Little Falls. Pero también tengo una cita con vosotros con otra bilogía de la que quizá muy pronto pueda daros noticias frescas…

¡Feliz día! 

Vuelta a la rutina

¡Buenos días! He vuelto a la rutina, a Barcelona, a mis deseos de comerme el mundo, a soñar y a sonreír sin descanso, a valorar lo que he conseguido durante estos últimos años y a ser feliz con mi camino hacia contar historias, ese plagado de instantes, de emociones, de sentimientos.

Quizá no escriba en el blog demasiado a menudo, puede incluso que me haya perdido este verano. Me he pasado seis semanas en mi casa de la montaña, tres de ellas a solas, y ha sido catártico porque me ha ayudado a ver muchas cosas en perspectiva, a aceptar las situaciones de las que no dependo yo y a sonreír sin parar.

A veces hay que perderse para volver a encontrarse. Y eso es lo que he hecho. Leer, escribir, pasear, vibrar y descansar, sobre todo la mente. 

Y me he encontrado en esa persona inquieta que desea vivir aventuras de la mano de otros personajes, tanto inventados por mí como por otros autores, saborear la vida desde otros ángulos sin salir de casa, volar hacia otros mundos.

Porque leer, escribir o ver películas o series es eso. Y me encanta hacerlo.

Hay proyectos literarios en mi vida. Cuando los tenga del todo concretos os los contaré. Pero tras deliberar conmigo misma y leer cincuenta libros en seis semanas, me he dado cuenta de que no hay un patrón en cómo un escritor llega arriba ni en los gustos literarios. A mí me gusta un tipo de libro, los disfruto, los siento y los vivo, y a veces las opiniones no me siguen, aunque otras veces sí lo hacen.

Pero ¿qué sería de la vida sin intentarlo? ¿Sin saborear un poquito la victoria? ¿Sea del tamaño que sea? Así que quizá nunca llegue a culminar el Everest, ni siquiera una montaña de esas de cumbres medianas, pero las pequeñitas también me hacen ilusión. 

Tarde o temprano encontraré un trabajo y me emocionará porque yo soy de esas, no voy a negarlo ni a hacer ver que veo las cosas distintas de cómo son. Me implico al cien por cien, lo doy todo de mí, trabajo duro y siempre motivada, y no sé quedarme a medias.

Es como con el baile. Debería tomármelo con calma, pero bailar es parte de mi ilusión diaria y no la voy a perder por una lesión, así que lucho por seguir en la brecha, por conquistar el mundo y por no darme nunca por vencida.

Pronto saldrá una nueva edición de la #Bilogía4ever, y será un libro con ambos volúmenes. Lo llamaré así, como un hastag, dándole una apariencia de esa parte interactiva de las redes. Y espero que Dy y Bren lleguen a vuestras casas, que les deis una oportunidad, que los queráis tanto como yo. Porque si de algo peco es de eso, de querer a mis personajes. 

Y hay más… Estoy preparando un 2021 lleno de novelas, lleno de ilusiones, lleno de nuevos proyectos. Solo espero que sigáis conmigo ese camino. Como siempre.

¡Feliz día! J

Leer, escribir, sonreír

¡Buenos días! Poco a poco normalizamos nuestras vidas. Ya se puede salir a la calle, las tiendas están abiertas, las terrazas están llenas a rebosar de clientes con deseos de retomar las relaciones sociales, pronto accederemos a los cines, los teatros, las playas… 
Yo sigo aquí. Sin trabajo porque he llegado a mil finales y en todas me han dicho que no, pero sin perder nunca la esperanza porque tengo muchísimo que ofrecer, energía a tope, pilas colmadas de ilusión y deseos absolutos de darlo todo donde el destino me lleve. 
Basta un sí para alcanzar el cielo y poder demostrar mi valía. Y no me voy a rendir porque soy una luchadora. Encontraré mi sitio, lo disfrutaré y seré feliz.
Mientras he establecido una rutina que me llena tanto las horas como la mente.


Leo, escribo, buceo en las webs de empleo, cocino y tomo el sol. 
Treinta y siete libros leídos desde el dieciséis de marzo… ¡Y voy por la mitad del treinta y ocho! Dos novelas terminadas, una empezada y otra en ciernes. Dos publicadas. Y sigo en la brecha, leyendo, escribiendo, dándolo todo.
Hay instantes de debilidad, en los que me pregunto a dónde me conduce mi ansia de leer, escribir, crear… Pero teniendo Nubico, un Macbook y tiempo, ninguna de estas actividades me exprime el monedero y me aporta serenidad, ilusión y felicidad. ¿Qué más se puede pedir?


Disfruto un montón de conocer la vida de los personajes inventados por otros escritores, de sentirme ansiosa por descubrir su devenir, cómo se enamoran, cómo superan los obstáculos, el primer beso, el primer te quiero, su primera vez… Porque eso sí, nunca voy a cambiar de género. Tras intentarlo he descubierto que nada me engancha más que la incertidumbre de unos amantes en ciernes. Y si he de leer de forma compulsiva, sin descanso, un libro tras otro, quiero que sean novelas que me sorban el aire.


Escribir para mí es parecido. Tengo unos personajes en mi mente, un par de ideas de hacia dónde van, de sus caracteres, de su historia de amor. Pero no demasiado. Porque para mí lo mejor del viaje es descubrirlos poco a poco, dejarle a mi mente carta blanca para irme enredando en su historia, para aportar giros que me obliguen a reescribir trocitos mientras avanzo hacia un lugar muy diferente al trazado en un principio.
Es una sensación intensa, imperiosa, vibrante, viva, penetrante… Me llena, me atrapa y me sacude con ideas a media noche o caminando por la calle o comiendo o en una situación inesperada.   
Lo que me engancha de escribir es no conocer el desarrollo de antemano, sentarme frente al Macbook y darles a las teclas para avanzar mientras mi mente me va descubriendo cada instante, cada giro, cada escena. 


A veces no soy capaz de acabar alguna novela porque llego a un galimatías imposible de desenredar. Pero ahí están, empezadas, desarrolladas, a medias… Porque en la vida no todo llega al final y se quedan atrás como proyectos fallidos en los que he dedicado mi ilusión.
Muchas otras la madeja se desenreda con satisfacción por mi parte y perdura en mi interior para acompañarme en el camino de mi vida. Mis chicos, mis canciones, mis fotos de Pinterest, mis portadas y vuestros comentarios son mi bagaje y conforman mi ilusión porque a veces solo necesito cerrar los ojos y recordar a Zack, a Bruno, a Noah, a Swan, a Julia, a Steff, a Sussie, a Margaret o algún otro de mis personajes para pensar en sus vidas ahora y repasar lo que escribí sobre ellos con esa felicidad efímera que todos buscamos.
Porque crear sus vidas me hace feliz.
¡Feliz día!