Rumbo a Malapascua

7:07 Pat Casalà 2 Comments

¡Buenos días! Hoy es el día D, sale a la venta No puedo vivir sin ti y en algún momento del día me voy a quedar si uñas… El final, dejar atrás a Julia y Zack, empezar con nuevos proyectos y asistir a las valoraciones de qué os parece el desenlace… Dejar ir las historias cuesta muchísimo…
Volvamos a Filipinas, a la salida de Banatyan para descubrir nuestro nuevo destino: Malapascua, una isla de arena blanca, aguas turquesas y una calma perfecta para dejar vagar la imaginación.



Nos despertamos con el canto de los gallos, acompañados de los nervios, con emociones encontradas y un deseo inmenso de encontrar la ilusión en el nuevo destino.
Habíamos contratado un bote privado que después de desayunar nos llevó a Malapascua. Fue una travesía de casi tres horas por un mar en calma. Me pasé más de la mitad del tiempo leyendo y la otra admirando el paisaje cuando no estábamos rodeados de agua.


El ruido ensordecedor del motor me dejó un poco aturdida cuando al final alcanzamos la costa de Malapascua. Mis sentidos se llenaron con el maravilloso paisaje mientras caminaba por la arena detrás de los porteadores de las maletas hasta el Evolution resort, un hotel con unas habitaciones cómodas, frescas y agradables donde pasamos cuatro noches.
Tras instalarnos nos decidimos a ir a tomar un baño en las cristalinas aguas del Mar de Bisayas para quitarnos el bochorno antes de pasear por la arena rumbo a conocer a nuestro instructor de buceo.


Irene se encontraba mal, tenía la barriga revuelta y necesitaba pasar un rato en la habitación. Me quedé con ella mientras Àlex y Chiqui decidieron ir a Sea explorers Malapascua a acabar de cerrar los detalles del curso contratado desde Barcelona por internet.
Cuando regresaron mi hija ya se encontraba mejor. Era la hora de comer y resolvimos quedarnos en el restaurante del hotel. Ella se tomó atún a la plancha mientras cada uno de nosotros elegía un plato. No estuvo mal, pero era carito. La verdad es que Malapascua en general es más cara que Bantayan.


A primera hora de la tarde vimos cómo unas nubes amenazantes ocupaban el cielo azul, oscureciéndolo. Decidimos ir andando al centro de buceo para que Irene y yo descubriéramos el paseo y conociéramos a Joan, nuestro futuro instructor.
El centro está muy bien montado, con unos cómodos sofás frente al mar, una barra donde sirven bebidas, un restaurante arriba, y adosado a un complejo hotelero con piscina. Georgina, la pareja de Joan, quien se ocupa de la parte administrativa de los cursos, nos recibió con amabilidad.
Pasamos un rato rellenando los papeles para empezar el Open wáter Padi course al día siguiente y escuchando las indicaciones de Joan.
Cuando empezó a llover nos refugiamos bajo el tejado del centro a la espera de que cesase la tormenta para regresar al hotel a ducharnos.

¡Feliz día! J

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