¡Mis chicas!

7:07 Pat Casalà 2 Comments

      ¡Buenos días! La semana avanza a un ritmo vertiginoso, ya estamos a martes y no me di ni cuenta del paso del lunes. La verdad es que hay trabajo en el despacho y en casa tengo mil cosas que hacer.
     Ayer me plateé varias cosas, por mucho que ahora entienda la vida de otra manera mi cabeza no ha cambiado, sigue con su hiperactividad. Me gusta descubrir matices en las cosas, darles vueltas y verlas desde mil perspectivas distintas. ¡Es parte de la esencia de vivir!
      Cada una de las mujeres protagonistas de mis nueve novelas tiene un pedazo de mi alma. Les he cedido partes de mi vida, instantes, sentimientos, anhelos. Pero siempre hay un matiz distinto, algo que las aleja de mi realidad para internarlas en alguna aventura que experimento con ellas.
     Mi primera compañera fue Laura Lluna, de La Luna de Ónixon. Laura se parece a mí cuando era niña, tiene mi capacidad de ver la vida diferente que los demás y se nutre de mis fantasías de mi infancia, aunque su forma de ser es la más alejada de la mía.
     En todas ellas, en Sandra Pons, en Marta Noguera, en Ángela Harris, en Lilly Clark, en Pam Casas, en Puri y en Paz hay un pequeño matiz que las acerca a mi pasado o a mi presente, pero solo hay una en la que realmente he plasmado casi el cien por cien de mi personalidad.
      De pequeña pensaba que mi vida de escritora empezaría con una novela que se basara en mis experiencias, que usaría las anécdotas diarias para componer un sinfín de historias en el papel. Sin embargo, cuando vencí el miedo a escribir y arrinconé las frustraciones juveniles y me lancé a vivir mi sueño, no fui capaz de darle color a mi pasado, simplemente me centré en mis mundos imaginarios.
      El proceso durante estos once años de escritura ha madurado mi forma de ver la realidad paralela y poco a poco le he cedido trocitos de mi pasado, como si quisiera una simbiosis entre ambos mundos. Y ha funcionado. Cada personaje femenino que construyo aprende de las experiencias vividas por mí y poco a poco me desligo de las cadenas que impedían utilizar partes de mis vivencias para construir una narración.
      Y no, no os voy a decir cuál de ellas se inspira en algo que me pasó, eso es algo que me guardo para mí. Pero sí os diré que escribir acerca de una anécdota que has vivido, darle la vuelta y exprimirla para explotar al máximo la parte imaginativa, ayuda a centrar los sentimientos.
      ¡Feliz día! J


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